a magnitud del problema de la violencia ejercida sobre las mujeres en Tlaxcala es tan grave que resulta imposible eludirlo, pues existen estudios sobre los graves flagelos que aquejan a las mujeres, como son la violencia familiar y la trata de personas para la explotación sexual en nuestro estado; algunos datos ya publicados por investigadores y organismos civiles de Tlaxcala dan cuenta de situaciones graves y dolorosas que pueden llegar hasta la muerte de las mujeres.
La violencia contra las mujeres en Tlaxcala, así como en México y el mundo entero, es una de las violaciones de los derechos humanos más denigrante y, a la vez, más común en todas las sociedades, además de ser un serio obstáculo para el pleno desarrollo de mujeres y hombres.
La violencia limita la capacidad de las personas que la sufren de desarrollarse plenamente, y es también un problema de seguridad ciudadana al que el Estado y la sociedad no están prestando todavía la atención que se merece, la violencia contra las mujeres es una expresión de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, está basada en la construcción social, cultural e histórica de la supuesta superioridad del género masculino sobre el femenino.
Sin embargo, es preciso reconocer que la posibilidad de visibilizar la violencia contra las mujeres se ve limitada por la debilidad de los sistemas y mecanismos de registro y estadísticas.
Además de las debilidades estadísticas apuntadas, es preciso señalar que otro de los obstáculos para medir la violencia contra las mujeres es que muchas veces las víctimas no denuncian a sus agresores por varias razones, entre las cuales se encuentran el miedo, la dependencia económica, la falta de apoyo familiar, la falta de apoyo institucional y la falta de protección adecuada por parte de las autoridades competentes.
Teniendo en cuenta estas definiciones podemos sostener:
La violencia hacia la mujer es un problema estructural de nuestra organización social o, como explica Naciones Unidas, es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres, que han conducido a la dominación de la mujer por el hombre, la discriminación contra la mujer y a la interposición de obstáculos para su pleno desarrollo
Que hay una tolerancia social hacia la violencia que dificulta su erradicación, y que la consigna “tolerancia cero” significaría que todos y todas nos preguntemos las creencias y valores que hacen que la violencia hacia el sexo femenino se mantenga, que no sigamos culpabilizando a la mujer víctima de este flagelo social y justificando al agresor.
Es de suma importancia y necesario profundizar en el significado de la violencia de género porque sólo desde su entendimiento en toda su complejidad podemos contribuir a su desaparición.
Por lo expresado anteriormente, los poderes públicos no pueden ser ajenos al problema de la violencia de género, que constituye uno de los ataques más flagrantes a derechos fundamentales como la libertad, la igualdad, la vida, la seguridad y la no discriminación proclamados en nuestra Constitución. Por lo que los poderes públicos tienen la obligación de adoptar medidas de acción positiva para hacer reales y efectivos dichos derechos, removiendo los obstáculos que impiden o dificultan su plenitud. Es necesario además que tomen en cuenta las recomendaciones de Organismos Internacionales y las Convenciones Internacionales con rango constitucional.
Ante estos vacíos, en nuestro país hace aproximadamente tres años el programa Hábitat de la Sedesol buscaba articular los objetivos de la política social con los de las políticas de desarrollo territorial y urbano, siendo su objetivo principal contribuir a reducir la pobreza, mejorar la infraestructura y el equipamiento de los asentamientos precarios y transformar a las ciudades y zonas metropolitanas en espacios ordenados, seguros y habitables. Visualizó como una estrategia la instalación de “observatorios” como instancias a cargo de diseñar, construir y mantener sistemas integrados de información e indicadores sobre los niveles y tendencias del fenómeno de la violencia, de sus modalidades y de sus causas y consecuencias en ciudades y zonas metropolitanas seleccionadas.
Así fue como se consolidó la instalación de 11 observatorios de violencia social y de género en diversos estados de la República, los cuales han creando sinergias entre ellos para generar información y crear indicadores que permitan medir los diversos tipos de violencia que viven las mujeres.
En Tlaxcala se visualiza la necesidad de instalar un observatorio de violencia social y de género, como un órgano que recoja, analice y difunda información periódica, homogénea y sistemática relativa a la violencia de género, procedente de las instituciones del Estado con competencias en esta materia y de entidades privadas, que además implemente un sistema de información y registro que permita generar conocimiento acerca de los problemas de violencia social y de género en nuestro estado; pero que además genere el diálogo y articulación con instituciones públicas y sociedad civil, para conocer la realidad y la evolución de las situaciones de violencia contra las mujeres en Tlaxcala, y así coadyuvar a la creación e implementación de políticas públicas y mecanismos de atención que respondan a la problemática de violencia.
*Colectivo Mujer y Utopía A.C.