Hace justo dos semanas, la Junta de Buen Gobierno El Camino del Futuro, denunció la incursión militar de 200 soldados, así como de judiciales y policías en los pueblos zapatistas de Hermenegildo Galeana y San Alejandro, del Caracol de La Garrucha. El silencio mediático fue casi absoluto. Tanto La Jornada como La Jornada de Oriente, describieron los hechos y alertaron sobre la situación. Sin embargo, el promedio de los mexicanos se informan a través de los espacios noticiosos de radio y televisión, y como estos programas ignoraron la denuncia, para la gran mayoría de las audiencias, no pasa nada. La tele no lo ha dicho.
Esta situación sería una anécdota más, de no ser por el claro cerco mediático que hay sobre cualquier alusión al tema zapatista. Lo paradójico es que pese a existir opciones informativas alternas a las grandes industrias mediáticas, los ciudadanos se conforman con el mínimo esfuerzo. No hay búsquedas y las opciones existentes son frecuentadas por muy pocos.
En el texto Diferentes, desiguales y desconectados, Néstor García Canclini reflexiona sobre los mapas de la interculturalidad y presenta un concepto que se aplica cabalmente a la situación mediática que afecta a los ciudadanos: los derechos conectivos, “o sea, la participación en la industria cultural y en las comunicaciones”.
La CEPAL y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos ofrecen un esquema operativo para tratar diferencias, desigualdades y desconexiones. En este breve texto, estoy interesada en la última categoría. El estudio referido amplía la noción de derechos culturales y muestra que la valoración de las diferencias debe complementarse con los derechos conectivos.
La tragedia es que muchísimos mexicanos que tienen la infraestructura para estar cabalmente informados, no hacen el mínimo intento por salir de la inopia. “El acceso y desigual a las industrias culturales, sobre todo a los bienes interactivos que proveen información actualizada, ensanchan ‘las distancias en el acceso a la información oportuna y en el desarrollo de las facultades adaptativas que permiten mayores posibilidades de desarrollo personal, generando así menores posibilidades de integración socioeconómica efectiva”, señala García Canclini.
Entonces el drama reside en que los zapatistas están prácticamente solos, porque las industrias mediáticas los tienen cercados, y los ciudadanos que podrían estar bien informados porque tienen posibilidades de conexión, simple y sencillamente no están interesados, y están desmovilizados.
La efectividad de la transmisión de información basura es elocuente. Según la revista Hola que lleva en portada a Edith González y a su pequeña hija, la revelación de que la niña era hija del senador panista Santiago Creel, generó mil 200 notas en dos días. En contraste, la información de los pueblos zapatistas hostilizados hace apenas dos semanas, ha tenido una mínima atención de la industria de la información.
En el texto “Sentir el Rojo: El calendario y la geografía de la Guerra”, el Subcomandante Marcos señala que “Como hace tiempo no ocurría, nuestras comunidades, nuestras compañeras y compañeros, están siendo agredidas. Ya había pasado antes, es cierto. Pero es la primera vez desde aquella madrugada de enero de 1994 que la respuesta social, nacional e internacional, ha sido insignificante o nula.” De este señalamiento han pasado seis meses. Hoy parte una misión de acompañamiento a La Garrucha. Van los conectados… Usted, ¿está conectado o desconectado?