En un artículo publicado en la sección política de este mismo diario, el pasado jueves 10 de julio, el que esto escribe preguntaba: “¿De veras habrá voluntad política en el Congreso poblano para –más allá de parchar una norma poco eficaz y sumamente cuestionada–, se expida una ley acorde a la Constitución, donde la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción no sean el objetivo, sino el medio para alcanzar una mejor calidad de vida...?”, y vaticinaba que el asunto se antojaba difícil pues todas las señales indicaban que una vez más se impondría en el Congreso la mayoría priista que había mostrado su desdén sobre el particular.
Lo sucedido a lo largo de la semana, confirma mis temores: cambios de agenda en lo acordado, dilaciones, interpretación al mandato constitucional, desde perspectivas literales y, por tanto, limitadas, comunicaciones oficiales triunfalistas y de fondo la consigna de, aceptando algunos puntos “menores”, imponer la propuesta priista.
Así, hemos asistido a la puesta en escena de la discusión sobre la Ley de Transparencia y Acceso a la Información. Sí, puesta en escena, en el play que utilizan los angloparlantes para referirse a la actuación, a lo simulado. En esta actuación–simulación, se les olvida a los legisladores del PRI que más allá de los blindajes y las componendas, y el algo por algo, (no olvidemos la posibilidad de negociar la propuesta priista, a cambio de la salida de Juárez Acevedo de la CAIP), lo que está peligrando es la insipiente democracia que con tanto esfuerzo se ha construido en el país y en el estado. Democracia, no en el concepto griego, ni en el concepto obsoleto e irreal del poder del pueblo en su autogobierno, sino democracia como la transparencia de lo público, que habrá de entenderse como el llamado interés común de la sociedad1.
¿Por qué resulta relevante la transparencia y el acceso a la información pública? Simplemente porque en una sociedad que aspira a construirse como democrática, los ciudadanos tenemos derecho a saber cómo conducen los asuntos que nos interesan a todos, aquellos a quienes hemos confiado su cuidado. En otras palabras porque las acciones del gobierno –en sus tres poderes y en todos sus niveles–, como parte del estado y la información sobre éstas, son un asunto público. Y es que en las democracias modernas, el concepto de lo público tiene una importancia fundamental como elemento indispensable para la construcción de un nuevo pacto social en el estado. Este pacto implica la legitimidad del poder y en consecuencia la recuperación de la confianza en las instituciones. Podemos afirmar que lo público es el espacio donde se fundamenta toda acción legítima.
El esfuerzo de las asociaciones civiles, partidos políticos y de quienes nos empecinamos en la posibilidad de mejorar las condiciones de participación de la sociedad –en los asuntos que le competen–, nos indica que la democratización en el manejo de la información, como de interés público, es elemento fundamental para una nueva democracia. Si existen sustentos jurídicos claros que tutelen la transparencia y el acceso a la información, ésta tendrá valor positivo como de interés público. Por ser de interés público es un bien de los ciudadanos y no simplemente privilegio de unos cuantos, que además se olvidan de su condición de empleados de la sociedad. Estamos reclamando un derecho humano y social por el cual tiene que responder el estado.
Se nos está yendo la oportunidad de demostrar que en Puebla, muy al contrario de lo que se piensan en otras partes del país, somos capaces de establecer preceptos de avanzada, somos capaces de elaborar una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública mucho más completa que la federal donde –insisto–, la transparencia, la rendición de cuentas y el combate a la corrupción, no sean el objetivo sino el medio por alcanzar una mejor calidad de vida.
Se han puesto sobre la mesa esfuerzos, voluntad, razones; ojalá sean escuchadas. De lo contrario la frustración será grande, pero el costo político, el descrédito y sobre todo, la pérdida de legitimidad, serán mayores.
1 Cfr. Camps, Victoria; El malestar en la vida pública; Grijalvo; Barcelona, 1996, P. 180.
rafael.ghernandezgc@gmail.com