Ayer el Banco de México (Banxico) publicó el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) de la primera quincena de junio, en donde destaca que Puebla fue la ciudad con menos inflación en lo que va del mes con una tasa de –0.03; sin embargo, en el acumulado anual, tuvo la ciudad presentó un aumento de precios de 6.70 por ciento, por arriba del promedio nacional que fue de 5.28.
Morales destacó que Puebla siempre se ha caracterizado como una de las ciudades más caras del país –aun por arriba de las fronterizas–, porque las autoridades estatales poco han hecho por tratar de detener los precios de los productos y servicios, dejando todo a la libre oferta y demanda. “Ha faltado voluntad política del gobierno del estado para unir a los diversos sectores económicos, sindicatos y empresas para establecer pactos que ayuden a detener el proceso inflacionario”.
El gobierno del estado tiene mucho que hacer, como convocar a los diversos sectores productivos para poder detener los precios de por lo menos los productos básicos, ya que repercute en la clase trabajadora que sigue recibiendo los mismos aumentos pactados desde inicio de año.
El aumento de precios en Puebla se ha presentado particularmente en las frutas frescas y hortalizas, hay estudios donde estos dos subsectores han incrementado más de lo normal y el precio del agua embotellada ha aumentado 13.8 por ciento con respecto a otras ciudades, señaló el analista.
El investigador también destacó que Puebla es un estado donde la especulación y el “coyotaje” se da fuertemente, los revendedores tienen los productos pero los almacenan hasta que aumenta el precio, eso se vio el año pasado, cuando aumentó el kilogramo de tortillas por la “falta” de maíz.
De acuerdo con el Sistema de Estudios Económicos de BBVA Bancomer, la intensidad de los aumentos ha sido mayor a la que contemplaba. Por lo que la tendencia alcista registrada junto a la persistencia de precios elevados de alimentos en el mercado internacional y el relativo vigor de la demanda interna aumenta el riesgo de que la inflación interanual se sitúe por arriba del 5 por ciento estimado para el segundo trimestre del año.
El pico de mayor inflación (que se estimaba en mayo–junio) pudiera prolongarse hacia julio, dependiendo de la eficiencia de programas públicos para contener nuevas alzas en alimentos; el grado de impulso de la obra pública, y el grado de desaceleración de la economía. Para junio la inflación pudiera situarse a 0.42 por ciento tanto para la general como para la subyacente (estimados anteriores 0.23 y 0.4 por ciento, repectivamente); así, la inflación interanual se situaría próxima a 5.3 y 5 por ciento, respectivamente.