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Lunes, 30 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

“A 200 años de la Independencia, seguimos dependiendo editorialmente de España”

 

Juan Villoro el pasado viernes en la UAP / Foto: Abraham Paredes
(Yadira Llaven)
Puebla, Pue.

Tras participar en la mesa plenaria “La narrativa iberoamericana actual”, donde leyó el cuento Los culpables, que da título a su más reciente libro, La Jornada de Oriente abordó al periodista, cronista y cuentista Juan Villoro (México, 1956) en una conversación que derivó por su pasión futbolística; la literatura mexicana iberoamericana, la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro y su trabajo actual.

Villoro compartió, el pasado viernes, la mesa de lectura con los escritores Margo Glantz e Ignacio Solares, en una actividad que formó parte del XXXVII Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (IILI), que se realizó en el edificio Carolino de la UAP.

¿De dónde viene su afición al futbol? –se le preguntó.

En alguna ocasión, leyendo un libro de Martín Caparrós, un muy buen cronista argentino, se preguntaba por qué hay países que se aficionan tanto por el futbol, si nunca tienen oportunidades de ganar. Siempre ha sido enigmático para mí tratar de entender por qué los mexicanos en general nos aficionamos tanto por un deporte en el que tenemos pocas posibilidades internacionales. Por ello, para concebir una sociedad hay que entender la forma en que se apasiona, se divierte, cuáles son sus ilusiones populares y el futbol es eso. Durante el pasado mundial leí un artículo del periódico Independent, de Londres, donde Kofi Annan, cuando todavía era secretario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), dijo que envidiaba mucho a la FIFA porque tenía más agremiados que la ONU, y además les hacían caso.

Por otro lado, el futbol es un pretexto para congregar. Hay un libro que me parece extraordinario, y que no se lee tanto, de un filósofo mexicano, Jorge Portilla, que se llama La fenomenología del relajo, y este libro trata de las ceremonias y fiestas mexicanas, y en uno de sus pasajes dice que el motivo original de la fiesta tarde o temprano se disuelve a favor de la operatividad de estar juntos. El motivo puede ser una fiesta cívica, la muerte de la abuela, que uno de nosotros se vaya al extranjero… cualquier pretexto. Y en el futbol yo he visto esto, hasta una colectividad que los va a apoyar al extranjero, con el grito de guerra: sí se puede, que es una constatación de que la mayoría de las veces hemos dicho ni modo, no se pudo; no obstante, se la acaban pasando muy bien porque finalmente se desentienden del resultado.

Ser aficionado en México es un acto de autoengaño maravilloso y de enajenación, que nos permite hacer nuestro propio juego en las tribunas, incorporar deseos e ilusiones que no se van a saciar en la cancha, sino entre nosotros, entonces la manera mexicana de ver el futbol me ha permitido adentrarme en este misterio de la colectividad que por supuesto lo interesante es que es inagotable.

¿Cuál es la importancia de congresos como éste del IILI?

Primero nos permite a los escritores entrar en contacto con los profesores, con la gente que analiza nuestra obra. Me parece algo interdisciplinario, muy bueno, porque a veces estamos muy aislados, pese al internet, el fax y la mensajería. De pronto, los escritores vivimos más incomunicados de lo que estaba en su época Rubén Darío, cuando todos se mandaban cartas y se conocían. Es una ventana abierta a muchas latitudes.

¿Qué opina de que la UDLA haya cancelado de última hora el congreso y lo haya rescatado la UAP?

No sabía que la UDLA se había comprometido primero y que a la hora lo dejó… no tenía noticias.

En el contexto del congreso, ¿en qué nivel se encuentra la literatura mexicana dentro de la iberoamericana?

Creo que la literatura mexicana está muy bien, hay mucha variedad, es una literatura que no se reduce a dos corrientes, sino que hay escritores en la frontera que están haciendo cosas muy interesantes, gente que está cruzando géneros, voces de provincia, que no se escuchaban antes, como la literatura histórica, política, policíaca, están muy vigentes, pero lo que hace falta en México son lectores.

Por otro lado, lo que nos hace falta en América Latina es que nuestros libros circulen mejor. A 200 años de la Independencia, seguimos dependiendo de España y esto lo vemos no solamente en los libros, sino también en el futbol. Paradójicamente, la copa de futbol Libertadores ahora se llama Santander Libertadores.

Lo mismo pasa con las editoriales, si no publicas en España tus libros no circulan en América Latina. Esto es una desgracia, porque hay grandes escritores en Uruguay que no conocemos. Cuando viajo, si acaso, siempre me recomiendan libros buenísimos que no sabía que existían y que no han llegado aquí, porque el predominio de las editoriales españolas nos ha afectado mucho. Por eso yo, en los últimos tiempos, he tratado de publicar con editorial locales, como Almadía, de Oaxaca, y esto es una manera de ir reforzando nuestras propias editoriales.

En tiempos del franquismo, México era un baluarte de la edición y luego los españoles volvieron a ser los dueños de la pelota”.

De la reciente aprobación de la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro, donde se incluye el precio único, ¿cuál es su opinión?

Eso es muy bueno, porque la mayoría de los municipios del país, cerca del 90 por ciento, no tienen librerías. El precio único ha democratizado el acceso a los libros que más se venden. El gran problema que teníamos es que los supermercados se llevaban las ganancias, vendían con fuertes descuento los best sellers, los libros de texto y los de autoayuda, que son los que más se venden. Ellos tenían la ventaja respecto a los pequeños libreros, quienes sólo podían vender libros más especializados.

La Ley del libro premia a los libreros y fomenta que haya librerías. Hubo un veto absurdo de Vicente Fox en un momento muy rijoso de la política mexicana, porque era período postelectoral. Luego, todos los partidos se pusieron de acuerdo y por unanimidad en el Senado aprobaron la Ley del libro. Que bueno que se levantó el veto, aunque hace falta refinarla porque tiene lagunas”.

¿Cuáles serían estas lagunas; qué hace falta para que funcione cabalmente?

Problemas con las ferias, los descuentos. No soy un técnico, pero hay imperfecciones. Ahora, lo favorable es que se unieron Conaculta, la UNAM, el Fondo de Cultura Económica, la cadena de librerías Gandhi, la Cámara Nacional de la Industria Editorial, todos a favor de la ley, a excepción de los supermercados que defendía Fox.

Finalmente, el autor de El testigo y Safari accidental adelantó a este medio que se encuentra escribiendo una novela para jóvenes, entre 12 y 15 años. “Se llama El libro salvaje y es la historia de un libro que no ha querido ser leído, que está perdido en una biblioteca”.

¿Qué tan difícil es escribir para este público?

Mucho, porque hoy en día tienen otro tipo de intereses. Se está compitiendo contra los videojuegos, play station, nintendo, el chat y todos estos estímulos, pero siempre hay lectores potenciales con los que se puede convivir. El chiste es captar la atención a través de una buena historia, porque ellos son muy inteligentes y reconocen cuando una historia es buena o mala. Ahí está el caso de Harry Potter, que salió sin promoción y que se convirtió en un éxito impresionante entre millones de lectores.

 
 
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