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Miércoles, 25 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

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Expectativas/I

 
 
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    Sergio Cortés Sánchez

    La renovación de gobernantes cataliza las expectativas de bienestar: de los nuevos mandatarios esperamos que sean honestos, honrados y que cumplan sus propuestas de campaña: hace tres años lo deseamos del recién electo presidente municipal Enrique Doger Guerrero; hoy, de Blanca Alcalá Ruiz. Del primero creíamos que por su condición de ex rector de la UAP nos ofrecería una gestión diferente a la de los ediles del PAN y del PRI; de la segunda, por su condición de mujer se espera una gestión que no robe, no mienta y no traicione. Satisfecha esa exigencia ética, también se les demandó que ayuden y escuchen a los pobres: que combatan la inseguridad pública; que proporcionen servicios públicos de calidad y, construyan obra pública que permita mejorar las condiciones de vida de los habitantes del municipio de Puebla. La conducta política registrada a los 100 días de gestión de Enrique Doger es idéntica a la observada a los 100 días de la administración de Blanca Alcalá.

    En el ámbito de las colonias, a Doger se le exigió primordialmente servicios, infraestructura y combate a la inseguridad; a Blanca Alcalá se le exige, además, una administración eficiente y honesta, y que atienda el desempleo y la pobreza. En tres años (2005 a 2008) cambió la intensidad de los problemas del municipio: la inseguridad bajo del 50 al 36 por ciento y la demanda de obras y servicios cayó del 33 al 22 por ciento; en cambio, la percepción de una mala administración pasó del  2 al 22 por ciento y el desempleo pasó de 6 al 11 por ciento. Hoy son menos los ciudadanos que creen que el principal problema del municipio es la inseguridad o la dotación y calidad de la obra y de los servicios públicos, y no es que se hayan resueltos estos problemas, sino es que hay otros más dramáticos, como lo son la ausencia de empleos suficientes y bien remunerados y la ineficiencia y corrupción administrativa en los tres niveles de gobierno y en los tres poderes de la unión.

    De Blanca Alcalá se espera coherencia y congruencia entre sus actos y sus dichos y que el nominativo (Blanca) sea el sustantivo (honradez) de la gestión municipal. Dicho en los términos de cada 100 ciudadanos residentes en el municipio de Puebla: 27 dicen que no debe robar, mentir o traicionar; 26 quieren que combata la inseguridad, 18 esperan que genere empleos en tanto que siete desean obras y servicios públicos. Convertidos en asesores ex oficio de la gestión presidencial, el 36 por ciento le aconseja a la presidente que sea honrada, honesta, que cumpla sus promesas y que ayude a los pobres; el 17 por ciento le propone que genere empleos; el 15 por ciento que combata la inseguridad y el 9 por ciento le sugiere obras y servicios públicos. Expresado en compromisos, los ciudadanos del municipio de Puebla estarían dispuestos a combatir la inseguridad pública, a obrar con apego a principios éticos universalmente aceptables (no robar, no mentir y no traicionar) y a gestionar y ejecutar obras y servicios públicos en beneficio de la colectividad. En esos términos, la acción ciudadana que emprenda la actual presidente municipal gozará de la cabal aceptación de la ciudadanía.

     
     
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