El territorio ya tiene otro activista político resuelto a convertirse en fiel de la balanza a la hora de las definiciones en materia electoral. Esa es la definición exacta del sustituto de monseñor Jacinto Guerrero Torres al frente de la iglesia católica en Tlaxcala, Francisco Moreno Barrón. Así mismo se define el alto jerarca de la feligresía, sin rubor ni arrepentimiento.
“No impidamos que la iglesia ilumine la política”, sugirió el michoacano el pasado 17 de junio en una entrevista para la televisión poblana. No se debe olvidar que desde que Vicente Fox llegó al poder en el año 2000, los hombres de fe han pugnado por ganar mayores espacios públicos, más allá de los púlpitos: desde el acceso a los medios de comunicación masiva, hasta los entretelones del poder.
Las palabras del obispo en el estado no tienen desperdicio porque sabe que hoy los hombres y las mujeres en el poder en el viejo Palacio de Covián son aliados de las expresiones más conservadoras en este país y muy lejos están de sancionar las expresiones de un activista que actúa ataviado con sotana.
Es público y notorio que la responsable de velar porque la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, Ana Teresa Aranda Orozco no sólo es ignorante de las leyes –su nivel académico es equivalente al de una secretaria ejecutiva–, sino que también asume su condición militante de las expresiones más radicales del conservadurismo, sin mencionar sus incansables aspiraciones a cargos de elección popular por el Partido Acción Nacional.
No debemos engañarnos, el obispo Moreno Barrón no es un pastor a quien le ocupe la causa de los desposeídos, como lo sugería la escuela de don Sergio Méndez Arceo. En tal sentido, tampoco es difícil advertir cual será el papel que le corresponda en el escenario político tlaxcalteca.
Desde que la institución religiosa ganó presencia en las sociedades está convertida en un instrumento de poder: influye y encausa voluntades, sugiere y descalifica expresiones que no corresponde a los intereses de quienes forman parte de ella. “A todos los obispos nos debe gustar la política, en el buen sentido de la palabra”, había dicho hace apenas tres semanas el recién estrenado obispo.
No es un secreto que candidatos y partidos políticos busquen la bendición de los hombres de la institución religiosa mayoritaria en México. Tampoco lo es que un sector influyente de la iglesia descalifique a quienes representan posiciones contrarias a los estándares morales y éticos de la fe católica.
En el sótano
Agradezco la hospitalidad de La Jornada de Oriente Tlaxcala. El espacio brindado a Parabólica es valorado en el más amplio sentido del término.