Muchos años ha tardado el futbol de Ecuador para trasponer el ídem. Esa invisible pero terca raya que separa a los poderosos de los modestos. A los aspirantes de los suspirantes. A los protagonistas de los actores de reparto. Tuvo jugadores tan grandes como Spencer o Aguinaga, pero sus equipos seguían quedándose en la orilla. Ya fuese porque el coraje no siempre hacía armonía con la clase. Y cuando ésta aparecía, porque faltaban el fondo físico y la astucia táctica indispensables para trascender. Este año, sin embargo, ha sido distinto. Su selección marcha puntera en la eliminatoria sudamericana para Sudáfrica 2010, con Argentina encantada de haberles empatado en la agonía de su partido en el Monumental de River. Y en la Copa Libertadores, la Liga Deportiva Universitaria de Quito (LDUQ) fue doblegando contrarios hasta alcanzar esa meta que no figuraba en las previsiones de nadie (al América le tocó caer ante ellos en semifinales, al San Lorenzo del Pelado Díaz en cuartos de final). Empatados a cinco con Fluminense y lanzados a la muerte súbita de los penales en el infierno de Maracaná, a los pupilos del Patón Bauza no se les alteró el pulso ni les tembló el empeine. Y allí mismo, en la portería donde hace seis décadas Uruguay asestó el maracanazo, los artilleros ecuatorianos consumaron este miércoles su hazaña.
Del baile a la zozobra. El encuentro de ida, en el estadio Atahualpa, trajo la sorpresa de un primer tiempo de un solo lado. No el del Fluminense, favorito universal merced a su notable campaña previa –el único equipo de Brasil que actualmente se atreve a jugar a la brasileña, apuntábamos aquí. Sino el de la LDU, que abrumó a la defensa tricolor por todos lados y remató con puntería de apache dentro y fuera del área, goles de Biéler, Guerrón, Campos y Urrutia para un 41 de escándalo al final del primer tiempo. Pero el segundo no sería igual. Los ecuatorianos, desatados poco antes, daban paso a un grupo especulador, que desnudaba graves problemas defensivos y de milagro se libró de más goles luego del frentazo de Thiago Neves que puso el 42 definitivo.
Y viceversa. Este Neves, dorsal “10” del Flu, iba a convertirse en el héroe de la revancha en Maracaná, partido que empezó con nuevo gol de la Liga (Bolaños, a los 6’) y entró luego en un vaivén de fantasía, comparable al de Quito una semana antes, aunque de signo contrario. Porque aquí quien se comía la cancha con todo y banderines era el equipo brasileño, respaldado por el clamor de sus partidarios, que en materia de luces de artificio y ruido ensordecedor no tienen igual. El personaje a seguir era Neves, que con cañonazo lejano, toque suave tras gran penetración de Cícero y tiro libre por encima de la barrera redondeó un hat–trick que nivelaba en 5–5 el marcador. Y faltaban aún 33 minutos para saciar la voracidad carioca. O una hora pasada, contando la prórroga. Pero el marcador ya no se movió. De súbito, la Liga se asentó sobre el campo, recobró prestancia y, en medio de la gritería y las salvas de cohetones, empezó a mover la pelota y arrimar peligro a la meta de Fernando Enrique. Hasta tuvo Baldassi, argentino de pésimo arbitraje, que anularle a su paisano Biéler un gol legítimo, ya con los tiempos extra de vencida, para abrir paso a las tandas de penaltis. Una sola, porque mientras Darío Conca, Thiago Neves y Washington erraban los suyos –sólo Cícero acertó con el tercer lanzamiento– ni Urrutia ni Salas ni Guerrón perdonaron a Fernando Enrique, minimizaron la falla en el segundo penal de su compañero Campos y, 3 por 1 tras la parada de Cevallos a Washington, pusieron en el cielo de Río, sobre el repentino silencio de Maracaná, el nombre de la LDUQ como el del nuevo monarca de la Copa Libertadores. Primera que gana un equipo de Ecuador en 49 años de competencia. Con sobra de merecimientos por trabajo asociado. Y también por el brillo de sus mejores figuras. No sólo Joffre Guerrón, el poderoso atacante cuyas piernas de roble saben deslizarse rítmicamente sobre el área luego de ganarla a zancadas. Están también el bordado sutil de Bolaños por la punta izquierda. Y Biéler como rematador furtivo. Y los laterales Ambrosi y Araujo, muy superiores en manejo el balón y subidas por la banda que defendiendo. Y un Patricio Urrutia ante el cual se rindió Maracaná, pues su labor como distribuidor de juego cobró fundamental importancia para contener al ciclón carioca en el segundo tiempo y relanzar a su equipo hacia el frente. Hasta Cevallos, arquero bastante fallón, esplendería con aura de predestinado al detener nada menos que tres penales casi consecutivos. El detalle que faltaba para coronar al flamante campeón de América. Y para convertir en ríos de gente jubilosa las calles de Ecuador y las del barrio carioca de Flamengo, donde los partidarios del acérrimo rival del Flu celebraron el triunfo de la Liga como pudiera haberlo hecho el más apasionado de los quiteños.
Medio siglo de historia. Si uno revisa la serie de campeones que inauguró en 1960 el legendario Peñarol de Sasia, Goncálvez y el Pardo Abaddie, encontrará nada menos que 21 triunfos argentinos (Independiente ganó la Copa 7 veces, Boca 6, Estudiantes 3, River 2 y una por casaca Racing, Vélez y Argentinos Jrs.) por 13 brasileños (Sao Paulo 3, Santos, Cruzeiro y Gremio 2 y Flamengo, Vasco da Gama, Palmeiras e Inter de Porto Alegre una), 8 uruguayos (5 Peñarol y 3 Nacional), 3 paraguayos (Olimpia los 3), 2 de Colombia (Atlético Nacional y Once Caldas) y uno de Chile (con Colo Colo) y ahora Ecuador con la LDUQ. Un privilegio que México pudo alcanzar en 2001, cuando el desempate por penales puso la Copa en la vitrina del Boca después que, con gol de Palencia asistido por Cardozo, Cruz Azul batiera a los xeneizes en su mismísima Bombonera.
Cabañas, rey del gol. Un honor que nuestro futbol sí puede apuntarse es el que Salvador Cabañas ha conquistado por segundo año consecutivo. Pues el ariete paraguayo del América resultó nuevamente goleador del certamen con 8 anotaciones. En 2007 lo había sido con 10, una cifra que la Liber no alcanzaba desde 2002. Nombres tan ilustres como los de Pelé, Sanfilipo, Artime, Teófilo Cubillas, Pedro Rocha, Caszely, Zico o Tita figuran en esa lista. Y en cuanto a repetir el título, solamente Fernando Morena, del Peñarol, lo consiguió tres veces (1974, 75 y 82). Con su doblete, Cabañas iguala al también peñarolista Alberto Spencer (1960 y 62); a Osvaldo Ramírez, del Universitario de Deportes de Lima (1972 y 75), y a Héctor Scotta, argentino del Deportivo Cali (en 1977 y 78). Como para que los del Gran Canal le sigan regateando méritos y centavos a quien ha sido sin duda su mejor jugador del siglo XXI.