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Martes, 8 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

“No he estado arando en el vacío ni en el mar, he servido de algo en la cultura”

 

Del Río es doctora en filosofía por la Universidad de California, y fundadora de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores Mexicanos / Foto: Abraham Paredes
Yadira Llaven
Puebla, Pue.

A 60 años de trayectoria literaria y 50 años de consolidación en la dramaturgia, “el que reconozcan tu trabajo siempre se agradece, porque significa que no he estado arando en el vacío ni en el mar, sino que ha servido de algo, aunque sea con un granito de arena a favor de la cultura, en la que uno cree. Es reconfortante, es un estímulo para seguir trabajando hasta donde el cuerpo aguante”.

Así se expresó la periodista, escritora y dramaturga Marcela del Río (México, 1932), quien, con 76 años a cuesta, está más lúcida que nunca tras el homenaje que le rindieron ayer al mediodía en las decimosextas Jornadas Internacionales de Teatro Latinoamericano, organizadas por Espacio 1900 y la Universidad de Tennessee, por sus 50 años consagrados en el teatro.

De unos ojos azulísimos y sonrisa amable, la maestra Marcela del Río conversa con La Jornada de Oriente de sus inicios en el teatro y en la literatura, de su vida gitana, pues asegura que se la ha pasado del tingo al tango, de Praga a Checoslovaquia, de Bruselas a Orlando, donde impartió clases en la Universidad de Florida Central, durante 14 años, hasta que alcanzó el grado de profesora emérita, y entonces decidió jubilarse y regresar a México. Con esa misma facilidad que resume su vida por Europa y Estados Unidos, también charla de su transición del periodismo a la dramaturgia.

Del Río es doctora en filosofía por la Universidad de California, y fundadora de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores Mexicanos (Sogem). El Fondo de Cultura Económica ha publicado el libro Perfil y muestra del teatro de la Revolución Mexicana (1997) y la novela La utopía de María (2003), que narra la historia de su madre.

 

Del periodismo al teatro

Por influencia de su madre, quien “nació en pañales de seda, en la época del Porfiriato”, llegó al periodismo. “Como sucedía antes, ella se casó con un hombre poderoso que le llevaba más de 30 años de diferencia con la finalidad de que le solucionara la vida; sin embargo, a la caída de la dictadura en México mi padre queda desprotegido y mi madre emerge como una escritora y periodista. De ella heredo el oficio”.

A los 15 años de edad publicó su primera entrevista en el periódico El Universal, sobre la pianista Angélica Morales. No obstante, cuando la dramaturga tenía 17 años muere su madre y se queda con su columna de crítica de ópera. Luego estudió la carrera de teatro, “con Salvador Novo y Celestino Gorostiza”, y transformó su crítica de ópera en crítica de teatro, bajo el seudónimo Mara Reyes, porque publicaba los domingos entrevistas con su verdadero nombre en otro diario.

Había hecho su carrera en el teatro como actriz, pero a los 25 años cumplidos fue invitada al Festival de la Paz y la Amistad en la Unión Soviética, donde participa con un monólogo que escribe pensando en un problema social de México: los braceros.

“Escribí Fraude a la tierra, un monólogo de frustración tanto por el lado de la falta de apoyo en México como por la desilusión de lo que era ser bracero en Estados Unidos. Con esta obra bajo el brazo me fui a Moscú; la actué, la dirigí, seleccioné la música, hice de todo, como Chaplin, con esa intrepidez que tienen los jóvenes”.

“Me habían dicho que el teatro donde se iba a presentar Fraude a la tierra era pequeño, pero cuando llego al foro, estaba el telón cerrado y por un agujerito veo a unas 2 mil personas, y digo: ¿cómo que éste es el teatro pequeño?, y me dicen: “sí, éste es el teatro pequeño, porque el que está enfrente es el grande, donde se presenta el Ballet del Bolshoi, relata sonriente.

Después del monologo, revela, “fue una toma de conciencia para mí, porque me pregunté: ya hice teatro, ya dirigí, ya escribí, ya hice crítica en la revista Continente y en el Boletín bibliográfico de la Secretaría de Hacienda, es decir, ya había hecho todo, y me di cuenta que el escribir me hacía más feliz, entonces no era actriz, aunque tenía muy buenas críticas, iba muy bien, tenía temporadas de teatro y programas de televisión. A partir de ese viaje a Moscú me retiré de la actuación hasta hoy, no volví a pisar ningún foro, y me dediqué a aprender el oficio de escribir”.

“Entré al Excelsior para obligarme a tener el hábito de escribir a diario; ahí hago la crítica del Diorama teatral, que me ayudó mucho”. Desde entonces sigue escribiendo teatro. Con la pieza El pulpo (1970) ganó el premio Juan Ruiz de Alarcón, y El sueño de la Malinche es el más reciente texto que ha terminado. Fue puesto en escena el año pasado en Edimburgo.

 

“No se conoce nada del teatro de la Revolución”

Entre los libros que ha escrito Marcela del Río destaca Perfil y muestra del teatro de la Revolución Mexicana, donde analiza obras de dramaturgos nacidos en el siglo XIX que alcanzaron a vivir el proceso revolucionario, como parte de su investigación de doctorado. “Me aboqué a hacer el estudio porque se conoce mucho la novela de la Revolución, pero para nada se conoce el teatro de la Revolución, pese a que hay obras importantísimas”.

Narra que en principio mandó el proyecto al Fondo de Cultura Económica para ser editado “y nunca me contestaron”. En vista de ello, de la negativa, “lo envié a Nueva York y allá sí me lo publicaron luego luego. Y para darles en la cabeza a los del Fondo de Cultura les mandé mi libro desde Nueva York, de regalo”, ríe de manera pícara.

¿El desprecio a la investigación hecha por mexicanos sigue siendo común en este país?

Sí, sí, por eso mandé el libro para Estados Unidos, y luego luego me hablan del Fondo de Cultura y me dicen: ¡Cómo es posible que hayas mandado el libro a Nueva York, ese libro era para nosotros!, a lo que yo les respondí: yo se los mandé pero nunca contestaron.

“Ese día, me piden que los vaya a ver a México. Tomé el avión desde Orlando y me fui a hablar con Adolfo Castañón, quien estaba a cargo de la gerencia de Publicaciones”.

Al final, el libro se publicó nuevamente en México. “Y puse en el libro las obras que eran más difícil de conseguir. Fue un gran éxito, se está agotando la edición, sobre todo ahora con los festejos del centenario de la Revolución. Ya me encargaron impartir un semestre en la universidad, en Cuernavaca, sobre el teatro de la Revolución Mexicana, y otro en 2010”.

Comparando en retrospectiva, ¿cómo era el teatro durante la Revolución Mexicana, y cómo es ahora?

Se llama teatro de la Revolución Mexicana a lo que se escribió en esa fecha. Yo puse autores que vivieron la revolución, no que leyeron en ese tiempo. Ahora, de esos autores había algunos que eran activistas, como Ricardo Flores Magón, quien escribe dos obras cuando está encarcelado en los Estados Unidos. Una de ellas es la que analizo, se llama Verdugos y víctimas.

“Lo que yo quería mostrar eran distintos aspectos, la lucha obrero–patronal, la lucha de los campesinos, la lucha obrera en sí misma. Mezclé piezas de ideología revolucionaria, pero también las antirrevolucionarias, por eso me llevé como cuatro años en su realización”.

Finalmente, la escritora adelantó a este medio que se encuentra estudiando el teatro “que nadie ha estudiado de Alfonso Reyes, pues todo mundo ha analizado su poesía, su ensayo, pero nadie ha reflexionado sobre su cuento y su teatro”.

“El proyecto se llama La ficción de Alfonso Reyes, y va a tener dos libros: uno sobre el teatro y otro sobre el cuento. Lo que corresponde al teatro ya lo tengo terminado y en él relaciono lo que Reyes escribió sobre teoría del teatro y cómo lo maneja cuando escribe teatro”. De la segunda parte, únicamente dijo que se encuentra en proceso.

 

 
 
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