“El teatro mexicano actual está en una de sus mejores temporadas, con una atractiva cartelera. Ya no es como antes, cuando nada más se centraba en la ciudad de México; ahora hay muchas oportunidades de ir a la provincia, desde allá también se están gestando los movimientos escénicos, y un ejemplo de ello es Puebla con su gran tradición teatral”.
Así se refirió Ignacio López Tarso (DF, 1925), uno de los más grandes histriones del país, a la situación actual de las artes escénicas en México, previo a su participación en la obra Twelve angry men (12 hombres en pugna), que el fin de semana se presentó en el Teatro Helénico, y que el jueves 24 de julio llegará al Auditorio Siglo XXI de Puebla.
En entrevista con La Jornada de Oriente, el actor de teatro, cine y televisión, que recientemente fue homenajeado por su medio siglo de trayectoria artística, aseveró que el teatro en nuestro país no ha evolucionado. “No hay un cambio muy notable de cuando inicié mis trabajos hasta ahora. Lo siento igual. Sí ha aumentado muchísimo la población en el país y por lógica debió de haber aumentado también la afluencia al teatro, pero desgraciadamente no sucedió”.
“Recuerdo teatros llenos desde mis inicios con Álvaro Custodio, en el Seguro Social. Lo que pasa es que, cuando uno hace buenas obras, con un buen reparto y lo demás está bien cuidado, entonces la gente va”.
No obstante, aseveró que al Estado le corresponde apoyar el teatro que hace pensar, el clásico: “No puede ni debe eludir esa responsabilidad”; al tiempo que consideró importante acercar el arte dramático a los niños desde temprana edad, por su alto potencial formativo.
–¿Qué es para usted el teatro?
–Para mí el teatro es ir más allá de la simple diversión, de que la gente ría y salga contenta. No critico ningún teatro. Yo voy a ver a mis compañeros cómicos, estupendos, a las niñas con poca ropa... ¡eso es muy agradable!, pero sí prefiero hacer algo que haga pensar a la gente.
Relató que sus inicios en el teatro se dieron cuando era seminarista; después se enamoró del trabajo de Xavier Villaurrutia, a quien conoce personalmente; sin embargo, el dramaturgo muere al año siguiente, dejando inconcluso el curso en el que Ignacio tomaba clases. A su relevo entró Salvador Novo, y luego Ignacio López Tarso tomó clases con otros grandes maestros: Clementina Otero, Celestino Gorostiza, André Moreau, y Seki Sano, entre otros.
De la experiencia con Villaurrutia, reveló, “nació mi nombre artístico”. Su nombre verdadero es Ignacio López López, y se puso Tarso, “por un romano de a caballo”, a recomendación del poeta.
–¿Qué sabor de boca le deja la obra 12 hombres en pugna?
–Siempre es muy bueno hacer una buena obra, tener un buen personaje y una buena compañía, eso es ideal para cualquier actor. Desde la primera vez que la hice, hace 40 años, me gustó mucho, porque es muy interesante, muy interactiva. Mi personaje es el centro y motivo de la obra, por ser quien está en contra de los 11 jurados.
–Después de trabajar tantos años con José Solé, uno de los grandes directores del teatro clásico, ¿cómo se siente ahora en esta obra, que surge de una película homónima en los años 50? ¿Fue difícil adaptar la cinta al teatro?
–No, es la misma historia de la película. Y es cierto que esto no es un clásico, pero sí es un clásico moderno. Es la obra no musical que ha tenido más éxito en Broadway y es la obra que más veces se ha presentado en diversos países del mundo, y en todos lados ha tenido gran éxito, no habría por qué no tenerlo en México.
“Hasta ahora, llevamos 58 funciones con 50 llenos totales. Hemos salido a Guadalajara, en un teatro de 2 mil 400 localidades, que es el Teatro Diana; ahí dimos cuatro funciones y también estuvieron repletas. Y en unos días vamos a Puebla. Además ha tenido buena crítica, aunque también hay a quienes no les gusta, pero, sin duda, el aplauso final siempre es muy bueno, la gente se pone de pie incluso”.
–¿Sigue haciendo el personaje de Macario, de B. Traven, en los teatros mexicanos?
–¡Claro!, la sigo haciendo. Algunos días, que son pocos, en los que hay oportunidad de no estar en cartelera hago Macario. Salgo con Juan Ignacio, mi hijo, Gabriela Pérez Negrete y con Guillermo Philips, el guitarrista. Es una de las obras que más me agradan.
Finalmente, el maestro Tarso, quien a sus 83 años sigue teniendo ese temple que se apodera del escenario, y el buen humor y la sencillez que lo caracteriza, como pocos actores en México, refirió que el buen resultado de la obra 12 hombres en pugna “se debe principalmente a Pepe Solé, que ha logrado crear una compañía homogénea, a pesar de que somos muy diferentes todos los actores participantes, en nuestra manera de trabajar y estilos de actuar”.