Todo comenzó el 24 de mayo. Beth se fue a trabajar muy temprano al Colegio Americano, en la ciudad de Puebla. Cuando regresó a su casa, a las 13:30 horas, encontró a la pequeña Isabella con los pañales llenos de sangre. Alarmada, acudió con un médico particular, quien le dijo que la infanta tenía una infección en el estómago y le recetó dos medicamentos, los cuales no causaron ningún efecto.
“Le llamé a mi hermano que está en Estados Unidos y es doctor, él me dijo que llevara a la niña al IMSS porque era una emergencia extrema, y que si no la atendían rápido podía morir”, narró a la reportera.
Isabella padecía invaginación intestinal, lo cual puede explicarse en términos de dominio público como la introducción de un segmento del intestino dentro del mismo órgano, lo cual supone necesariamente que el orificio por el que inicia la digestión de los alimentos quede obstruido, con el riesgo de generar una peritonitis.
En el episodio más grave de la enfermedad, se presenta secreción de líquido intestinal y llega la muerte, según explicó José Vergara Rodríguez, cirujano pediatra del Hospital de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
El especialista indicó que el sector médico desconoce las causas que originan el padecimiento, pero señaló que el problema es más común en los niños, específicamente en los bebés de seis meses.
Los síntomas, detalló, son cólicos muy fuertes, llanto, y cuando el caso debe ser atendido con urgencia, hay evacuaciones con sangre y vómito.
Lo alarmante, advirtió, es que si a un bebé que ya defeca sangre y tiene vómito no se le atiende en las primeras 12 horas, pierde la vida.
La negligencia
El calvario para Luis Reza Hernández y su esposa Berth Anne Witten comenzó a las 17:30 horas del 24 de mayo, cuando acudieron a urgencias del hospital de la Margarita del IMSS y la recepcionista del área de urgencias, a pesar de ver el estado de la niña, les dijo que tenían que esperar 10 turnos para que un médico la revisara.
“Mi hija se estaba deshidratando, seguía obrando sangre, entonces fui y le pregunté (a la recepcionista) que qué podía hacer, porque mi hija estaba muy mal y era una emergencia; ella me respondió que lo único que podía hacer era irme a San Alejandro o San José. Como el segundo estaba más cerca fui para allá ignorando el sistema del seguro social”, comentó.
Anne y Luis se trasladaron al hospital de especialidades de San José, donde tampoco aceptaron el ingreso de la pequeña, bajo el argumento de que no había pediatría.
Tras deambular, llegaron al hospital de San Alejandro alrededor de las 20 horas con Isabella en peores condiciones. La sala de urgencias estaba llena y también la rechazaron, porque no llevaba el pase del nosocomio de la Margarita y no sabían si estaba afiliada al IMSS. Cuando los angustiados padres le solicitaron a la recepcionista que verificara el registro de la niña en su base de datos, la empleada les respondió simplemente que su sistema de cómputo estaba averiado.
“La asistente me rechazó porque me dijo que yo tenía que haber ido a mi clínica –en la Margarita–, le expliqué que de allá venía, pero no me creyó, me pidió el pase, yo no lo tenía porque en el otro (hospital) no me lo dieron; desesperada, le pregunté qué que podía hacer si ya había ido a la Margarita y a San José y no me atendieron”. La asistente, déspotamente, respondió: ‘¿Entonces qué, yo la tengo que atender?”.
La madre de Isabella comentó que fue hasta que el novio de su otra hija habló con algunos integrantes del sindicato del IMSS que la encargada de urgencias recibió a la bebé.
No obstante, antes de pasar a la pequeña al área donde le harían los análisis para diagnosticar su estado de salud, la encargada de urgencias del turno vespertino obligó a los padres a firmar un pagaré de 130 mil pesos para que los médicos pudieran operarla.
A las 4 de la mañana Isabella entró al quirófano; la operación fue un éxito. “Los médicos y las enfermeras que la atendieron se portaron muy profesionales, son excelentes”, manifestaron los padres de la niña.
“Nosotros no tenemos ninguna queja del servicio médico del IMSS, del que si no decimos lo mismo es del personal administrativo; son unas personas prepotentes, ineptas, burócratas y poco sensibles con los pacientes”, dijo el padre, y su esposa asintió.
El 25 de mayo, Isabella fue dada de alta, pero para poder salir del hospital y que no se hiciera válido el pagaré, sus papás tuvieron que llevar tres copias de su acta de nacimiento, de la hoja rosa, de su comprobante de domicilio, así como de los documentos migratorios de Anne porque es extranjera, a pesar de que todos esos papeles ya los había entregado al IMSS cuando se dieron de alta en el sistema de seguridad social.
El médico Vergara Rodríguez informó que en Puebla anualmente se diagnostica un promedio de 60 niños con invaginación intestinal. Por género, es en los hombres donde se presenta con más frecuencia.