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Jueves, 3 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 ARISTAS DE LA CIUDAD  

La muerte y el arte

 

Ofrenda mortuoria con un modelo totalmente académico, con una herencia de actitud del Ro-manticismo, pero con Modernismo en su proyección emotiva
Elvia Sánchez de la Barquera

El ejercicio del arte funerario es una constante en las civilizaciones de todos los tiempos; su función es de marcador territorial y memorial, señalando espacio y tiempo para aquello que ha pasado. Por otra parte, la existencia humana es efímera y la vida siempre parece breve al hombre, frente a lo cual se instala la noción de inmortalidad.

Pura encendida rosa,
Émula de la llama,
Que sale con el día
¿Cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo?
(Francisco de Rioja, s. XVI)

Ha sido justamente una ofrenda mortuoria en Shanidar lo que ha indicado la presencia de los primeros seres con conciencia de belleza, de memoria, y de la muerte. Surgen las religiones y la aspiración de eternidad ¿Y qué mejor que el monumento para materializar tales deseos? ¿Qué mejor que el arte para unir lo efímero con lo eterno, para hacer presente el tiempo en el lugar?

Durante la antigüedad del Viejo mundo, sólo los monarcas eran merecedores del tributo del arte, con tallas de sus personas en los respectivos sarcófagos. Posteriormente, con la disolución del feudalismo, con la reconfiguración económica y social, la democracia se extiende e integra hasta la muerte, lo cual no repercute en nuestras tierras hasta ya muy entrado el siglo XIX, cuando el crecimiento demográfico, las epidemias y las Leyes de Reforma hicieron necesaria la construcción de cementerios, algunos comunales, otros particulares, entre los que destaca, en Puebla, el Panteón Francés, en el cual se pueden apreciar algunas de las mejores obras escultóricas de la ciudad. Unas anónimas, otras firmadas, pero, de las que se facturaron a principios del siglo XX, todas de admirable calidad. Estamos hablando de una época dorada de la escultura en Puebla, de la última academia que dejó magníficos ejemplares funerarios en todas las ciudades importantes del país. Es la época del gusto decorativo afrancesado en las artes, muy propio de la burguesía y que se impone como símbolo de modernidad, reflejándose en la escultura y la arquitectura de las grandes ciudades.

Me permito mostrar solamente un ejemplar de la década de los 20. Un modelo totalmente académico, con una herencia de actitud del Romanticismo, pero con Modernismo en su proyección emotiva. La revaloración de la materia también es propia de la época, en este caso el mármol blanco, posiblemente importado de Carrara, puesto que difiere en veta del que se explota actualmente en nuestra región. La postura es una influencia europea de Maillol o de Bartholdi. La levedad conseguida por los pies alejados del suelo se contrapone a la angustia sujeta en sus manos, cubriendo una expresión que no se ve, y sin verla se conoce.

 
 
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