Con el rectorado de José Alfredo Miranda López la UPAEP está regresando a un pasado oscuro, en el que se percibe un proyecto en el que se quiere llevar de nueva cuenta a la universidad a ser una institución militante –en este caso en el PAN–, en el que se está desatando una cacería de brujas contra los académicos que no piensan igual que el cuerpo directivo y existe un alineamiento a formas autoritarias. Una muestra de esto último, es que dicho centro de estudios de educación superior está pugnando porque uno de los personajes más reprobables de la sociedad poblana, el ombudsman José Manuel Cándido Flores Mendoza, sea reelecto.
Una muestra clara del autoritarismo que priva en la UPAEP con el mandato de Miranda López es lo que pasó con la académica Margarita Argüelles, quien recientemente fue rescindida, pese a que no hace mucho alcanzó el grado de doctorado y como profesora formó una larga lista de generaciones –entre ellas la de este tecleador, que escribe indignado estas líneas–, además de ser una de las docentes más destacadas de las área de Ciencias Políticas y Ciencias de la Comunicación.
A Margarita Argüelles no le pudieron argumentar una razón de peso y bien sustentada para pedir su salida de la institución.
Se especula, que el verdadero trasfondo, es que participó en algunas actividades del PAN y a favor de la corriente de Jenaro Ramírez, un panista incomodo para la actual cúpula del albiazul. Y eso fue suficiente para despedirla, pese a que ese activismo lo realizó fuera de la universidad, como parte de su vida privada que nadie tendría que estar escrutando.
Actualmente las universidades serias, importantes, grandes, no las “patito”, están ávidas de tener profesores con grado de doctorado, porque ello les representa tener mejores certificaciones, obtener fondos del gobierno federal y mejorar sus áreas de investigación. ¿Entonces no resulta absurdo, poco comprensible, que una universidad corra a una doctora por sus actividades políticas fuera de la institución? Claro que si y es un ejemplo de la obtusa conducción que está haciendo Miranda López de la UPAEP.
Esta universidad había logrado una prolongada etapa de tolerancia, apertura, superación académica y crecimiento con los rectores Mario Iglesias García Teruel y Javier Cabanas Gancedo. Sobre todo con el segundo de ellos, quien consiguió despolitizar a la institución y permitir el pensamiento crítico; ser un hombre cercano a alumnos y maestros, además de ser quien modernizó a la UPAEP.
Con Miranda todo eso se está perdiendo de manera acelerada, por su identificación a los sectores más oscuros de la derecha poblana. Eso lo lleva a ser un funcionario alejado del alumnado y del profesorado, a tener un constante enfrentamiento con el vicerrector académico de la universidad.
Se dice que desde hace varias semanas se ha desatado una serie de recorte de personal “hormiga”, sobre todo de aquellos trabajadores incómodos para la rectoría, que cuando cobre una mayor magnitud podría generar una crisis similar a la que recientemente sufrió la UDLA con Pedro Ángel Palou, quien dio amplia muestras de mediocridad e intolerancia en su carácter de rector.
Otro ejemplo que muestra el pensamiento autoritario de Miranda, es que cuando las principales organizaciones de derechos humanos han repudiado al ombudsman José Manuel Cándido Flores Mendoza y ha sido tachado como el personaje más desprestigiado de Puebla, además de que en el Poder Ejecutivo le retiraron su apoyo para seguir siendo el presidente de la Comisión de Derechos Humanos, el rector de la UPAEP hizo lo siguiente:
Mandó una carta al Congreso pidiendo su reelección –ver carta– y todavía se atreve a calificarlo como un hombre de “demostrada probidad y amplia solvencia moral”.
A ese ritmo, en breve la UPAEP le va a dar el doctorado honoris causa a George Bush o le va a poner Gustavo Díaz Ordaz a la explanada de su campus.