Yassir Zárate Méndez ha tenido la fortuna de vivir de lo que escribe desde que egresó de la licenciatura en Letras Hispanoamericanas de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Desde hace 10 años, Zárate ha estado ligado, de una u otra manera, a la escritura y a la promoción de la cultura. Como profesor de lingüística e historia, como miembro del equipo editorial de la revista Complot, o como reportero de cultura y columnista en diversas publicaciones en Tlaxcala, como La Jornada de Oriente.
El pasado 10 de julio, el escritor tlaxcalteca fue anunciado como ganador del Premio Nacional de Cuento Joven “Alejandro Meneses”. En entrevista para este medio, Zárate dijo que la mesura debe imponerse a la satisfacción en estos casos. “Agradezco infinitamente que hayan reconocido mi obra y que se me haya otorgado el premio. Pero también, insisto, no hay que pecar de orgullo”.
Como articulista, reconoce que sus textos mejor trabajados son los que abordan temáticas artísticas. Sin embargo, no deja de ejercer su libertad para tocar temas de política. Sobre todo a partir de 2004, cuando cursó estudios de posgrado en Literatura y poder en la Universidad Carlos III de Madrid, España.
Durante la lectura inaugural de ese curso, recordó, el escritor portugués José Saramago planteó que “la democracia, como la entendemos en los países occidentales, así como está, no funciona. Porque es una democracia que depende del dinero. Y una democracia así pervierte sus principios, porque no obedece al pueblo, sino a una oligarquía. A un grupo de plutócratas que tienen el poder financiero suficiente para imponer a las personas”.
“Creo que es necesario participar y aportar reflexiones a lo que está sucediendo en la sociedad”, dice Zárate, y en ese sentido, los políticos en México son un blanco muy fácil de atacar: “Dicen tantos dislates, comenten tantos errores, tantas pifias, que se vuelven, literalmente, carne de cañón para que la gente opine. Eso facilita escribir sobre ellos”.
Ganador del Premio Nacional de Cuento “Efraín Huerta”, en el año 2000, y del Premio Estatal de Poesía “Dolores Castro” en Tlaxcala, en 2004, Zárate consideró que la educación artística no debería estar relegada en los planes de estudios oficiales, como lo está actualmente. Es tan necesario enseñar a los niños a escribir un poema, leer música y apreciar una pintura, como conocer el teorema de Pitágoras, la matemática euclidiana o la física de Newton, dijo.
Indicó también que uno de los mayores obstáculos para sacar adelante una reforma estructural de la educación en México es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). “El SNTE es una lacra. El mayor sindicato de Latinoamérica y la mayor mafia sindical latinoamericana. Lo he dicho muchas veces en mi columna: el sistema educativo de México está en la ruina por ese sindicato, y mientras no haya una mejor educación no va a haber un mayor progreso para este país”.
Pero otro problema que identificó fue la relación entre las élites intelectuales del país y el resto de la población. “Desafortunadamente, (la cultura) se está convirtiendo en un asunto de élites; de artistas, de intelectuales, que muchas veces pierden el contacto con la masa. Y al sistema tampoco le interesa mucho que los artistas y los intelectuales se pongan en contacto con la masa. A veces lo que se propicia es una repulsa mutua: la masa no quiere ni le interesan los intelectuales y a los intelectuales no le interesa y odian a la masa.”
El tiempo
Al hablar de su labor literaria, el escritor hizo énfasis en que, a pesar de mostrar una preocupación social o política en ciertos textos, ésta destaca por la triada de temas que aborda: el tiempo, el poder y el mal. La relación entre los personajes matizados con estos elementos. Sin embargo, de los tres, pareciera que el tiempo es la constante más importante en su obra.
Desde que tiene uso de razón, Zárate ha tenido una obsesión con la simultaneidad. “En este momento, ¿qué está haciendo mi hija? ¿Qué es lo que está haciendo la gente que conozco cuando no la veo? Entonces, mis historias tratan de resolver esa angustia”.
Pero el tiempo, para Zárate, no sólo se refiere a la simultaneidad; o a su dificultad para construir textos lineales; o al desplazamiento propio que tienen sus personajes a lo largo de la historia.
El tiempo se ve en su gusto por la música. En esa búsqueda de ritmo a través de géneros fundamentales como el rock. O en la inspiración que encuentra en la música electrónica para crear historias hiperquinéticas.
El tiempo es también el vínculo de sus textos con sus autores favoritos, sus santos patronos: James Joyce y Juan Rulfo. Autores que dislocan el tiempo en su obra como él mismo lo intenta.
Hola, buenos días, hoy no quiero cereal (¡Pop!)
Zárate define su literatura como pop en el sentido en que entendió ese tipo de arte a mediados del siglo XX. Un arte al mismo tiempo irreverente y juguetón. Que propone una obra estética “ni tan llena de manierismos y exageraciones, pero tampoco tan hierática y seria”.
Hola, buenos días, hoy no quiero cereal (¡Pop!) es el libro con el que ganó el premio “Alejandro Meneses” y cuyos cuentos escribió de 2003 a 2008. De él, su autor destaca el título Nasty sex (Los fantasmas tienen sueño), una historia de “sexo sucio, melancolía y tristeza” escrita en 2003 que habla de una noche del 11 de septiembre de 2010, en un México gobernado por López Obrador.
El nombre del texto está inspirado en la canción del mismo título del grupo de rock mexicano La revolución de Emiliano Zapata, que está incluido en el soundtrack de la película de Alfonso Cuarón Y tu mamá también.