Búsquedas en el diario

Proporcionado por
       
 
Martes, 8 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Política
 
 

 SUBEYBAJA 

¿Es posible establecer un nuevo ideario para la izquierda en el siglo XXI?

 
Ramón Beltrán López
Puebla, Pue.

La izquierda mundial se debate en un mar de confusiones. Perdido el rumbo tras la debacle del llamado “socialismo real” (llamémosle así a fin de no utilizar apellidos y no herir susceptibilidades), y sin un rumbo fijo que seguir –dogmático por supuesto, que le evite la molestia de pensar y decidir– en las circunstancias actuales, se hacen intentos por adecuar las ideas de izquierda a las circunstancias actuales. Pero tal parece que hay tantas “izquierdas” como líderes de “izquierda”.

Afortunadamente no es un mal –esto de las confusiones– que aqueje únicamente a la izquierda, también la derecha padece de conflictos ideológicos severos que la llegan a desarticular políticamente. Tal y como sucede actualmente en España.

Y es que la derecha occidental había quedado anclada en el esquema trazado por el conservadurismo eclesiástico italiano y español, muy al estilo yunquista, muy al estilo medieval, bajo estructuras mentales imperturbables, puestas en práctica por organizaciones elitistas muy rígidas, cuya rigidez y elitismo les hace imposible adaptarse a las circunstancias político–sociales tan variables en las sociedades modernas actuales. Las nuevas tecnologías de la información hace cada vez más difícil repetir con éxito esquemas que tuvieron vigencia hace siglos.

Sin embargo, y por definición, las derechas son conservadoras, se oponen a los cambios, sobre todo a aquellos que vayan contra las verdades seculares de la iglesia católica (en los países latinos), e intentan preservar los privilegios de los estratos sociales más afortunados. Son, por definición, antiigualitarias.

 Las izquierdas también por definición tienden a modificar las relaciones económicas de la sociedad en que se desenvuelven, intentando conseguir primero una mayor igualdad económica y social y, secundariamente, una mayor libertad individual. Son más proclives, al menos teóricamente, al cambio, por ello gustan de autodenominarse revolucionarias, a la inversa de las derechas que siempre han demostrado una mayor resistencia o aversión al cambio.

Sin embargo, y en pleno siglo XXI, ambas, izquierdas y derechas, pueden volverse igualmente aversas al cambio (aversas, de aversión), aversas por diferentes razones. O tal vez  por las mismas. Porque ambas, la izquierda, ahora sí, marxista–leninista, y la derecha occidental, han justificado de alguna manera la supresión de la democracia, la limitación de los derechos humanos y de las libertades individuales, en aras de dudosos objetivos políticos o sociales, al igual que justificaron la existencia de gobiernos dictatoriales (por las mismas razones). Esta herencia ideológica, decimonónica en el primer caso y medieval en el segundo, sigue pesando en el ánimo de muchos líderes políticos actuales. Aunque usted no lo crea y aunque ellos lo nieguen. Y frecuentemente, demasiado tal vez, los lleva a adoptar posturas antidemocráticas.

Y llegados a este punto, para entender e intentar cualquier pronóstico, solamente nos queda recordar a Charles Darwin y sus enseñanzas (quien por cierto cumplirá en 2009 la friolera de 150 años de haber publicado El origen de las especies), en el cual precisó no la supervivencia del más apto, como erróneamente han querido interpretarlo algunos, sino el éxito reproductivo de que aquellos  individuos que contaran con las características más apropiadas y convenientes para un medio ambiente determinado.

Extrapolando estas enseñanzas al entorno de un mundo que cambia a velocidad vertiginosa y a organismos sociales (como lo son los partidos políticos), que requieren de adaptarse a estas modificaciones con la misma velocidad, so pena de extinguirse, como lo hicieron muchas especies a las cuales  únicamente conocemos por los fósiles que dejaron como recuerdo de su paso por el planeta. Sobrevivirán aquellos organismos sociales que mejor se adapten a los cambios externos.

Pero tal parece, y aquí observamos algunas de las coincidencias, que en un esfuerzo antinatural (como es el caso de nuestro país), los partidos existentes (por igual de derecha o de izquierda) se vuelven profundamente conservadores por igual y hacen todos los esfuerzos posibles por impedir la creación de otros organismos políticos que puedan disputarles “su territorio”. Así, y cualquier biólogo lo sabe, se condenan a la endogamia y a la transmisión de sus  enfermedades hereditarias, por falta de nuevos competidores jóvenes. Y la respuesta del medio ambiente, puede ser el estallido social conducido por líderes “iluminados”, ante el rechazo ciudadano hacia los efectos perniciosos de esta práctica, o bien la llegada de nuevas organizaciones que conduzcan los cambios al margen del “establishment”. Posiblemente la recaudación de fondos por medio de la internet puesta en práctica exitosamente por Barack Obama, evitando los compromisos con fondos oficiales y con los grandes corporativos interesados en beneficiar el “cabildeo” mediante la aportación de recursos a las campañas políticas pueda ilustrar ese futuro que ya toca la puerta.

Mientras tanto, aquí, como en otros países latinos, podemos observar similitudes entre ambos extremos de la geometría política, cuando los partidos de “izquierda” se convierten en defensores de privilegios y privilegiados (como son los sindicatos de paraestatales y burócratas), en detrimento de la igualdad económica y social y en  enemigos de cualquier cambio en las estructuras económicas, aunque hayan sido diseñadas hace medio siglo y demostrado ser inoperantes (CFE, Pemex, L y F del Centro), mientras que no parecen ( o no desean) notar que los cambios efectuados a estructuras similares en otros países han demostrado su efectividad, tanto en el crecimiento económico como en el bienestar y la igualdad  social; China por ejemplo.

Mientras tanto podemos observar, en la derecha, los intentos, a veces tímidos, en otras descarados, de algunos dirigentes  con fuerte tufo medieval, por borrar las fronteras entre las iglesias (una en particular) y el Estado; desvanecer los limites del estado laico; introducir o mantener los prejuicios de su moral personal o de grupo en la legislación civil o penal; impedir las prácticas que pongan fin a la discriminación por razones étnicas, religiosas, de preferencia sexual, etcétera. 

Posturas, ambas, conservadoras y reaccionarias. Poco adaptadas a la realidad de un mundo cambiante.

¿Se podría crear una plataforma de “izquierda” con un común denominador, con líneas de acción generales, que unifique a todos aquellos líderes de opinión, ciudadanos,  intelectuales, que se encuentran (nos encontramos) descontentos por la actuación de los partidos políticos actuales (y sus dirigentes), que ya solamente ofrecen opciones conservadoras, en aras de preservar  los beneficios y privilegios de grupos muy bien identificados?

Hace seis años se intentó elaborar algo similar en Inglaterra, el Manifiesto de Euston (Euston Manifesto) fue posiblemente el primer intento por crear una izquierda moderna, con ideología adaptada al siglo XXI. 

¿Podríamos elaborar acaso una plataforma para la izquierda latinoamericana? ¿O seguiremos dando bandazos, sin rumbo y sin futuro, condenados a la extinción?

 
 
Copyright 1999-2008 Sierra Nevada Comunicaciones - All rights reserved
Bajo licencia de Demos Desarrollo de Medios SA de CV