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Jueves, 10 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 ARISTAS DE LA CIUDAD  

Juárez en los espacios educativos

 

El monumento a Juárez es repetitivo y sin originalidad, fuera de todo contexto esté-tico en tiempo, forma y contenido
Elvia Sánchez de la Barquera

D

esde su fundación, de la Universidad Autónoma de Puebla los recintos y espacios abiertos se han visto invadidos de representaciones de próceres a lo largo y ancho: en el Carolino, en Ciudad Universitaria y en la preparatoria Benito Juárez.

En Puebla, han sido las universidades privadas las primeras en incluir en sus espacios escultura libre de patrones cívicos, lo cual ha significado un lugar para la difusión de nuevas estéticas. La intervención de artistas ha sido muy variada, lo que propone un panorama muy diferente al que hay en el resto de la ciudad. La escultura conmemorativa está integrada básicamente por elementos simbólicos y significantes de identidad, generalmente de remembranza histórica, por lo que posee poder de comunicación y de integración social. Para Rosalind Krauss, la escultura está irremediablemente ligada al monumento:

“La lógica de la escultura es inseparable, en principio, de la lógica del monumento. En virtud de esta lógica, una escultura es una representación conmemorativa. Se asienta en un lugar específico y habla en una lengua simbólica sobre el significado o el uso de dicho lugar”.

Los cánones idiomáticos de un solo tipo del quehacer escultórico ejercen una constante y monótona influencia en la sociedad, manteniendo al consumidor en cierta estructura informacional, en tanto los significados, por las imágenes de la realidad visible y reconocible, fácilmente identificable. De ahí el carácter publicitario del monumento, estableciéndose una competencia de protagonismo entre la gestoría y la representación pétrea.

El monumento a Juárez en la Preparatoria que lleva su nombre está hecho con la misma intencionalidad. Un colosal monumento tallado en sillares de piedra de cantera, en donde el protagonista mantiene su mano derecha en alto con combinación con el pico del águila, conjuntándose plumaje y personaje. Al centro, una garra del ave sostiene a la serpiente de fauces abiertas, cuyo cuerpo desciende en escuadras y a cuyos costados se ha representado a diferentes héroes de nuestra historia nacional. Los rostros son de mala factura; de hecho, Juárez fue el único hecho a conciencia en proporciones y expresividad, mientras que el resto de los personajes muestra una talla ingenua. Figura la firma de Carmen Silva, y como fecha, el año 1990. Recientemente se le ha instalado una placa nueva que inmortaliza a las actuales autoridades universitarias, pretextando el bicentenario del natalicio del benemérito (18061872).

Es un monumento repetitivo y sin originalidad, fuera de todo contexto estético en tiempo, forma y contenido, pero cumpliendo con su finalidad cívica. 

 

 
 
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