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Miércoles, 16 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La vida vale la pena, y cuando eso se expresa en poesía, vale la pena leerla: Dolores Castro

 

Dolores Castro, forjadora de diversas generaciones y reconocida como una de las voces líricas más entrañables de México, durante las Jornadas Internacionales de Poesía Latinoamericanas / Foto: Abraham Paredes
(Yadira Llaven)
Puebla, Pue.

“Voy a seguir escribiendo hasta que el cuerpo aguante, porque la poesía es una forma de bendecir todo, de saber que la vida no se acaba, que si viene la noche habrá un amanecer”, así habló la poeta Dolores Castro (Aguascalientes, 1923), forjadora de diversas generaciones y reconocida como una de las voces líricas más entrañables de México, durante las Jornadas Internacionales de Poesía Latinoamericanas, que hoy miércoles le rendirán un homenaje.

En entrevista, con La Jornada de Oriente, la poeta octogenaria, de hablar lento, que no ha perdido la lucidez ni la alegría, aseguró que en la poesía lo importante es cómo se dicen las cosas. Durante más de medio siglo, dijo, “he tratado de encontrar una voz personal, una verdad, de modo de no decir más de lo que uno siente, ni tampoco tratar de que la imagen propia sea sólo festiva y hermosa. He tratado también de encontrar una verdad en la vida, cierto equilibrio entre lo que es la realidad y el sueño, aunque en la poesía uno anda más en el sueño que en la realidad; no obstante, siempre tiene que existir este puente que es la imaginación, que nos va a permitir rebasar lo que nosotros conocemos e ir un poquito más allá”.

–¿Cómo se logra esto?

–No porque uno sea ni maga ni bruja, sino porque mediante el ejercicio de la imaginación en la poesía si es posible detenerse un instante y saber un poco más del ayer, pero también de lo que va ocurrir más tarde.

A manera de anécdota, relató que hace un par de años, en Querétaro, “me tocó que me presentaran como profetisa, y no lo soy, pero la poesía permite muchas cosas, muchas ventajas, muchas bendiciones”, comentó riendo. 

“Cuando uno escribe poesía penetra más en la realidad para saber lo que es y quién es uno a la vez, porque es algo que ilumina el camino. Es bien cierto que uno al hacer poesía está tomando un espacio y ahí se detiene el tiempo y todo, pero uno en ese espacio conoce mucho más que cualquier otra persona, porque la poesía está basada también en la inteligencia intuitiva, que aprende a moverse en la lectura y en la escritura. Por eso, no hay poeta que pueda escribir sin haber leído”.

“En primer lugar –agregó– uno escribe a partir de este momento en el que vive, pero tiene que tomar en cuenta la tradición de la poesía anterior, porque si no lo que se hace es inventar el hilo negro”, y nuevamente ríe a carcajadas.

–Pero pareciera que en la actualidad es al revés, la gente quiere escribir sin haber leído.

–Esto es muy cierto, yo tengo muchos alumnos de poesía en talleres y les digo: ¡por dios, tienen que leer!, si no leen no se aprende a tener el ritmo indispensable en la poesía contemporánea. Cuando uno quiere escribir poesía de versos libres, no resulta, pues es puro libertinaje. Creen que escribir poesía es dividir una frase en rengloncitos.

Escribir poesía es algo más allá de frases como ¡ay!, que se fue, cómo lo extraño… escribir realmente es haber leído suficiente para estar al día, no escribir como romántico, modernista o vanguardista, sino escribir lo que hoy en América Latina se trata de decir”.

Para Dolores, esto incluye la temática social, de lucha. “Escribir es una expresión de lo que somos, a pesar de lo que dirían ahora en España, donde no interesa la literatura hispanoamericana. No se dan cuenta de que estamos más vivos que los europeos, estamos luchando, sobreviviendo de manera milagrosa, y eso enseña que la vida vale la pena, que luchar por ella es indispensable, y cuando eso se expresa en poesía vale la pena leerla. Hay que tener algo que decir y saber cómo decirlo. Si sólo se fijan en la forma, entonces estarán escribiendo una poesía vacía, pero nosotros, en Hispanoamérica, tenemos mucho que decir”.

“Ahora he viajado mucho por la República, he visto cómo la gente sobrevive en situaciones difíciles e imposibles para comer, no digamos para estudiar y menos para escribir. Por eso admiro muchísimo al México verdadero, que es el país de los campesinos, de los provincianos y de los pobres en las grandes ciudades. Creo que hay mucho que contar en Hispanoamérica”.

–¿Cómo se ubica la poética mexicana en ese nivel?

Hay muchísimos jóvenes que escriben y que leen. Desde mi generación, yo tengo 85 años, lo que he visto es una literatura femenina floreciente y no de tonterías, no de egos, sino de poetas que tienen mucho que decir, como Coral Bracho.

“En mi época éramos como seis: Margarita Michelena, Margarita Paz Paredes, Amparo Dávila, Emma Godoy, Enriqueta Ochoa y Rosario Castellanos. Y en ese tiempo todas decidimos que la poesía no era un adorno para las mujeres, era una vocación que se tenía que cumplir con responsabilidad. Creo que eso fue lo que hicimos, pero mientras tanto hay toda una lucha de liberación femenina: la mujer empieza a trabajar, a ser libre y a escribir”.

–Desde entonces, con Castellanos, Michelena, Ochoa y usted, ha evolucionado la poética femenina…

–En mi tiempo hubo una preocupación por la liberación femenina, de pronto asistíamos a algo como si a las mujeres nos hubieran puesto una mordaza y la quitaran; creo que cuando a uno le quitan la mordaza empieza a decir necedades, como fue el caso de la poesía erótica, que no tenía verdadera creatividad, quedaba horrible, porque muchas se limitaban a hacer una descripción del acto erótico que a quién se le oculta, por eso les decía que era más fácil usar una minifalda: mejor ejecutar que hablar necedades.

“Creo que en ese sentido la literatura femenina va teniendo un nivel más alto y mejor. Ya de las que éramos murió mi amiga Rosario, a Queta Ochoa le acaban de hacer un homenaje, pero se encuentra un poco mal de salud…”.

Por otro lado, la merecedora del Premio Nacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz habló de los magníficos poetas “que ya no se dan en macetas”. Ejemplificó: “Un Carlos Becerra está difícil que vuelva a nacer. Los contemporáneos ya todos murieron, aunque Carlos Pellicer sobrevivió un poco más; escribió poemas preciosos, pero ya quedaron un poco atrás”.

De las revistas de poesía, comentó que son publicaciones escasas. Recordó el buen desempeño del ejemplar Periódicos de poesía y América, también destacó la labor de Alforja.

–¿Qué tan cierto es que la poesía es para un grupo selecto?

–No, no es cierto. La poesía tiene que dirigirse cada vez a un grupo más amplio, aunque no niego que sí es un poco aristocrática en cierto sentido.

“La poesía es esencia para descubrir algo nuevo del mundo, por eso no a toda la gente le cae el veinte. En la poesía hay muchas corrientes: la conversacional, donde las palabras de todos los días son elevadas a la categoría poética; también está la que prioriza la imagen en lugar de palabras exquisitas, que se puede leer y entender absolutamente, por eso no creo que la poesía deba ser secreta; sin embargo, yo sí confío en que la poesía se abra y sea cada vez más transparente, porque cuántos millones somos en Hispanoamérica que no sabemos leer. 

–Partiendo de que seguirá escribiendo hasta que el cuerpo aguante, ¿en qué se encuentra trabajando ahora?

–En unos poemas ligeros dedicados al desierto. Fui a un recorrido por el desierto, para conocer el monoteísmo que ahí nació, el cordero pascual… y en eso estoy.

Hoy miércoles, a las 17:30 horas, el ayuntamiento capitalino le entregará la Cédula Real por su amplia trayectoria internacional, en el Salón de Cabildos. 

 
 
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