“Sentencia, política y ecología son los principales temas” del poemario Despuntes y aglutinaciones, en los que profundiza Juan José Ortizgarcía, considera el también poeta Mario Viveros. En entrevista con La Jornada de Oriente, Ortizgarcía habla sobre su reciente libro, de su llegada a las letras y de la difícil tarea de escribir para el público más exigente: el infantil. Despuntes y aglutinaciones se presentó en la pasada Feria Nacional del Libro de la UAP, donde fue comentado por Alejandro Palma, Mario Viveros y Julio Eutiquio Sarabia.
¿Cuáles fueron sus inicios como escritor?
“Mi llegada a las letras se debe a dos causas: la primera de carácter sentimental y la segunda por cuestión social; sin embargo, analizar los temas sociales en un principio para mí fue muy difícil, por la complejidad que guarda un pronunciamiento político reunido a una propuesta estética.
“Fue difícil despojarme de ciertas cuestiones ideológicas, que estaban inmersas y muy obvias en mis poemas. Con Raúl Dorra trabajé mucho en entender el verdadero papel de la poesía como un producto estético. Me costó irme haciendo, más o menos el tiempo que tenemos este grupo de hacedores de las letras, que ronda en los 30 años de trabajo. Así, durante este tiempo surgió mi primer libro La parva y otras intenciones, luego le siguió Malabar de la memoria, y Despuntes es el tercero”.
¿Todos editados por la UAP?
“Sí, yo no me he apartado del árbol que me ha robustecido, desde el punto de vista de la publicación, donde también se ha decantado el trabajo de la gente de mi generación, que surgen de los talleres de Dorra, en los años 80. De ahí germinó una diversidad de proyectos que se fueron consolidando y desapareciendo hasta que cada uno tomó su rumbo para mejorar, como Julio Eutiquio Sarabia, Alejandro Meneses, Enrique Pimentel, Víctor Rojas y Gerardo Lino.
“Yo aparezco, en la galeríaestudio de La Cura, con la preocupación, que comparto con José Velásquez y José Ballesteros, de impulsar en la más humilde contribución a las artes plásticas. Además, estoy con la UAP porque no me interesan las becas, ni los premios, sólo escribo por necesidad, no por un reconocimiento”.
¿Por qué la inquietud y el desasosiego de hablar de temas políticos y ambientales, no muy habitualmente asociados con la poesía?
“Porque no me he podido despojar de mis preocupaciones políticas, que plasmo en mis tres libros. Y no es una preocupación de panfleto, de pose o superficial, es una preocupación de formación ideológica, que viene desde los años 70, de la universidad.
“En lo que respecta a la advertencia, a la sentencia, es un tema que analizo porque la gente pasa por alto estas cuestiones que por lo general siempre traen secuelas. Y la ecología es una inquietud que tengo, derivada de la destrucción del agua, la tierra y el aire”.
“Hay que hacerle ver a la sociedad y a las instituciones, a los funcionarios, que estamos en peligro, porque ellos –los últimos– tienen influencia en las áreas de decisión; sin embargo, no resuelven y no contribuyen a entender el fenómeno del cambio climático, que va a traer como consecuencia el caos del medio ambiente y la desaparición de la especie humana”.
“Sin embargo, los aspectos de la política, la sentencia y la ecología son temas complejos que tomo desde una visión secundaria, porque lo prioritario para mí es el lenguaje, aunque soy muy proclive a la denuncia de las situaciones que atraviesa la sociedad en decadencia”.
El lenguaje sencillo del poemario Despuntes y aglutinaciones aproxima al creador con el lector. Partiendo de esta premisa, ¿qué tan cierto es que la poesía está escrita para una elite, para los más cultivados?
“Dada las condiciones culturales de nuestro pueblo, lo que pasa es que si tú como poeta haces más hermético tu lenguaje es muy seguro que no va a ser apreciado por todos los estratos sociales. Y viéndolo desde el punto de vista poético, si cumple con los propósitos de sensibilidad y conocimiento va a revelarse como objeto de arte, que trasmite algo nuevo, que impacta el espíritu y que intensifica el estado de ánimo.
“Eso es lo que debe importar: que el poema cumpla con su objetivo de transmitir algo al lector, al público”.
¿En qué propuesta literaria está trabajando actualmente?
“Hace dos años hubo un proyecto impulsado por la gente de la Universidad Iberoamericana de sacar una serie de plaquettes de poesía para niños, que acaban de salir hace como 20 días. Estos pequeños libros, de relato y poesía, son editados por Educación y Cultura. Uno de ellos es mío y se llama La feria celeste. A este proyecto también se han sumado Jorge Ayala, Abascal y Mariano Morales.
“Es lo más reciente que he hecho, pero a raíz de lo interesante que resultó trabajar para niños, ahora me encuentro escribiendo el poemario Leocadio y las canicas rojas”.
¿Qué tan difícil es escribir para un público tan exigente como lo es el infantil?
“Mucho, es muy difícil. La escritura para niños es más complicada porque, como poeta o creador de las historias, ya no estás en esos años, cuando cualquier objeto o el medio natural te despertaba una enorme imaginación, ya no tienes cinco, siete o 10 años de edad. El universo infantil es otro mundo.
“Leocadio y las canicas rojas está hecho para que los papás lean a los niños, porque ellos, como digo, pertenecen a otro universo, son más elaborados y tienen una imaginación muy desarrollada. Por eso, se debe contar con un buen argumento, una buena historia, para que se logre el propósito: fomentar la lectura a temprana edad, y con ello desbancar a la televisión, el gran limitador de la imaginación”.
Finalmente, Juan José Ortizgarcía explica que la poesía “viene desde adentro, no es exterior; la poesía es marginal y yo vengo de ahí”.