La delegada de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), Anahí Romero Alonso, fracasó en su intento de apagar la rebelión que el martes se desató en su contra por parte del grueso de los trabajadores de la CDI que la están acusando de usar el organismo para operar electoralmente a favor del PAN, y por tanto están exigiendo su salida. Ayer, la funcionaria cuando quiso entrar en dialogo con los inconformes se dio cuenta de que nadie la apoya.
Este jueves o viernes podría ser un día decisivo, ya que los quejosos están dispuestos a tomar las instalaciones de la CDI, luego de que el martes mandaron un escrito al titular nacional de la comisión, el panista Luis H. Álvarez, en donde le exponen los motivos del malestar contra Anahí Romero y hasta la noche de ayer, no había una contestación al documento.
Las pocas personas cercanas a Anahí Romero estuvieron intentando, desde el martes en la noche, saber de dónde provienen los intentos de destituir a la funcionaria. Las sospechas es que atrás de todo está la mano del senador Rafael Moreno Valle Rosas, quien está agraviado porque la panista no le permitió hace algunos meses usar la delegación de la Sedesol para que el legislador empleara los programas sociales a favor de sus intereses políticos.
Sin embargo, las cabezas del movimiento de inconformidad contra Romero Alonso han podido sustentar una serie de faltas, omisiones y anomalías que en menos de dos meses cometió la delegada y evidencian que la CDI se está convirtiendo en una oficina de operación electoral de Acción Nacional rumbo a los comicios federales de 2009.
Más allá de que si existe o no un intento de darle un uso electoral a la CDI a favor del albiazul, Anahí Romero cometió errores básicos. Uno de ellos, es que existe un Consejo Consultivo que supervisa el trabajo de la comisión y éste, nunca fue convocado para comunicarle que José Antonio Aguilar, quien era el anterior delegado, había sido sustituido.
Mucho menos les dieron a conocer a los integrantes del Consejo Consultivo que Anahí Romero era la nueva delegada y nunca se explicó cuál era la experiencia de esta panista –oriunda de San Martín Texmelucan y formada académicamente en la UDLA y en España– en materia de indigenismo o de proyectos sociales para los pueblos indios.
Cuando Anahí Romero se enteró que más del 90 por ciento de quienes laboran en la CDI firmaron un documento en el que piden su salida, intentó en la mañana de este miércoles invitar a desayunar –en un restaurante de la cadena Viejo Pueblito– al personal que ocupa los puestos más importantes. La respuesta, de la mayoría, fue no acudir al encuentro bajo el argumento de que esa no es la solución al conflicto.
Eso evidenció que es real y consistente la rebelión que enfrenta. Ante ese panorama la única opción que le quedó fue trasladarse a la ciudad de México para pedir ayuda a Luis H. Álvarez y a la subsecretaria de Gobernación, Ana Teresa Aranda, quien es su mentora política.
Ex diputado lanza fuego amigo en el PRI de Tehuacán
En días pasados, en algunas redacciones de medios locales, llegó un correo electrónico en donde se da por hecho que en la ciudad de Tehuacán el próximo presidente del PRI será un personaje llamado Omar Pérez López, a quien se le acusa de ser un hombre que militó en el PAN y tiene una oscura relación con la familia de la ex legisladora, María del Carmen Izaguirre Francos, a través de una constructora que hace mucha de la obra pública de dicho municipio.
Esa versión tiene mucho de cierto y muchas infamias. Dice la verdad porque Omar Pérez se perfila a ser el próximo presidente del PRI, pues lo apoya el alcalde de Tehuacán, Félix Alejo Domínguez. En cuanto a lo demás, todo es mentira, ya que el aspirante a dirigir el tricolor no ha sido panista ni tiene nexos empresariales con la familia de la ex diputada Izaguirre Francos.
Lo interesante de este asunto no es el deslinde que se hace de la historia que se comenta al inicio de esta columna, sino que los ataques provienen del PRI. La gente cercana a Omar Pérez sospecha que el autor de esas mentiras podría ser Eliseo Pérez Sánchez, un ex diputado que anda sin trabajo y también aspira a dirigir el tricolor.
Pérez Sánchez fue legislador suplente en la pasada legislatura y al concluir, se colocó en el Organismo Operador de Carreteras de Cuota, pero cuando ese organismo lo dejó de presidir Víctor Manuel Giorgana Jiménez, a finales del año pasado, se quedó sin chamba.
El ex diputado lo han señalado de ser autor de una guerra sucia en contra de los que considera a sus rivales para ganar la dirigencia del PRI. Su comportamiento obedece, a que es respaldado por el presidente de la Gran Comisión del Congreso local, José Othón Bailleres Carriles, pese a que es pobre su influencia política en Tehuacán.
Cuentan que la guerra sucia la inició Eliseo Pérez porque se sentía seguro de ser el próximo dirigente priista y fue a ver al alcalde para pedirle, que como parte del apoyo que debe brindar al PRI, solicitaba ser incorporado él y sus colaboradores a la nómina del ayuntamiento.
Días después de haber hecho esa petición, se enteró que el edil se había molestado por su solicitud y que además, decidió apoyar a Omar Pérez.
Eso lo hizo montar en cólera por ver amenazada la posibilidad de dirigir al PRI y cobrar quincenalmente en la Comuna –en caso de ser verdadera su petición–, por lo que tomó medidas desesperadas para que no se frustraran sus planes y eso incluyó desatar un guerra sucia contra Omar Pérez.
Esta guerra entre priistas de Tehuacán pone en evidencia de que el presidente estatal del PRI, Alejandro Armenta Mier, no ha podido tomar las riendas de su partido y no sabe poner orden entre sus militantes.