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Lunes, 30 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 DEL HECHO AL DICHO  

Las graduaciones

 
Manuel de Santiago

Todo mundo hemos tenido y tenemos que ver con alguna graduación, nombre que arbitrariamente se da al acto o ceremonia en el que se da cuenta que los escolapios concluyen una etapa de su instrucción formal. Que quede claro que no se refiere a la obtención de un grado académico o licencia, porque no existe grado alguno para quien termina la educación básica o primaria ¿verdad?

Como somos un pueblo desmadroso, amante de las pachangas y los saraos, así como ávido por obtener títulos profesionales que reemplacen a los de nobleza que no existen en nuestro país, nos “viene de perlas” el celebrar las graduaciones de los chamacos de cualquier edad. Las hay desde el nivel “maternal” en el que los infantes aún se desplazan con marcha claudicante, muchos se zurran y mean en las noches y también algunos críos complementan su dieta de chicharrón con pelos con colgarse de la teta de su madre, quien acepta el riesgo de ser mordida a cambio del placer orgásmico que le producen los chupetones del infante dentado. Sé de un señor que fue padrino de una criatura que se graduó de maternal en una guardería del ISSSTE. El mamoncito cumplió apenas los tres años de edad y tiene por delante una prometedora carrera en el kinder.

Hoy hemos alcanzado una meta, pero no el final del camino. Con el sacrificio y amor incondicional de nuestros padres, con la ayuda invaluable de nuestros maestros que nos motivaron para salir adelante y con nuestro esfuerzo y dedicación hemos cumplido esta etapa y hemos aprendido a volar. Gracias... pero muchas ¡gracias! les damos a todos los que han hecho posible este día tan feliz para todos nosotros y les decimos que no los olvidaremos nunca, que siempre estarán presentes en nuestros corazones y que una de las cosas más importantes que hemos aprendido en esta escuela es... la amistad y que cuando alcancemos el éxito y nuestros sueños se hagan realidad, el espíritu de la Secundaria Federal número 9 “Niño artillero Narciso Mendoza” siempre estará acompañándonos. ¡A la bio... a la bao... a la bin, bon ban...!

Este podría ser, aparte de las remembranzas particulares y el anecdotario obligado en estos casos, parte del discurso de graduación de un chamaco de una escuela secundaria en cualquier parte de nuestro país. Elegí el nombre del niño artillero, porque me parece que la heroicidad y la profesión –al histórico infante– le vinieron en un segundo, cuando acercó la mecha prendida a un cañón cargado en el “Sitio de Cuautla” y el disparo de la pieza mató a algunos soldados y disuadió al resto de la tropa para tomar, momentáneamente, la posición. Eran tiempos de héroes y villanos, después de los tiempos de santos: todos tiempos de sacrificios.

La “graduación”, con grado o sin él, es un acto social de gran relevancia para las familias. Los educandos ofrecen el pretexto ideal para que se celebre el paso, el peldaño escalado en el proceso educativo formal, aunque el chamaco burro no sepa ni leer ni escribir medianamente bien; menos hacer cuentas, ni tener la menor idea de las ciencias naturales, la geografía elemental ni la historia verdadera. Cosa que sabemos bien los que nos hemos dedicado en algún momento a la instrucción superior.

Junio es el mes de las “graduaciones”. Para graduarse se necesitan muchas cosas, pero lo principal es cubrir hartos trámites y tener lana suficiente; no es tan fácil como pudiera parecer. Por lo pronto cualquier intento en ese sentido debe pasar por estar al corriente en las colegiaturas y pasar a pagar los adeudos, como rezan las circulares de escuelas particulares y oficiales. La siguiente semana trataré de abordar el asunto de los preparativos, de los costos y de las ceremonias de la “graduación”.

 
 
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