Temporada 1993. Año de bandazos por parte de ETSSA, que cambio dos veces de gestor y aplicó una política de abaratamiento general con inevitable repercusión en su cartelería. No obstante, de Martínez Ancira vino ese año una de las corridas más serias y armadas que se han lidiado en el coso del Cerro (15.05.93: sus 528 kilos de promedio la sitúan cerca de los 546 que dio la del debut de Coyotepec dos ferias atrás); en el extremo opuesto, el ayuntamiento hubo de sancionar a Reyes Huerta por mandar astados sin edad. Se dieron en total 17 festejos: 11 corridas, cuatro novilladas, una de rejones y un festival a beneficio del prometedor novillero poblano Víctor Hugo Camacho, gravemente enfermo y solidariamente apoyado por Manolo Arruza, los hermanos Capetillo, Alejandro Silveti, Teo Gómez y Arturo Gilio, máximo triunfador esa tarde. Y ya veremos que salieron bastantes reses aprovechables, según refleja el otorgamiento, sin duda exagerado, de 45 apéndices.
Ganado. De las 16 divisas que lidiaron sobresalen, por trapío, Martínez Ancira –aunque la corrida destinada a El Glison, Manzur y Morenito de Caracas no tuvo comparación con la bastante más apañada que despacharon Mariano, Alberto Ortega y Alejandro Silveti al abrir feria–, por clase la novillada de Reyes Huerta proverbialmente reservada a Eloy (08.05.93) y por raza y bravura ejemplarmente aunadas la de Coyotepec en Año Nuevo. Hubo otra de El Junco (16.09.93) interesante por su presencia y buena casta. Y tres que tampoco desmerecieron (Manuel Macías, Teófilo Gómez y La Guadalupana, ésta para rejones). En cambio, faltaron al decoro Tenexac, Espíritu Santo (auténtica bueyada) y San Antonio Triana. Los de la encerrona de Jorge Gutiérrez (20.03.93), de seis hierros distintos, resultaron en todo sentido lamentables, salvo el de José Julián Llaguno. Novilladas hubo dos muy toreables (El Olivo y El Grullo), y otro par bastante menos (García Méndez y Tepeyahualco).
Coyotepec envió un toro y un novillo de vuelta al ruedo: “Zar” (01.01.93) y “Carrancista” (05.02.93: lidiado 7º e indebidamente anunciado como cuatreño). Hubo arrastre lento para “ Ministro” (01.01.93), también de Coyotepec, ganadería que maduraba a grandes pasos y luego se perdió, “Pera en dulce” y “OEM” de Reyes Huerta (sancionados posteriormente), “Compadre” de Manuel Macías y “Poblano” de El Junco. Igual reconocimiento tuvieron los novillos “Hasta Pronto” de El Olivo y “Grullero” de El Grullo. Mas como los jueces no anduvieron muy atinados en este rubro, habrá que consignar como el toro más completo de 1993 a “Gran Jefe”, 6º de Coyotepec (01.01.93), que se fue sin honores al destazadero luego de pelear ejemplarmente en varas y, con la boca siempre cerrada, desbordar por completo a su matador a pura casta, codicia y enclasada bravura.
Matadores. Gilio, convaleciente de una grave cornada en la México, actuó cuatro veces y cobró cuatro apéndices (todas el 22.05.93); los apizaquenses Alberto (dos orejas y cinco avisos) y Rafael (tres auriculares, dos de ellas de un becerro de regalo) torearon tres por coleta y su constante presencia motivó que la gente diera en llamar a la plaza El Ortegario en vez de El Relicario. Con tres tardes y una oreja Jorge Gutiérrez, con dos los hermanos Silveti (tres apéndices David y dos Alejandro), Arturo Manzur (auténtica revelación del año, que cortó tres orejas y no volvería más a Puebla) y El Zotoluco (una). La nómina de 17 espadas se completa con quienes hicieron un solo paseíllo, como Cavazos y su protegido Joselito Ruiz (dos orejitas ambos), Adrián Flores (dos apéndices en su alternativa), Mariano (uno), y sin premios el potosino–madrileño Fernando Lozano, Del Olmo, El Glison (vuelta por el valor desplegado al estoquear al tremendo y resabiadísimo “Paspartú” de Martínez Ancira, con 635 kilos), Teodoro Gómez y Morenito de Caracas.
Novilleros. Una presentación clamorosa y un triunfo rotundo que en realidad sirvió de despedida. La primera, de Fernando Ochoa (09.10.93: oreja de “Grullero”, y perdió otra por pinchar a “Farolito”); la segunda de Víctor Hugo Camacho, que irreversiblemente minado por la enfermedad cuajó por naturales sentidísimos al noble “Hasta Pronto” de El Olivo, luego de desorejar también a “Pajarito” (23.05.93). De los 12 jóvenes restantes cortaron una oreja Morenito de Caracas y Adrián Flores, que como Alejandro Ferrer y Víctor Hugo Camacho toreó dos veces.
Alternativas. Dos hubo en el año. La de Gilmer Urbina Morenito de Caracas (15.05.93, de manos de El Glison, testigos Arturo Manzur y Karla Sánchez, toro “777” de Martínez Ancira: daría vuelta en el 6º ); y la del pequeño Adrián Flores (20.11.93 con “Ansioso” de Teófilo, de manos de David y ante Jorge: el nuevo doctor desorejó a su segundo, “Revoltoso”).
Rejoneadores. La corrida de rejones (23.11.93) resultó triunfal para Gerardo Trueba, Rodrigo Santos (ambos cortaron una oreja en solitario y dos en collera), Enrique Fraga (dos y una) y Jorge Hernández Andrés (una y una). Antes, en la tercera de feria, Karla Sánchez había dado la vuelta al ruedo tras rejonear un torazo de MM.
Mejor faena: Arturo Gilio. Se la cuajó a “Compadre” de Manuel Macías (22.05.93), y sería una de las mejores suyas en El Relicario, en plena lucha contra las secuelas de varios percances graves. Leamos: “Fue el amo absoluto de esta tarde de mano a mano (con Alberto Ortega) que le reportaría cuatro orejas y una salida en hombros con la gente en delirio porque así la había puesto su enorme faena, exclusivamente izquierdista, a “Compadre”…el 4º –naturales de seda a un animal remiso al que aguantó, mandó y ligó en un palmo con valor y temple soberbios…(además) cubrió los tres tercios entre aclamaciones continuas, antes de volver por los fueros de la suerte suprema con decisión y estilo formidables. Nada hubo de exagerado en el otorgamiento de los apéndices y en la tumultuosa apoteosis que rubricaría esta tarde en que Puebla ha recuperado a su torero favorito” (La Jornada de Oriente, 26 de mayo de 1993).
Encerrona fallida. La única vez que un matador ha matado seis toros en El Relicario le fue completamente adversa a un Jorge Gutiérrez en horas bajas (20.03.93). Pasó fatigas con bichos impresentables y mansísimos de Xajay, Santo Domingo, Espíritu Santo, Arroyo Zarco y Carranco, y malogró con la espada la única faena de la tarde al cierraplaza “Miguelón”, un buen toro de José Julián. Única nota a destacar, las medias color verde pistache que, vestido de esmeralda y oro, lució Jorge en la ventosa y deslucida tarde.