La familia mestiza está feliz, se ha vestido con sus mejores galas porque recibe la visita de la candidata al gobierno del estado. Corre el año 2010 y la senadora Minerva Hernández anda en busca del voto de la ciudadanía. Ella, que tanto se ha distinguido en la elaboración de un nuevo pensamiento de izquierda y ha realizado grandes propuestas, ahora quiere gobernar Tlaxcala.
Con esta mujer realmente podremos hacer grandes cambios en la entidad, dice la Sábila que lleva un modelito color amarillo que le llega por arriba de las rodillas y que fue una herencia recibida después de 2006 en que esa mujer estuvo y se mantuvo coherente con el liderazgo popular de un tal López que no estuvo a la altura, en el nivel, de una izquierda moderna.
El misógino del Margarito Pérez de Zacatelco está vestido con uno de los uniformes negro y blanco con que se quedó cuando tuvo la oportunidad de trabajar en el Sepuede como empleado temporal en la Casa de Gobierno. Recuerda a la clase política y dice que es la misma que entra y sale de la Casa de Gobierno. Antes saludaba con la izquierda, ahora lo hace con la derecha.
El Tránsito de Atligüecha está de traje. Hoy se viste elegantemente porque tiene la fortuna de que unos candidatos a diputados locales que no llegaron le dejaron al sastre los encargos, por lo que tuvo que rematarlos para recuperar la inversión. Le queda un poco apretado, pero eso no demerita el gusto que le da sentirse elegante para recibir a una mujer que ha dejado huella en las luchas sociales de Tlaxcala. Minerva Hernández es una mujer comprometida con el movimiento popular.
El Jicoténcal viste camisa y pantalón nuevo, de esos que se venden en Chiautempan como saldos. Él es un poco escéptico porque hasta ahora ninguno de los cuatro integrantes de la familia mestiza ha podido recordar un movimiento social, una lucha popular, una defensa de derechos humanos que haya encabezado la candidata al gobierno del estado.
La Sábila dice que desde que vio por primera vez en los periódicos a la señora Minerva Hernández, ella estaba al lado de Alfonso Sánchez Anaya, un hombre que se hizo en la lucha popular junto con los campesinos de su rancho. Atrás de ellos se distinguía el emblema de su partido: PRI. Él era uno de los sobrinos favoritos del gobernador Sánchez Piedras.
Por cierto –lo corta el Jicoténcal– ese fue uno de los gobiernos que inauguraró el nepotismo. Toda la familia, sobre todo los sobrinos, estaba en las nóminas del gobierno estatal; en el Tribunal estaba Corona Sánchez; en Finanzas, Sánchez Anaya; en Desarrollo Económico, Sánchez Domínguez; en Desarrollo Urbano, Eduardo Villarello; en la Universidad, Contreras Santiago. En ese entonces no había un perredé de mayor nivel, de mayor altura que hiciera la denuncia como ahora.
La Sábila le sorraja un trompón en el océano y le dice que se calle que eso no es de hombres, “animal amaestrado” como dice de los hombres la senadora del barrio. Le demanda dejar de enjuiciar a quien en ese entonces era una niña de apenas 8 o 10 años. En cambio, cuando ya mayor de edad, todos recuerdan su paso por la Secretaría de Salud. Fue la única que peleó por los trabajadores, desde la administración, para concederles mejores condiciones de trabajo. Todos los de Sesa la recuerdan con cariño porque codo a codo siempre fueron más que dos.
El Tránsito afirma que cuando ella luchó al lado de Sánchez Anaya en contra de todos los sátrapas que no los dejaban llegar al poder. Ella sufrió mucho. Por ejemplo, le querían quitar su plaza de salubridad y era muy duro estar en la campaña y cubrir el horario. Si no hubiera sido por el Chava Sesín no hubiera llegado, después, a la Secretaría de Finanzas del gobierno estatal.
Los presidentes municipales de ese tiempo –asegura el Margarito– recuerdan que la senadora provocó una profunda transformación en el ámbito de las finanzas públicas. Tlaxcala se convierte en la entidad ejemplo de descentralización, en lugar de dejar el dinero en manos del gobernador para que éste repartiera, la lana se trasladaba, de manera directa, a las manos de los presidentes municipales del estado.
La Sábila cuenta que cuando la senadora estuvo en Finanzas se dio la mayor democratización, no sólo del dinero sino en la definición de las prioridades y de las asignaciones de los dineros, pues se incorpora un comité ciudadano para supervisar el trabajo gubernamental. La Secretaría de Finanzas fue la primera en crear un portal para transparentar el ejercicio de los dineros. ¡No necesitó de una Ley de Transparencia para hacerlo!
El Jicoténcal dice que por eso es fácil observar como los funcionarios públicos hicieron gala de la austeridad republicana y vivieron únicamente de su salario. Las casas que se construyeron, los negocios que tienen los ex funcionarios perredistas o sanchezanayistas están a la vista, porque el pueblo tiene –hasta la fecha– acceso a todos los ingresos y egresos. Si ella no hubiera estado, no tuviéramos elementos para comparar con el centralismo que se vive ahora.
No puede continuar el reconocimiento de las virtudes que tiene la candidata porque en ese momento hace su arribo al cantón de la familia mestiza. Ella les entrega unos presentes, como esos que acostumbraban dar los candidatos del PRI y que gracias a la altura y el nivel alcanzado por la izquierda, ahora no sirven como medios de cooptación sino de agradecimiento. Los cuatro integrantes de la familia mestiza se paran y la reciben, ella es todas sonrisas. Les agradece y explica el motivo de la visita.
La senadora viste de manera sencilla: unos shorcitos blancos con una playera verde, como si estuviera en ese concurso de ¿Cuánto quieres perder? Ella dice que no quiere ser como los perredistas del Distrito Federal que han hecho todo aquello que la derecha no pudo hacer porque se oponía el PRD, en cambio ahora que el PRD es gobierno ha hecho todo lo que la derecha quería hacer, por ejemplo, eso de privatizar los espacios públicos, ya es un hecho. Construir dobles pisos para que quepan más automóviles para no mejorar el transporte público, ya es una realidad.
Senadora, le pregunta el Tránsito, ¿por qué quiere ser gobernadora?
Ella le explica: me he preparado, con el conocimiento que da la base para aspirar a la gubernatura. Me he ganado la confianza de la gente porque he sido congruente entre lo que digo y lo que hago. Quiero una Tlaxcala segura, moderna.
El Margarito le expresa: usted se inicia a la sombra del PRI, partido que no tenía registro de militantes, por lo tanto no pudo usted ser miembro, pero si el PRI le ofreciera ser candidata: ¿por qué querría ser gobernadora?
Ella responde: me he preparado, con el conocimiento que da la base para aspirar a la gubernatura. Me he ganado la confianza de la gente porque he sido congruente entre lo que digo y lo que hago. Quiero una Tlaxcala segura, moderna.
El Jicoténcal le comenta: si el PAN, con una política de género la quisiera a usted de candidata para luchar en contra de todos los misóginos, ¿por qué quisiera ser gobernadora?
Ella contesta: me he preparado, con el conocimiento que da la base para aspirar a la gubernatura. Me he ganado la confianza de la gente porque he sido congruente entre lo que digo y lo que hago. Quiero una Tlaxcala segura, moderna.
Ante tal claridad política e ideológica de la senadora, la familia mestiza comprende que lo importante es ser candidata, lo que menos importa es el proyecto o el partido.