La carpa colocada detrás del Monchis, en San Andrés Cholula, está a la espera. El escenario, listo. La banda, que llega poco a poco y en pequeños grupos, se acomoda en el piso o se echa una chela bien fría mientras el DJ en turno regala soul, funk, reggae y dub, mezclados al más puro estilo de la vieja escuela del hip hop.
Muchos nunca escucharon del profesor hasta unos días u horas antes. Solamente sabían que venía de Londres. Una visita a su myspace y un par de videos en youtube bastaron para convencerlos. Otros lo colocan en su personalísimo top ten musical y no se hubieran perdonado faltar a su primera tocada en Puebla. De ahí, la gira continuará por plazas de una vibra muy similar a la de Cholula, como Amatlán, Morelos; San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Playa del Carmen, y también Quintana Roo.
A la 1 de la mañana, el profesor se coloca frente a su mesa de experimentos. “¿Cómo están?”, saluda Mad Professor con voz distorsionada, electrónica. “Primero tiempo en Cholula. We are gonna dub you crazy! ¡Loco, loco!” Los impulsos musicales empiezan a fluir. Un sonido por aquí. Un efecto por allá. Botones y perillas en giro constante. Ritmos que progresivamente llenan la noche.
Rewind; el sonido inconfundible de una cinta en reversa.
Verde, amarillo, rojo y negro. Los colores rastafaris en conviviendo con la diversidad de la audiencia. Desde una playera, la guadalupana observa los colores de Jamaica estampados en la ropa del chico que platica con el hombre de traje gris Oxford. El tronco de la chica con el bolso Louis Vuitton, casi en contra de su voluntad, se mueve discretamente al ritmo del grupo telonero. Los estudiantes de intercambio franceses piden fuego a los compas de lóbulos, cejas, narices y labios perforados por igual.
El profesor suelta la pista de nuevo
La banda estremece su cuerpo. Levanta brazos y piernas. Cierra los ojos y se pierde entre las luces estroboscópicas. Neil Fraser, Mad Professor, el experimentador de la consola, presenta a MC Roy, su maestro de ceremonias traído del Distrito Federal. “¡Quiero oír un poco de ruido para el profesor!”, grita Roy al respetable.
“Ustedes hablan español. Yo inglés. Pero no importa. Tenemos la música, el dub, para comunicarnos”. Y luego los discos compactos que vuelan hasta el público y la primera invitación. “Quien quiera una gorra, debe subir al escenario a cantar”. Dos segundos después, un valiente se planta junto al profesor, quien toca en su consola la base melódica para que la voz del joven se proyecte a través del micrófono. Éste sólo recibe un poco de tarara y tururú. Entonces Fito, sin playera y con la cabeza rasurada, sube a la tarima y se apodera del micro en mitad del viaje eufórico del público.
Pausa. Y la música regresa
“Con cada trago de tequila me pongo más loco”, dice el científico y deja el vaso junto a su mesa de mezclas. “¿Más? ¿O ya se quieren ir a casa?”
“Muchas gracias, Cholula. ¡Adiós!”. El profesor baja del escenario. La rechifla sobreviene, pero sólo por unos segundos. La banda recibe de nuevo al artista y éste pide ahora la presencia de una dama. Paulina canta. El profesor agradece el esfuerzo con un disco e invita a dos espontáneos más.
Otra vez, Fito hace gala de su arrojo y acompaña las repeticiones melódicas del profesor con su voz aguardientosa mientras el público ovaciona al responsable de hacerlos bailar por más de dos horas