Frecuentemente oímos decir a personas, a veces prestigiadas y poderosas, que no hay que ser mojigatos ante quienes sólo desean divertirse. Si quieren ir a centros de entretenimiento de muy dudosa honorabilidad o meterse una droga, muy su gusto... esta actitud es gravemente perniciosa en dos sentidos:
Nosotros y los otros
Nuestra libertad termina donde comienzan los derechos de los demás, gustan de repetir a todas horas muchas personas. Debemos sorprenderlas con una noticia extraña: la libertad no es el único derecho de las personas. Habría que decir: nuestra libertad termina donde empiezan los derechos de los demás. Y nosotros afectamos cotidianamente a las otras personas con mayor frecuencia e intensidad de lo que quisiéramos reconocer. En el caso que nos ocupa, frecuentar los antros puede mantenerlos en el negocio, favorecer a unos sobre otros (con sus características agradables y perniciosas) , reducir la oposición a ellos... Y sí, los antros pueden promover ciertas costumbres antisociales, molestar a los vecinos y cambiar el estilo de vida de la sociedad.
Los malvados moralistas y los morales abolicionistas de las normas
Marcelo Ebrard Casaubón, siendo secretario de Seguridad Pública del DF, declaró muy orondo que para el 2 de agosto siguiente su dependencia habría capturado a los nueve delincuentes más buscados de su entidad. Muy poco después decía que para el 2 de agosto tendrían la lista de esos delincuentes. Cuando finalmente presentó su listita nuestro ambicioso político, ¡incluía a personas que estaban en la cárcel!
Autoridades que no saben a quiénes han metido a la cárcel, uno puede esperar cualquier cosa. En Puebla recordamos casos lamentables, recientemente protagonizados por una férrea procuradora que aparentemente creía que podía hacer cualquier cosa, y que trató de hacerlo efectivamente. Quizá no debiéramos sorprendernos de que una operación policiaca ostensiblemente lanzada contra los operadores de un antro que supuestamente vendía drogas y alcohol a menores (finalmente algún mago escamoteó la famosa droga, sin que eso pareciera molestar a la Policía en lo mínimo) se convirtió en una agresión sañuda a esos clientes menores de edad.
Y todo el mundo reconoció que había mucho más de fondo, lo que suscita la duda de por qué, si todo el mundo sabe de tantas anomalías, nadie hace nada. Las policías y agencias del MP no parecen estar en vías de reforma, ni parece que se esté elaborando manuales de operaciones que les dejen claro cómo se clausura un antro que no cumple con las normas, o que el enemigo en ese caso no son los clientes, sino los comerciantes. Nada indica que las autoridades competentes vayan a hacer algo para evitar que los establecimientos mercantiles funcionen en condiciones poco adecuadas. Una cosa es negar a otros el derecho de censura, otra que nuestras acciones dejen de tener consecuencias, de manera que hay que prever los resultados de lo que hacemos, por muy libres que nos sintamos. Distrito Federal, Puebla y demás entidades de la República: prestemos atención...
*El autor es académico de la Universidad Iberoamericana Puebla, la cual, en el marco de su propia visión y misión institucional, respeta la pluralidad de pensamiento de quienes colaboran en ella.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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