“No dejaré de señalar que lo más ingrato del oficio son los salarios”, aseveró el traductor del periódico La Jornada Jorge Anaya al participar en el ciclo de conferencias “Los lenguajes del saber”, organizado por la Escuela de Lenguas de la Universidad Autónoma de Puebla.
El traductor comentó que el periodista Gerardo Deniz hace tiempo rastreo el origen de la injusticia económica que sufren los traductores actualmente, la que inicio con el éxodo español de la Guerra Civil, “cuando la necesidad impulsaba a muchos transterrados a aceptar miserias pagadas por excelentes traducciones, costumbre que se ha propagado por toda la industria editorial y prevalece hasta la fecha, con honrosas excepciones”.
Durante su ponencia La traducción como servicio, el también escritor, redactor y corrector dijo pertenecer a la que quizá sea la última generación de redactores a quienes no se exigió titulo profesional para ejercer o para aspirar a un puesto en la industria editorial o en el periodismo: “Soy un indocumentado de la profesión”, dijo.
La mayor parte de su formación la realizó en la extinta Editorial Novaro, empresa comercial que desapareció en 1985. Ahí se hizo cargo de la producción de libros de entretenimiento, en su mayoría versiones al español de títulos estadounidenses.
El ponente explicó que un texto traducido debe dar la impresión de haber sido escrito originalmente en español y no ser una cuestión de sólo evitar anglicismos. La abundancia de voces pasivas –dijo– los adjetivos en fila antes del sustantivo, los pronombres personales y artículos innecesarios, son los rasgos más frecuentes en una mala traducción del inglés.
Para Anaya no existe la seguridad de que la traducción sea o pertenezca a un género literario como tal, y tampoco coincide con la idea de que la traducción sea una recreación, con excepción de la poesía; sin embargo, considera que un poeta que pretende pulir o mejorar en alguna forma la intención del autor cometería una especie de “traición literaria”.
Aseveró que la traducción sí es un oficio con servicio, ya que tiene la finalidad de poner al alcance de un lector un texto que a éste le interese, sin importar el uso que le dé, y la tarea será facilitar al lector que alcance ese objetivo, sin apartarlo de la idea original con una interpretación incorrecta.
Finalmente, resumió que el trabajo de traducción en la actualidad debe integrar tres fidelidades: al autor, al lector y su derecho a conocer un texto con todas sus calidades, y a su propia lengua.
Jorge Anaya es actualmente el traductor de inglés en el periódico La Jornada, y ha sido responsable de textos periodísticos en español de Robert Fisk, Imamanuel Wallertein, James Petras, Edgard Said y Molly Ivins.