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Jueves, 3 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Política
 
 

 TENDAJÓN MIXTO  

La muerte y los jóvenes

 
Jaime Ornelas Delgado

De la tragedia a la manipulación política

La muerte siempre será un trance angustioso, y además irritante cuando son jóvenes quienes mueren por una u otra razón, y más lo es si esas muertes ocurren durante un operativo policiaco que transcurrió en medio de la incompetencia, negligencia, falta de capacitación, torpeza, prepotencia y abusos de la policía. Exactamente como ha sido y es la Policía mexicana.   

Nueve jóvenes muertos son muchos (a lo que se sumaron tres olvidados policías), y alguien debe pagar por esas muertes, porque además pudieron prevenirse. Es más, se pueden prevenir otros hechos como el del New’s Divine si se evitan esos torpes operativos y se cierran los antros donde se alcoholizan y drogan, no sólo jóvenes sino niños que “sí tienen 30 pesos del cover” (según dijera el propietario del New’s Divine). Ir a un sitio donde se reúnen los jóvenes a ligar, bailar y beber no es ningún delito, y no debe criminalizarse el hecho con una falsa moral. La asistencia a esos sitios de diversión forma parte de las necesidades de los adolescentes, y no hay por qué privarlos de ella; al contrario, hay que fomentarla.

Lo que también molesta e indigna de lo que ocurrió en el New’s Divine el viernes 20 de junio a las 5 de la tarde es la actitud que las televisoras, la prensa escrita y la derecha han asumido frente a esos hechos. Era de esperarse una respuesta así, que nada tiene que ver con el dolor de las vidas segadas antes de madurar, sino con el daño que creen pueden hacer al gobierno del Distrito Federal. Y está bien que quieran denostar a quien consideran su rival político, pero no manipulando los sentimientos de quienes sí están afectados por esas muertes.

El acción dolosa que han emprendido los medios y la derecha puede mostrarse si recordamos que las televisoras, la prensa escrita –con la siempre honrosa excepción de La Jornada– y, por supuesto, la derecha nada dijeron, nunca se indignaron, jamás protestaron por la muerte de tres jóvenes mexicanos asesinados en territorio de Ecuador por el ejército colombiano. Esos jóvenes, mexicanos también, ni siquiera merecieron una oración o una queja de indignación.

 

La iniciativa Mérida

El pasado 10 de junio la Cámara de Representantes de Estados Unidos autorizó el presupuesto de mil 200 millones de dólares durante tres años para la Iniciativa Mérida. Ese fue el primer paso para aprobar, el 19 de junio, la versión final de esa iniciativa que compromete al gobierno mexicano a combatir al narcotráfico en todo el territorio nacional.

Finalmente, el jueves 26 de junio el Senado de aquel país aprobó integro el proyecto que le enviaron los representantes. De esta manera, México ha quedado atrapado en la guerra que, por decisión de Estados Unidos, se ha emprendido en toda la República contra el narcotráfico.

De acuerdo con la Iniciativa Mérida, existe responsabilidad compartida en la lucha contra el narcotráfico, sólo que Estados Unidos la saca de su territorio y ahora pagará al gobierno de Felipe Calderón 400 millones de dólares al año para que esa guerra se emprenda fuera de sus fronteras. Podemos decir que se trata de una especie de contrato de maquila, mediante el cual Estados Unidos paga a las fuerzas de seguridad en México por combatir el tráfico de enervantes, aunque Estados Unidos nada haga por combatir la distribución y el consumo en su territorio.

De esta manera, en el ciclo producción–cirulación–distribución–consumo, Estados Unidos decidió solapar a su aliado colombiano en la parte que inicia el ciclo y ha decidido también no combatir a las mafias que distribuyen los enervantes en Estados Unidos, mucho menos el consumo tan extendido en aquel país; tomó entonces la iniciativa de hacer la guerra a quienes conducen la droga no en Colombia, su aliado contra la insurgencia popular en el cono sur, sino en México, donde se somete a la población a una violencia cada vez más avasallante que cuesta desde el inicio del sexenio al 25 de mayo de este año 4 mil 202 muertos civiles y 550 militares, marinos y policías federales.

Si bien los congresistas estadunidenses eliminaron la cláusula que le permitía al gobierno estadounidense certificar el desempeño de las autoridades mexicanas sobre su accionar en la lucha contra el narco, se mantiene en cambio la injerencia a través de diferentes organismos en materia de derechos humanos. Y no es que nos neguemos a que se respeten esos derechos, sino que eso resulta ser una grotesca sugerencia de la principal violadora de los derechos humanos en el mundo.

Tiene la Iniciativa Mérida un fuerte tufillo al Plan Colombia, que ha convertido a las fuerzas armadas de ese país en el peón de brega que amenaza la soberanía de otras naciones de la región, con la asesoría de militares estadounidenses.

Nada sería más riesgoso para México que convertirse en la punta de lanza de la persecución de los migrantes centroamericanos, que por cierto tan mal son tratados en su paso por nuestro país, y más lastimoso sería que en adelante el gobierno estadunidense, porque ya sabemos que el que paga manda, se sintiera con derecho a entrometerse en la vida interna del país.

 

En la memoria

Que nadie lo dude, a dos años del fraude cometido por la mafia que le arrebató al pueblo un triunfo electoral legítimo, se mantiene la indignación y el entusiasmo por seguir en la lucha con el presidente legítimo, que no es otro sino Andrés Manuel López Obrador.

 
 
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