La aprobación de la nueva Constitución tlaxcalteca debería llevar a la reflexión de los diputados perredistas. Nadie puede argumentar que la reforma fue un asunto de mayoriteo. A las minorías les faltó conocimiento y argumento.
La LIX Legislatura refleja, sin duda, las diferencias que prevalecen en la sociedad tlaxcalteca del siglo XXI. Si la sociedad es diversa, las unanimidades resultan peligrosas, no así los consensos.
La aprobación es posible cuando se cuenta con el conocimiento y, el convencimiento de que las muchas visiones de la realidad pueden conjugarse en una que produzca múltiples finalidades que beneficie, de distinta forma, a todos.
El Partido de la Revolución Democrática poca incidencia tuvo en la discusión de la nueva Constitución. Les replicaron la experiencia de cuando ellos eran mayoría, nunca dieron ejemplo de que la vida legislativa fuera distinta a la que se vive hoy.
Los diputados locales del PRD tampoco han dado muestras de que entre ellos se hace uso del conocimiento, de la investigación, de la reflexión. No han querido –o no han podido– integrar un Centro de Estudios Legislativos que apoye su labor.
La queja, la protesta y la descalificación, lo único que logra es distanciar a la sociedad de sus legisladores, cuando lo que se requiere es mantener permanentemente una alianza entre éstos y los ciudadanos.
Sirva esta experiencia para que la izquierda se ponga a crear, junto con la sociedad y su partido, una entidad que le permita construir y socializar verdaderas propuestas alternativas y no sólo discursos hueros.