Los camiones turísticos de todas partes del país llenan las calles de Analco. De ahí, sus ocupantes se dirigen al primer cuadro de la ciudad para admirar la arquitectura, conocer los museos y visitar las exposiciones. A los sonidos habituales del Centro Histórico se añaden voces en inglés, francés, alemán y cientos de variaciones del español. Las personas posan frente a la fotografía monumental del Popocatépetl en erupción y documentan con sus videocámaras el momento que luego será reproducido a miles de kilómetros de aquí.
A unos metros del fuego del volcán y de la ballena que emerge del mar, las carpas amarillas de los maestros del Conalep siguen de pie, al menos unas horas más. Esa mañana, 17 de julio, los paristas anunciaron que abandonarían el zócalo como una muestra de disposición y buena voluntad para dialogar con el gobierno del estado. Mientras eso sucede, las miradas de turistas y locales pasan de la imagen de la tortuga del archipiélago de los Galápagos, en Ecuador, a las mantas que exigen el reconocimiento del sindicato de los maestros y el contrato colectivo de trabajo.
Sebastián es estudiante universitario y vende paletas en el zócalo. Aunque notó el plantón desde su inicio, no conoce la opinión de los inconformes pues “casi no me llama la atención eso”. A la exposición de fotografía le ha hecho más caso pues estudia diseño y eso sí le gusta.
La amiga de Sebastián, Karla, vende globos y también vio cuando las carpas eran colocadas por los profesores. Está un poco más informada. “Platiqué con uno de ellos hace unos días. Me decía que el pueblo va a estallar en algún momento. No han hecho nada: no tiran basura, no molestan a nadie. Pero lo que no me gusta es que, por el simple hecho de que estén plantados, le dan mal aspecto al zócalo. Y más ahorita que llega mucho turista”.
Aunque Zaira y su familia viven en Momoxpan, regularmente visitan el centro de Puebla para asistir a exposiciones y seguir conociendo la historia de la ciudad. Ellos no sabían del plantón pero no lo ven extraño. “Es la característica del país: así como hay fiestas y derroche de dinero y políticos gastando dinero, también hay pobreza e injusticia en cuanto a los sueldos y la inflación. Este plantón es la libre expresión de los maestros”.
Cerca de Zaira, Verstaen, turista belga, toma fotografías de todo lo que ve. Tiene un par de días en el país y ya sabe que los sueldos de los maestros no son suficientes. “Cuando ves estas fotografías piensas que esta ciudad tiene respeto por la educación y la cultura, pero al escuchar la situación de los maestros, todo me parece irreal. Pero es algo que ves en todas partes del mundo”.
En todas partes del mundo, como en España, de donde Antonio es originario. Él y su hijo estuvieron antes en el Distrito Federal, donde también vieron a “todo el mundo manifestándose. Pero esto no me sorprende porque en España pasa exactamente igual. Así que para mí, esto es completamente normal.”
Antonio continúa: “Los profesores tienen que buscar su escaparate. Allá donde les vean. Donde la gente viene a ver otras cosas. Por ejemplo, a ver la exposición de fotografía. En Europa esto pasa todos los días y mientras más bulla puedan hacer, mejor. Me gustó mucho ver en el Distrito Federal a unos que se encueraban para protestar todas las tardes y se ponen a bailar en cueros. Eso tengo que hacerlo en España. Lo que pasa es que allá hace más frío.”