Ayer estuvo en Puebla el director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Juan Carlos Romero Hicks, quien, al ser interrogado sobre el problema de la fuga de cerebros en México, ofreció una serie de respuestas inverosímiles. De lo que poco que pudo hablar con claridad dijo que este problema ya es “muy poquito”, pues regresa al país el 95 por ciento de los estudiantes mexicanos que obtiene una beca para ir al extranjero a cursar pogrados.
Ante estas respuestas es fundamental preguntarse: ¿sabía Romero Hicks de qué estaba hablando? Todo hace suponer que no. Lo grave no son las malas contestaciones en una entrevista periodística, sino que sus palabras reflejan cómo la actual administración del gobierno federal carece de conocimiento y de alternativas para muchos de los problemas fundamentales de la educación en México.
Resulta sorprendente que quien también fuera gobernador de Guanajuato soslaye el tema, cuando datos oficiales del mismo Conacyt señalan que México por lo menos ha perdido 2 mil 100 científicos a lo largo de varios años como consecuencia de que no encuentran en el país condiciones de desarrollo profesional.
Otros datos indican que mientras en México por cada 10 mil habitantes se tiene un trabajador en el área de las ciencias, en Alemania esa proporción es de 20, en Japón de 36, en Israel de 40 y en Estados Unidos de 42.
Ello es consecuencia de que en México la inversión pública en educación y en desarrollo tecnológico está por debajo de los niveles que requiere el país, no solamente para retener a sus estudiantes de ciencias, sino para generar mejores condiciones de vida; sin embargo, para el actual gobierno este tema no es prioridad.