La enfermedad exógena proviene del medio externo a partir de agentes causales; innovó el concepto de salud a fines del siglo XIX e inicios del XX, pero no pudo soslayar el que ancestralmente tenían las culturas de Mesopotamia, China, India o Egipto; ellas manejaban la idea de enfermedad de transmisión o infecciosa expresada en la influenza, lepra o viruela, que les causaban estragos; su presencia obligaba a poner en práctica medidas preventivas como aplicar el pus de enfermos con cuadros leves de viruela para evitar casos graves. Era variolización, llevada a Inglaterra apenas en 1717.
En 1796 Edward Jenner, sin conocer al virus causal de la viruela, tras observar por 17 años que sus pacientes ordeñadoras que padecían “orf”, una viruela de las manos, secundaria a viruela de las ubres de vacas, no padecían la enfermedad humana, aplicó el principio causa–efecto un 14 de mayo de 1796 e inoculó con linfa de vacas y después de viruela humana para dar inmunidad permanente, pero la vacuna fue olvidada por ser él un médico de pueblo con poca influencia en el ámbito científico.
En 1861 Louis Pasteur observó que microorganismos eran la causa de los procesos de fermentación. Dedujo que la enfermedad debía ser secundaria a fenómenos fermentativos de seres microscópicos activos que modifican la materia. Nació así la bacteriología, ciencia que identificó microorganismos causando enfermedad presentes en el aire, suelo, agua y alimentos, a los que usan de transporte; así nacieron los antibióticos, que enfrentaron las epidemias. La salud colectiva combatiendo la enfermedad de transmisión. Con vacunas se originó el control sanitario. En 1873 Amauer Hansen descubrió que la lepra la causa el bacilo Mycobacteruium leprae; en el mismo año, Otto Hugo Franz Obermeier vio la bacteria que causaba fiebres recurrentes: Borrelia recurrentis; en 1876 Robert Koch descubrió a la bacteria causante de ántrax, a la que llamó Bacillus antrhacis; en 1879 Albert Ludwig Sigmund Niesser descubrió la Neisseria gonorrhoeae; en 1880 Carl Joseph Eberth descubió la Salmonella typhi, causa de fiebre tifoidea; en 1880 Charles Louis Alphonse Laveran descubre Plasmodium malariae, agente causal de paludismo o malaria. En 1883 Robert Koch identificó la bacteria que causa el cólera: Vibrio cholerae.
Así se destapó la incógnita causal de enfermedades difundidas por el medio ambiente, evolucionó la medicina alópata causalista de nuestro tiempo. Quedó atrás, olvidado, que los pueblos antiguos trataban las enfermedades con agua, calor, vegetales, minerales, buscando equilibrio tisular en la salud endógena. La enfermedad causada por factores de herencia, por la disfunción metabólica: diabetes, colesterol, trombos, cáncer, que hoy resurge, poniendo en jaque a la medicina alópata, que no encuentra su causa, y por tanto no hay ni alivio ni control, no sabe poner a flote la terapia energética olvidada: acupuntura, aromaterapia, ayurvedaterapia, cromoterapia danzoterapia, dietetoterapia, drenaje linfático, fitoterapia, floroterapia, geoterapia, hidroterapia, homeopatía, iridioterápia, masaje, meditación, orto–moléculo–terapia, oligoterapia, osteopatoterapia, quiropraxia, reflexoterapia, reiki, shiatsu, tai–chi, yoga y muchas más, procedimientos curativos unificados en el concepto de “medicina alternativa”, tan antiguos como el hombre, rebelados en escritos mesopotámicos, egipcios o chinos de más de 2 mil a.C., que expresan el uso de acupuntura en el valle del río Amarillo, su paso a Corea como Shiatsu, moxibustión, apenas difundidos a occidente en principios del siglo XX y aceptado su uso por la OMS en 1979. Procedimientos que ven al humano como un microcosmos regido por el macrocosmos universal, dentro de un componente energético; el uso de aromas curativos ayurvédicos; el uso egipcio de esencias y aceites en la cura. Moisés, sacerdote supremo del pueblo hebreo, preparando bálsamos para ungir mirra, cálamo, canela o casia; al naciente dios cristiano obsequiado con incienso y mirra; chinos y egipcios usando ondas cromáticas para que sus vibraciones ordenen la estructura orgánica; la medicina usando dietas benéficas a la salud.
Un mundo terapéutico sin reconocimiento científico, dentro del proceso común de la vida y que sólo asociamos a la charlatanería. La medicina actual sitúa los procedimientos terapéuticos tradicionales como realidad especulativa; no advierte que los físicos han mostrado una realidad percibida ha tiempo, desde que en 1905 Albert Einstein señaló el movimiento brownniano de partículas en suspensión dentro de un líquido en reposo, confirmando la estructura molecular de la materia; le valió el Premio Nobel reconocer el efecto fotoeléctrico de la naturaleza granular de la luz, una energía dependiente de la frecuencia; explicó lo que parece actualizar las medidas médicas tradicionales cuando afirmó que la electrodinámica de los cuerpos es movimiento constante; expuso la fórmula de la variación de la masa en reposo en relación a la velocidad de la luz en vacío; dictó la teoría de la relatividad con la clásica fórmula E=mc2, que muestra la percepción de lo que no podemos visualizar en el sentido de la dinámica universal; los átomos en la materia son el 99.9999 por ciento de espacio vacío, contienen escasas partículas subatómicas en movimiento fugaz, son la estructura básica del cuerpo humano, vacío, lleno de energía vibrante, no al azar; su información tiene finalidad determinada; no somos, al igual que el universo mismo, materia; somos energía regulada por ondas electromagnéticas, cuya función biofísica es materia cuántica, donde procesos bioquímicos permiten la función corporal precedidos de vibraciones de partículas subatómicas que dictan la conducta fisiológica. Esta es la medicina del futuro que se asentará en este siglo XXI.