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Miércoles, 18 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACIÓN  

Las piernas, un paso a la longevidad

 
Rafael H. Pagán Santini

Una vida físicamente activa requiere de unas piernas saludables. Existe una correlación muy fuerte entre la velocidad en el caminar y los niveles de movilidad. Las personas adultas mayores que caminan muy despacio y que tiene muy poco balance son muy proclives a caerse. Este tipo de personas usualmente no salen de su casa y su movilidad se limita a áreas muy restringidas.

El poder caminar con paso firme requiere de niveles de fortaleza muscular así como de un adecuado control neuromuscular unido a lo que en la neurociencia se llama propiocepción, que es el darse cuenta de la posición del cuerpo y de sus propios movimientos. Las actividades aeróbicos acompañados de ejercicios de resistencias retrazan o restauran la perdida de la movilidad, lo que redunda en un mantener la capacidad para una vida libre e independiente.   

Con los años las piernas pueden verse afectadas por la insuficiencia venosa crónica (IVC). La IVC se manifiesta en una diversidad de signos, de los cuales los más obvios son las venas varicosas y las ulceras. Estas últimas pueden ser muy dolorosas lo que provoca que la persona no desee caminar, se aislé de la vida social y se deprima. Esta condición afecta la calidad de vida, particularmente cuando se acompaña del dolor que impide el buen funcionamiento físico y la movilidad.

Las piernas contiene dos grupos principales de venas: las superficiales, ubicadas en la capa gruesa debajo de la piel, y las profundas, localizadas en los músculos. Existen unas venas cortas que conectan las superficiales con las profundas. Cuando una persona está de pie, la sangre debe enfrentar la presión hidrostática que se ejerce sobre ella y circular desde las venas de las piernas hacia arriba, hasta alcanzar el corazón. Al igual que cuando se aprieta un tubo de pasta dentífrica, la compresión de las venas profundas por los músculos de la pantorrilla empuja la sangre hacía arriba. Estas venas transportan más del 90 por ciento de la sangre que va de las piernas al corazón.

Para mantener este sentido ascendente del flujo sanguíneo, las venas contienen válvulas de una sola dirección. Cada válvula está formada por dos mitades (cúspides) cuyos bordes hacen contacto entre sí. La sangre empuja las cúspides, que se abren como un par de puertas, pero cuando la sangre tiende a retornar en la dirección opuesta, forzada por la gravedad, empuja las cúspides para que estas se cierren.

La IVC es una situación clínica generada por la hipertensión en las venas superficiales debido a un mal funcionamiento en las válvulas venosas. Puede originarse como un proceso espontáneo en el sistema venoso superficial o responder a cambios postrombóticos del sistema venoso profundo. Al margen de la diversidad de signos y síntomas asociados a la insuficiencia venosa crónica, parece ser que todos están relacionados con la hipertensión venosa. En la mayoría de los casos, la hipertensión venosa está causada por el reflujo sanguíneo debido a válvulas disfuncionales. En otros casos la hipertensión venosa ocurre debido a la obstrucción del flujo venoso y al fallo de la “Bomba Muscular”, el cual es fundamental para la bipedestación y para el aumento de flujo requerido durante el ejercicio, debido a la obesidad o a la inmovilidad de las piernas.

Las varices o venas varicosas son venas superficiales dilatadas. La causa precisa de las varices se desconoce, pero probablemente se debe a una debilidad en las paredes de las venas superficiales, que pueden ser hereditarias. Con el paso de los años, la debilidad hace que las venas pierdan su elasticidad. Se estiran y se vuelven largas y más anchas. Toman forma tortuosa de aspecto serpenteante. El ensanchamiento hace que las valvas de las válvulas se separen. Las varices con frecuencia duelen y hacen sentir las piernas cansadas.

Entre los factores de riesgo más reconocidos están: herencia, envejecimiento, la obesidad, la permanencia durante largo tiempo sentado o de pie, estreñimiento crónico y el embarazo. Estar parado aumenta la presión sobre las venas y estar sentado por mucho tiempo hace que la sangre no fluya de manera adecuada creando zonas de estancamiento sanguíneo. De una forma u otra, estos factores dificultan el retorno venoso al corazón, lo que provoca el un aumento mantenido de la presión sanguínea venosa en las piernas.

En la insuficiencia venosa crónica la piel de las piernas se mantiene en un estado inflamatorio crónico, lo que genera cambios en su estructura. Debido a la hipertensión venosa los capilares dejan salir componentes sanguíneos hacia el tejido subcutáneo. Poco a poco se van depositando en el tejido subcutáneo glóbulos rojos, metabolitos de la hemoglobina y proteínas. En el curso de los años la piel cambia de color hacia un tono pardo–negruzco, además localizándose en el área de mayor presión. Esta situación clínica se le denomina “lipodermaesclerosis”.

La lipodermaesclerosis, aleja por filtración del tejido (retención de líquido y depósitos de proteínas), al epitelio cutáneo de su fuente de oxígeno, produciendo la muerte de la piel por falte de oxígeno. Además, el estar largos periodos de tiempo, ya sea parado o sentado hace que las piernas acumulen células inflamatorias (leucocitos). En estas condiciones la piel se transforma en un continuo donde se pueden producir heridas sin tendencia a la cicatrización espontánea.  Este proceso conforma las ulceras producto de la IVC.

Debido a que las varices no se curan, el tratamiento se dirige sobre todo a aliviar los síntomas, mejorar el aspecto y prevenir las complicaciones. La elevación de las piernas (ya sea acostándose o usando un escabel al sentarse) alivia los síntomas de las varices. Las medias elásticas comprimen las venas y evitan que sufran estiramiento y heridas, que luego pueden convertirse en ulceras. Las medias de compresión mejoran la hemodinámica venosa, reducen el edema (retención de líquido, hinchazón), y retardan la decoloración de la piel, mejorando así la calidad de vida de las personas que sufren esta condición. La cirugía puede prevenir el reflujo venoso y evitar la recurrencias de las ulceras.

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