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Martes, 17 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

Caballo de Troya

 
 Guillermo Aragón Loranca

No se trata precisamente del virus cibernético que se cuela a los equipos a través de correos basura no deseados, sino se trata del viejo arquetipo de estrategia militar que Homero consagrara en los versos de la Ilíada, como un truco inteligente que permitió a los sitiadores de la ciudad, penetrar en ella ocultos en un enorme caballo de madera, para que, al amparo de las sombras, abrieran las puertas de la ciudad y los invasores pudieran entrar, después de un sitio que ya duraba 10 años.

El caballo de Troya es sin duda el mensaje reiterativo, que por todos los medios difunde el gobierno espurio de los empresarios blanquiazules vendepatrias y lacayos del capital transnacional escudados detrás del Ejecutivo y de sus levantadedos del Congreso y del Senado, de que la “modernización de Pemex” es necesaria para que los mexicanos vivamos mejor y para que se pueda combatir más rápido la pobreza (seguramente eliminando físicamente a los pobres).

En esta estrategia tratan de hacer atractivo al famoso caballo con una danza de números con más de 9 ceros, de promesas de reparto de riqueza, de mayores escuelas, más educación, más clínicas, más hospitales, más servicios públicos, y sobre todo más empleos. A través del desgastado uso de las promesas, pretenden detener las movilizaciones sociales que se oponen a la entrega de lo poco que queda de ese recurso estratégico dilapidado y saqueado por todas las administraciones “modernizadoras”, de Miguel Alemán para acá.

La reforma que se pretende imponer es el remate de un plan largamente preparado que consistió en hacer de Pemex una fuente de riqueza fuera del control de la ciudadanía y para el enriquecimiento particular de burócratas, políticos y líderes sindicales que se acostumbraron a participar del botín sin preocuparse de extender los beneficios a la sociedad, y mucho menos de mantener en un estado de viabilidad a la gallina de los huevos de oro. Así, poco a poco los ingenieros y la tecnología mexicana se fueron sustituyendo por ingenieros y tecnología extranjera que resultaban más baratos, pero sin tocar los derechos sindicales.

Se inventaron entonces los contratos de servicios que desde hace varios lustros ya operan burlando las disposiciones constitucionales. Gracias a ello, por ejemplo, hoy en día, existen plantas refinadoras paradas, con su personal de base haciendo guardias para cumplir con su horario de trabajo, mientras el mantenimiento lo realiza otra compañía contratada por fuera.

Esta estrategia, aderezada con los grandes desfalcos de Pemex, usados como arma política y como distractores mediáticos, fueron llevando de manera deliberada a la paraestatal al borde de la quiebra. Ahora resulta que no hay ingenieros mexicanos capaces, ni tecnología propia, ni capital, ni propuestas, ni nada que pueda rescatar la explotación de estos recursos que son todavía fundamentales, ya no para el desarrollo, pero sí para la subsistencia del país. Además ahora aumentan las mentiras: que las gasolinas están subsidiadas, cuando desde hace decenios, semanalmente su precio aumenta (muy poquito para que no se sienta y no se alebreste la caballada); que los excedentes por el aumento de precio se están canalizando directamente a los gobiernos estatales para obras de infraestructura, cuando se descubre que se están usando discrecionalmente para otros fines (campañas mediáticas incluidas), y un largo etcétera.

Siendo Pemex uno de los pilares de la economía mexicana en cuanto a generación de ingresos por venta de crudo, en el que se manejan cifras astronómicas que en el imaginario colectivo se pretende fijar como espejismos de la bonanza siempre prometida, es fundamental para el gobierno de empresarios burócratas hacer atractiva su reforma, hacer que la resistencia disminuya por lo menos y se permita el paso a este maltrecho caballo de Troya que a pesar de su cosmética, permite ver lo que lleva en sus entrañas: una vez privatizado el petróleo, seguirá la electricidad, el agua, la salud, el campo, hasta el aire y la vida misma.

La privatización de Telmex, las reformas a la seguridad social, la privatización de la educación, han sido pequeños ensayos que nos permiten prever desde ahora lo que va a pasar si se deja pasar esta reforma que apunta a la base misma de la ya de por sí endeble economía mexicana y de las posibilidades de sobrevivencia de todos los mexicanos que estén dispuestos a buscar otros modelos alternativos que planteen un desarrollo diferente. No hay que dejar pasar al caballo de Troya.

 
 
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