“No hay palabras para definir lo que siento, pero lo que trato de comunicar lleva mi más profunda gratitud, que se plasma a través de lo que pude hacer de manera continua a pluma a color, a tinta, en mi desempeño como promotor cultural”, así se expresó el poeta Gilberto Castellanos (Ajalpan, 1945), visiblemente conmovido en el homenaje que le rindieron, el pasado viernes, alumnos y catedráticos universitarios. Ahí, en el repleto Paraninfo, donde se dieron cita amigos, familiares, académicos, funcionarios y lectores, el director de la Casa del Escritor de Puebla, Roberto Martínez Garcilazo, propuso a la UAP que otorgue el doctorado Honoris Causa a Castellanos, “uno de los poetas poblanos vivos con mayor calidad literaria, que está a la altura de Germán List, de Manuel M. Ponce; es nuestro clásico moderno, nuestro contemporáneo”.
La propuesta fue bien acogida por Jorge Daniel Alcántara, director de Difusión Cultural de la universidad, quien señaló que la obra del poeta ha sido prolífica, destacada y con importantes aportaciones al arte y la cultura local. En el mismo sentido se pronunció Rafael Torres Rocha, director del Programa de Estudios Universitario Comparados, quien fue promotor del homenaje, así como autoridades de la Secretaría de Cultura y la SEP en el estado.
Ocho libros publicados, 23 años como representante y promotor de la cultura, 25 como docente y 34 en el medio de la radio avalan la trayectoria del maestro Castellanos, quien no sólo ha sido poeta, sino también pintor, dibujante y promotor cultural. Entre 1970 y 1994 fungió como director fundador de Casa de la Cultura en un muy importante momento para las artes plásticas y artes visuales, principalmente de la corriente abstracta y surrealista en Puebla.
La tranquilidad con que emite las vocales, la descripción que emplea para nombrar a las cosas más comunes y el deleite de estar en contacto con todo lo que le rodea hacen de cada frase escrita por Gilberto Castellanos una poesía. Así, con palabras pausadas, calificó como una sensación indescriptible la distinción universitaria; agradeció a las autoridades académicas, pero sobre todo a los lectores que han visto en su poesía la encarnación de sí mismo, convirtiéndola en un reflejo múltiple del poeta, de otras vidas y otros mundos.
Comprometido con el lenguaje, el poeta de 63 años de edad dijo que hasta ahora “estoy cumpliendo con la publicación de Cómo podar la luz, que reúne mis siete primeros poemarios, que llegarán a 276 bibliotecas del estado”. De esta experiencia, pocas veces vista por los autores, comentó: “Ojalá que los escritores jóvenes y de trayectoria no dejen de escribir para que puedan ver reunida su obra; también espero que otro normalista asuma responsabilidades que le permitan, como a mí llegar a otros lugares”.
Pero su principal anhelo, reveló, “es que tengamos el mayor número de lectores, de nuestra poesía principalmente, para que tengan ese maravilloso instrumento de desarrollo social y de engrandecimiento del hombre; eso es lo que realmente deseo, y es lo que me ha hecho contraer ese compromiso social de escribir lo mejor que pueda, de promover lo mejor que pueda y de dibujar lo mejor que pueda. Ahora el destino me ha puesto del otro lado de la vida: soy otro, el mismo, y seguiré luchando con estas circunstancias para hacer las cosas lo mejor que pueda nuevamente...”
Posteriormente al reconocimiento, se entrevistó al poeta con la finalidad de que hablara de su poema más importante; sin embargo, comentó que para él toda su obra merece atención, desde el proceso de realización.
“No creo tener respuesta, no creo que ningún autor la tenga. Estoy enfermo por esa dedicación inevitable a la que te sumerge el lenguaje y cuando terminas y tienes un libro, no sabes a cuál amar más sabiendo todo lo que significó para ti y los años de realización”.
–¿En qué está trabajando? –se le preguntó.
–No he dejado de trabajar, pese con mi estado de salud, no ha sido fácil. Tengo ya el noveno libro dispuesto para ser entregado a la imprenta, con la posibilidad de ser editado por la SEP, el BINE y la UAP, pero hay que dejar pasar un tiempo. Savia tomó seis meses para que encontrara su camino. Y para no abrumar al lector, Cómo podar la luz ya empezó a caminar. Ahora, deseo seguir teniendo fortaleza para verlo publicado.
De su reciente libro, que “ya está en la recta final”, adelantó, “está dedicado a la casa, a las cosas comunes, a los hijos y a la familia”.
Finalmente, de la posibilidad de escribir una novela dijo: “Es un proyecto que todos los autores tienen en la cabeza; el novelista quiere enfrentarse a la poesía y no puede porque a veces se avergüenza de traicionar su posición. El poeta siempre tiene en la mente estructuras de narración que no entran en el poema y que son una potencialidad de escritura que algún día podrían llegar a cristalizar en un redacto debidamente estructurado y desarrollado. No desecho la idea de realizar uno o varios... resultaría una aventura”.