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Miércoles, 9 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACIÓN  

Alteraciones emocionales en el trastorno por déficit de atención

 
 Rafael H. Pagán Santini

La investigación sobre el “trastornó por déficit de atención/hiperactividad” (TDAH) se ha centrado fundamentalmente en los aspectos cognitivos del trastorno, dejando en un segundo plano el estudio de las deficiencias afectivas. Un grupo de investigadores, encabezado por el doctor Albert J., de la Universidad Autónoma de Madrid, llevó a cabo una revisión sobre las investigaciones que han estudiado la competen-cia emocional (reconocimiento, re-gulación y expresión de las emo-ciones) en niños, adolecentes y adul-tos con TDAH.

Según los investigadores, existen datos convergentes de distintos estudios conductuales que indican que tanto niños como adultos con TDAH presentan una disfunción pri-maria en el reconocimiento de los estímulos emocionales (expresiones faciales emocionales y prosodia afec-tiva) y una importante discapacidad para modular sus emociones, especialmente cuando éstas son negativas. No obstante, el conocimiento existente sobre las alteraciones emo-cionales presentes en el TDAH si-gue siendo limitado. (Rev. Neurol 2008; 47 (1): 39–45, online).

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad es un síndrome conductual de origen orgánico (neurobiológico) que se manifiesta principalmente en los primeros años de la edad escolar. Está caracterizado por distracción moderada a severa, períodos de atención breve, hiperactividad, inestabilidad emocio-nal e impulsividad. Afecta aproximadamente del 5 al 10 por ciento de los niños del mundo, y frecuentemente algunos de sus síntomas persisten en la edad adulta.

La última edición del Manual diagnóstico y estadístico de los tras-tornos mentales (DSM–IV–TR) des-cribe los síntomas del trastorno en dos grandes grupos: inatención e impulsividad–hiperactividad. La pre-sencia o ausencia de éstos da lugar a tres subtipos: predominantemente inatento, predominantemente hi-peractivo–impulsivo y combinado. El TDAH muestra, además, una ele-vada co–morbilidad con otros trastornos psiquiátricos, como los trastornos del estado de ánimo y de an-siedad, el trastorno negativo desafiante o los trastornos de aprendizaje, siendo habitual que las personas diagnosticadas de TDAH presenten al menos uno de ellos.

Los rasgos principales del TDAH son, por una parte, la dificultad para sostener la concentración (déficit de atención), sobre todo en circunstan-cias que ofrecen baja estimulación y, por otra, la falta de inhibición o con-trol cognitivo sobre los impulsos, frecuentemente asociadas con in-quietud motora (hiperactividad–im-pulsividad). Estos dos conjuntos de síntomas pueden aparecer por se-parados o combinados. Las alteraciones emocionales podrían añadir un grado más de dificultad en la in-tegración social de estas personas, ya que reconocer las emociones que están experimentando otros es una importante habilidad que facilita las interacciones sociales. Las intencio-nes y los estados emocionales se hacen visibles a través de señales afectivas como las expresiones fa-ciales y la prosodia, por lo que una correcta identificación de éstas re-sulta fundamental para establecer re-laciones interpersonales adecuadas.

De acuerdo a los investigadores, las alteraciones emocionales en el TDAH apenas se han explorado, ya que el interés se ha centrado primordialmente en los aspectos cognitivos del trastorno. Por este motivo, los estudios sobre el funcionamiento de las habilidades relacionadas con la competencia emocional (reconocimiento, regulación y expresión de las emociones) en ni-ños y adultos con TDAH son escasos. Las principales teorías sobre el TDAH sostienen que el reconocimiento emocional no debe estar afectado en estas personas, ya que no involucra proceso ejecutivo al-guno. Sin embargo, ciertos síntomas característicos del trastorno, co-mo la inatención y la impulsividad, pueden dificultar el reconocimiento de distintos estímulos emocionales como las expresiones faciales y la prosodia.

En los jóvenes que padecen TDAH, los síntomas de impulsividad e hiperactividad pueden disminuir, pero la dificultad para atender tiende a persistir. Así como en los jóvenes, los adultos con TDAH tienden a tener deficiencias cognitivas adicionales, específicamente en las funciones ejecutivas, lo que incluye la dificultad para codificar y manipular la información, además de la alteración en la capacidad para organizar y manejar el tiempo.

Los adultos con TDAH tienen un historial de disfunción escolar durante su niñez que in-cluye desempeño escolar deficiente, problemas de disciplina, dificultad para la lectura, necesidad de tutoría y de clases especiales; además, presentan una tasa mayor de repetición de gra-dos académicos. Además, presentan distintos problemas afectivos: labilidad emocional, ex-cesiva reactividad emocional y carácter irritable. Los problemas que enfrentan los niños en primaria por lo general empeoran en la universidad, lo que resulta en un rendimiento académico deficiente, promedio bajo de calificaciones y utilización de un periodo más largo de tiempo para poder alcanzar un grado académico. 

Los beneficios de la terapia farmacológica para el tratamiento del TDAH en niños han sido establecida, pero la utilidad de la medicación en adultos como tratamiento no ha sido debidamente establecidos. Los medicamentos utilizados para tratar el TDAH principalmente afectan la transmisión de catecolamina, incluyendo la dopamina y la norepinefrina. Re-cientemente, la Administración de Drogas y Alimentos del gobierno de los Estados Unidos aprobó para uso exclusivo de adultos el compuesto atomoxetina. Las investigaciones clínicas de largo alcance apoyan el uso del metilfenidato (ritalin) como tratamiento efectivo y tolerabilidad como estimulante.

La presente revisión subraya la necesidad de realizar nuevas investigaciones que aborden el estudio de las disfunciones emocionales en el TDAH, empleando para ello no sólo medidas conductuales, sino también de actividad cerebral, y de evaluar y tratar los problemas emocionales en la práctica clínica, concluyen los investigadores.

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