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Viernes, 27 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Salud
 
 

 EPIDEMIO-LÓGICA 

Vázquez Arroyo toleró anomalías de corralones privados

 
José Gabriel Ávila-Rivera

Por alguna razón que no me explico, el significado de las palabras siempre ha ejercido un efecto fascinante, sobre todo cuando no son de uso común y tienen el “aderezo” de alejarse del área en la que me desenvuelvo, es decir, de la medicina. Leyendo un artículo me encontré con la palabra sicalipsis. Aceptando con toda humildad mi inconmensurable ignorancia, recurrí a uno de los libros que más me seducen y que suelo consultar con mayor asiduidad (el Diccionario de la Real Academia Española) en donde encontré que la etimología es griega, de dos vocablos: sykon que quiere decir higo y aleipsis que significa untar o frotar, para después agregar que simboliza la “malicia sexual o picardía erótica”. Inmediatamente llegó a mi memoria una plática que recientemente tuve con un respetable médico que posee una particular sabiduría de la vida (y que por cierto está leyendo estas letras). Me decía con toda seriedad, pero también con la sicalíptica intensión de hacerme una broma, que me cuidara mucho pues el exceso de actividad sexual estaba involucrado en un incremento sustancial del riesgo de padecer cáncer. Obviamente objeté muchas cosas, que contradecían lo que decía el maestro. Fijando su mirada fría en mi rostro, tratando de indagar hasta qué punto yo adoptaba posturas de abuso en mi conducta sexual, le cuestionaba cuáles argumentos podría esgrimir para afirmar su aseveración. Hablando en términos bioquímicos y fisiológicos (seguramente inventados) caí en la trampa y me puse a investigar hasta qué punto eran ciertos sus alegatos. Cosa curiosa (que en estos momentos debe estarle provocando a mi maestro sonoras carcajadas), lo cierto es que en esta investigación aparentemente infructuosa, hallé información de todo tipo.

Un estudio llevado a cabo en la Facultad de Odontología de la Universidad de Malmo en Suecia reveló que las prácticas de sexo oral en individuos con infección del Virus del Papiloma Humano tienen alto riesgo de contraer cáncer de boca. Ya se había demostrado la alta incidencia de cáncer cérvicouterino en mujeres con la infección de ciertas cepas de este virus; pero ¿cómo se puede contagiar? El problema real gira en torno a que muchas veces la infección es asintomática, es decir, que no da manifestaciones. De ahí que la recomendación de los odontólogos que investigaron esto, derivó en la prohibición de esta práctica. Curiosamente, los sexólogos no solamente plantean que no es mala sino incluso, la alientan. ¿Quién no la ha practicado? ¿Quién está en disposición de aceptarla libremente? Y la primera respuesta ante esta prohibición sería que en la actualidad, por su alta frecuencia a lo largo de toda la historia de la humanidad, prácticamente todos tendríamos cáncer oral.

En lo personal mi recomendación giraría en torno a evitar las relaciones de promiscuidad; es decir, con varios individuos o con personas desconocidas. Sólo con tu pareja, dirían los encargados del control de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS). Muchas ideas de sicalipsis podrían generarse a través de esta imagen; pero pensando en que este sería un buen nombre para una “Discoteca” de las actuales (en lugar de “News Divine” o “Lobohombo” que constituyen una triste memoria histórica de la histérica corrupción en nuestro país), pienso en la picardía y de inmediato me traslado mentalmente a Mérida, con sus tradicionales “bombas yucatecas” y su extraordinario humor, donde sobresale el poeta Felipe Salazar Ávila, que conocido como “Pichorra” escribió versos como el siguiente, que muestran claramente el significado de la sicalipsis: 

Un par de estrellados

El último rubor quedó vencido;
cayó su camisón color de rosa
y ante su nívea desnudez de diosa
arrodílleme absorto y conmovido.
Besé todo su cuerpo sometido
a mi pasión insana y lujuriosa
y empecé la tarea deliciosa
de introducir el pájaro en su nido.
Cuando al fin, a la gloria transportados
nos sentimos llegar, aquella hermosa,
palpitante de amor, henchida el alma,
tiróse un par de pedos, tan tronados,
que tuve que bajar con toda calma
a recoger mis “huevos estrellados”

 
 
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