Ingrata tarea recuperar al IFE para la democracia
Según el artículo sexto de la Constitución: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa...” A su vez, el artículo séptimo de la propia Carta Magna, establece la inviolabilidad de “la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura...” A pesar de esto, en un arranque de arrogancia y prepotencia, pretendiendo que puede dictar lo que deben o no deben decir los partidos políticos formados por ciudadanos en pleno uso de sus derechos constitucionales, el Instituto Federal Electoral (IFE) decidió, así decidió pasar por encima de la Constitución y censurar los promocionales del PRD y el PT donde se considera como “presidente Legítimo” de la República a Andrés Manuel López Obrador.
En el debate, Leonardo Valdés, el presidente del Consejo del IFE se atrevió a decir que “El IFE no censura ni coarta las libertades, sino que de acuerdo con la voluntad del legislador (imagínese usted echarle la culpa del desatino al legislador que ni siquiera puede defenderse), hace preservar las instituciones de la democracia representativa, para que estas funcionen”. Así es que llamar “presidente legítimo” a quien lo es por voluntad de una asamblea ciudadana, atenta contra las instituciones de la democracia –que para ser democráticas lo deben demostrar que lo son y no sólo parecerlo– que no pueden funcionar porque nombrar a Andrés Manuel López Obrador “presidente legítimo” lo impide.
Las desproporcionadas funciones que se auto atribuye el IFE y sus complicidades, conscientes o no, con el poder, han hecho de este instituto que nació con tantas expectativas centradas en la mejoría de la democracia electoral, lo han hundido en el desprestigio y, hoy, muchos sospechamos de sus decisiones porque no contribuyen a mejorar el ambiente político del país y si lo enrarecen y perturban.
Ante esta desolada imagen que ofrece el IFE, gratifica que Alfredo Figueroa Fernández haya sido designado Conejero del Instituto. Al parecer, llega al cargo sin ningún otro compromiso más que con la democracia. Por eso, frente a otros consejeros amafiados, está en ventaja para emprender una que parece ser ingrata pero indispensable tarea: contribuir a recuperar el prestigio y la confianza ciudadana que alguna vez tuvo el IFE.
Dada la magnitud de la hazaña, no sé si le deba felicitar o compadecer. Talento tiene –lo demostró aquí en Puebla siendo consejero ciudadano– y entusiasmo le sobra para emprender ese trabajo que, esperamos, termine redundando en beneficio de la democracia electoral del país.
¿Creerán que no nos damos cuenta de la burla?
Sin una política económica que permita al campo mexicano producir los alimentos que demandamos los mexicanos, el gobierno de Calderón acude a las campañas mediáticas pretendiendo con ellas burlarse de la buena fe del pueblo mexicano que observa, cada vez con mayor desesperación e irritación, la imparable carestía de los alimentos básicos.
En una sorpresiva medida, desde Los Pinos el señor Calderón (espero que llamarlo así, señor Calderón, no impida el funcionamiento de las instituciones democráticas del país), anunció el congelamiento del precio de 24 productos en 150 presentaciones. Claro, el anuncio se hizo después de que los precios de esos productos se habían incrementado, es decir, se oficializó el alza de sus precios que, dicen, se mantendrán sin cambios hasta diciembre de este año. Pero como dicen los empresarios que no es congelamiento de precios sino “pacto de honor” tal vez ni se cumpla ¿desde cuando las ganas de optimizar las ganancias tiene honor y firma pactos?
Pero nada tendría de criticable la medida, eso sí insólita por populista ni sería una burla a nadie, si los productos incluidos formaran parte de la verdadera canasta alimenticia de los sectores populares. Pero en la lista de los congelados, predominan las bebidas “alimenticias” de sabores, los jugos, los thés de todo tipo –desde verdes hasta los de pasiflorine–, néctares de la marca Sonrisa; también hay condimentos como el achiote, las hojas de perejil deshidratadas, la pimienta negra molida, la sal con ajo y pimienta verde, puré de tomate condimentad tipo catsup, así como salsas para espagueti de champiñones y cuatro quesos, mermelada de fresa, postre –faltaba más– estilo flan, en fin todos estos y más productos que forman parte de la mesa cotidiana del pueblo trabajador o como dijo el señor Calderón “todos productos básicos que son de enorme consumo popular”.
De esta manera, como se trataba de beneficiar a la población de menores ingresos no se incluyeron otros productos como los aceites comestibles, el arroz, el pan, el frijol (bueno si se incluyeron varios tipos de frijol pero en lata de esos de amplio consumo entre la población) y muchos más que seguramente no son de amplio consumo, pues quienes los adquieren cada vez tienen menos dinero para comprarlos.