La intención de Javier y Jorge Alejandro era clara: darle voz a los sin voz. Dar a conocer el problema de los braceros, aquellos miles de campesinos y ferrocarrileros mexicanos que por más de medio siglo han esperado el fondo de retiro que les corresponde por su trabajo en Estados Unidos de 1942 a 1966. Poner en la agenda mediática la situación de esos hombres cuya ignorancia, pobreza y vejez han sido aprovechadas por el gobierno mexicano para negarles lo que por derecho es suyo. Bracero es el nombre de esa voz que se escuchó por primera vez en 2005 y que aún no se calla.
Entrevistados en el marco del ciclo de documentales del Espacio Cultural de Cine y Artes Visuales, AC (ECCAVAC) en el bar Anónimo, los documentalistas Javier Flores y Jorge Alejandro Sosa comentaron que el compromiso con el tema nació desde las primeras asambleas de braceros a la que asistieron en el estado de Tlaxcala durante la investigación para su tesis de licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de las Américas.
En Tlaxcala conocieron a algunos de los líderes del actual movimiento de braceros que busca el pago del 10 por ciento del sueldo que sus empleadores extranjeros les retenían y que fue entregado a bancos mexicanos, tal y como establecía el acuerdo binacional entre México y EU.
Otro punto importante en su recorrido fueron las ex oficinas del Frente Zapatista de Liberación Nacional, en el Distrito Federal, donde se reúne la Asamblea Nacional de Braceros. “Ahí me di cuenta de la magnitud de todo al ver a hombres de 80, 90 años, que viajan hasta la ciudad de México desde todos los puntos de la República” para planear las acciones a seguir por el movimiento, dijo Sosa Hernández.
En el documental, Flores y Sosa muestran los testimonios de decenas de mexicanos que trabajaron en el campo y los ferrocarriles estadounidenses y argumentan que el Programa Bracero evitó el desabasto de alimentos para Estados Unidos y sus tropas participantes en la Segunda Guerra Mundial. Incluso, sostienen la teoría de que, sin su ayuda, la guerra hubiera tenido otro rumbo.
A pesar de la gran labor que los connacionales prestaron al norte de la frontera, los hombres entrevistados a lo largo de los 60 minutos de documental dan testimonio del maltrato del que fueron objeto: inspecciones médicas humillantes, condiciones de vida insalubres, sueldos insuficientes.
Y tras la discriminación y malos tratos en Estados Unidos, el gobierno mexicano sigue sin ofrecer una respuesta satisfactoria.
Pero las autoridades mexicanas no son las únicas responsables. Los realizadores ven con preocupación que el tema no sea abordado con la frecuencia y profundidad que se merece en los medios nacionales. Es por ello que su trabajo con este documental continuará, no sólo en México sino fuera del país.
Luego de la participación de Bracero en la selección oficial del Festival Internacional de Cine Documental “Santiago Álvarez”, en Santiago de Cuba, durante 2006, Flores y Sosa se dieron cuenta de la trascendencia de su producción y de los probables alcances de la misma.