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Lunes, 30 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Deportes
 
 

 TAUROMAQUIA 

20 años de El Relicario / V

 
Alcalino

T

emporada 1992. Si con esfuerzos se había conseguido prestigiar la plaza en lo concerniente a presentación del ganado, en 1992 ese logro se mandó soberanamente al trasto en favor del novillote. Casualmente, la faena del año y la cornada más grave registrada en los anales del coso del Cerro llegaron con el encastado y fuerte encierro de Xajay, la víspera de que Curro Rivera se despidiese de los poblanos ante una auténtica becerrada, corolario de una feria compuesta por nueve festejos, la más larga hasta ese momento. Se dieron en total 11 corridas y solamente tres novilladas, pues otra la suspendió una verdadera tromba (31.05.92), misma razón de que el 16 de septiembre Lomelín, Gutiérrez y Alberto Ortega mataran un solo Coyotepec por coleta.

El ganado. Si bien el trapío decayó de manera alarmante, hay que consignar que además de la soberbia corrida Xajay –la mejor por hechuras y juego–, Rancho Seco envió un lote grandulón aunque parado, y Sergio Rojas un encierro bravo y bien presentado con el que Alejandro Silveti dio su mejor tarde en Puebla. En cambio Coyotepec, cuyo debut supuso una muy grata sorpresa el año anterior, mandó por Año Nuevo una verdadera escalera, y Celia Barbabosa un sexteto estragado y mansurrón aunque no propiamente chico. Sí lo fueron en cambio los de La Paz, Carranco, José Ma. Huerta (bravo y emotivo) y Javier Garfias. De las novilladas (La Laguna, Coyotepec y José Antonio González) sobresalió sin duda la segunda, a la que Marco Camacho y El Zapata desorejaron.

Fueron premiados con vuelta “Próspero” de Coyotepec (01 .01.92: rabo ligerito para Ortega I), “Comandante” de La Paz (18.04.92: Gilio, 2 orejas), “Llorón” de Sergio Rojas (01.05.92; desperdiciado por El Chaval) y “Azul Rey” de Reyes Huerta (17.05.92: pueblerino rabo a Eloy), y hubo arrastre lento para “Ándale” de Celia Barbabosa (22.02.92: rabo a Jorge), “Suspiro” de Pepe Huerta (05.05.92: dos orejas por la mejor faena de Gilio), y de Reyes Huerta “Dulce Sueño” (17.05.92; rabito a Curro) y “Sereno” (oreja a Joselito Ruiz). No faltó, pues, ganado propicio. Pero el mal de la ausencia de seriedad ya estaba hecho.

Matadores. 19 en total, encabezados con 5 corridas por Alberto Ortega (3 orejas y un rabo facilón; también 3 avisos). Jorge Gutiérrez toreó 4 veces (4 orejas y rabo), 3 lo hicieron  Mariano (1 apéndice), Gilio (máximo triunfador de la feria con 6 orejas y, por desgracia, una cornada penetrante de vientre al banderillear a “Palomino” de Xajay: 16.05.92) y David Silveti (defraudó como eje de la feria, pues apenas obtuvo solitario apéndice de un bichito de obsequio). Con una corrida figuraron Alejandro Silveti (cortó, y muy bien ganadas, 3 orejas a un lote formidable de Sergio Rojas, 01.05.92), Mauricio Portillo (1 apéndice esa misma tarde), Joselito Ruiz (2 auriculares de juguete), y un largo etcétera donde caben Cavazos (3 y rabo), Curro Rivera (2 e ídem), y sin premios Miguel, los Capetillo, Manolo García, El Glison, El Chaval, Del Olmo, Villanueva, en plan de despedida, y Lomelín, que acababa de hacer lo mismo el año anterior.

Novilleros. Seguía progresando El Zapata (una oreja y perdió otra en su única actuación, 08.05.92) y se afirmaba Marco Camacho (2 tardes y 1 apéndice). Alejandro Ferrer toreó las tres novilladas sin justificación alguna, Lahoz no ratificó la excelente impresión de un año atrás y Manuel Díaz El Cordobés no dejó huella.

Fraternidad rejoneadora. En la corrida de Rancho Seco (03.05.92), como anticipo del mano a mano Glison–García Méndez, actuaron por separado los hermanos Octavio (tres avisos) y Karla Sánchez (uno y vuelta al anillo).

La faena: Mariano Ramos. Si bien hubo barata de rabos en beneficio de Cavazos y Rivera, y Jorge continuó su buena racha cortándoselo al noble “Ándale” de Celia Barbabosa, el trasteo de mayor envergadura, por lo difícil del encastado “Mechudo” de Xajay y la decisión y el dominio desplegados, correspondió esta vez al Maestro de La Viga Mariano Ramos Narváez (16.05.92). El animal, desbordante de poder y bravura, peleó de firme e incluso mató un caballo en el tercio de varas para llegar áspero y codicioso al de muerte. Pero Mariano, que había cuajado un gran quite por chicuelinas, premiado como el mejor de la feria, le plantó cara con su poderosa muleta, primero para desengañarlo y hacerse de él, y enseguida para correrle la mano con mando y temple ejemplares. Fue un trasteo predominantemente derechista, muy ligado y de enorme emoción y reciedumbre. Y aunque pinchó una vez, la oreja que por aclamación se le concedió estuvo ganada a toda ley. Así lo reconoceríamos los periodistas reunidos para discernir los premios de una feria tan larga como sembrada de triunfos apócrifos. No lo habían sido, por cierto, los de Gilio (que con “Suspiro” ligó lo que probablemente sea la más asentada y redonda de sus muchas faenas triunfales en El Relicario) y Alejandro Silveti (inspirado y artista como pocas veces con “Sevillano” de Sergio Rojas, al que toreó formidablemente al natural).   

Alcaldada. Con la suspensión de la novillada anunciada como cierre de feria el juez de plaza sentó un precedente nefasto al ordenar el inicio del festejo ya con la tormenta encima, en medio de la cual Morenito de Caracas lidió precariamente al primero y único novillo de la tarde, de Manuel de Haro, con los tendidos en plena desbandada. Tal maniobra le evitó a la empresa la obligada devolución de las entradas que previene el reglamento en caso de no haber sido estoqueado ninguno de los bureles anunciados. La censurable triquiñuela se repetiría más de una vez ulteriormente.

Vana lección. En cambio, un buen ejemplo que no se siguió lo dio el 20 de noviembre Muñoz Alcántara, al soportar la andanada de insultos proferidos por la Porra Apizaco y enseguida por la plaza entera cuando el citado juez negó una oreja a Alberto Ortega tras bullicioso trasteo rematado de infame chalecazo.  Ese día, la mejor faena la malogró con la espada Jorge Gutiérrez, aunque su importancia fuese tan relativa como la desmedrada presencia de los torillos de Garfias. Jorge no había participado en la feria por encontrarse en España, donde ese año llevó a cabo una corta y deslucida campaña.

Sergio González. Ignorado por las empresas, ninguneado en su propia tierra, ese año tomó la trascendental decisión de cambiar el oro por la pasamanería y hacerse banderillero. La fiesta ganaba un magnífico subalterno pero perdía un matador de innata finura y clásico concepto del arte. Una raya más al tigre de nuestra indiferencia.

 
 
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