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Lunes, 16 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Deportes
 
 

 SEMANÁLISIS 

Holanda jubila finalistas

 
Horacio Reiba

La Eurocopa supera expectativas, ilumina las mañanas, tardes y noches del mundo y sus continentes, demuestra que el futbol es grande por su infinita capacidad para sorprendernos. Lo que a veces puede ser sinónimo de engañarnos –ver el caso México–, pero venturosamente tiene también una cara tan alegre como el juego de Portugal, o tan contundente como el de Holanda, o tan promisoria como el de España. Hasta suizos y turcos se enzarzaron en una batalla memorable sin tomar en cuenta la lluvia torrencial y el campo enfangado. Y vibraba la gente. Y gana el futbol. Y la Eurocopa  ha cobrado una altura emotiva y técnica con la que no se contaba, si exceptuamos la manifiesta mediocridad de Austria y Suiza, las dos selecciones locales, cuyo premio por esmerarse tanto en la organización será una participación efímera seguida de fulminante olvido.

La Naranja de Van Basten. No se recuerda una Holanda tan cercana a lo mejor de su espléndida historia como ésta que Marco van Basten nos ha presentado en su torneo de despedida como DT de la Selección. Haber caído en el llamado grupo de la muerte les ha dado alas, pues qué mejor arranque que poder devorarse de dos bocados nada menos que al campeón y al subcampeón mundiales de hace apenas dos años. Italia y Francia hicieron cuanto pudieron –que no fue mucho, con ésos equipos rancios y peleados con el gol–, y hasta llegaron a dominar buena parte de sus respectivos primeros tiempos. Y todo para qué. Para terminar arrollados, ridiculizados y casi con la vida perdonada por unos holandeses que se prodigaron lo justo, marcaron varios goles de película –los dos últimos a la squadra azzurra, para incluirse en un tratado del contragolpe como operación que comprime tiempo y espacio y optimiza la eficacia; los de Robben y Sneijder a los pasmados galos, tan diferentes entre sí como modélicos ambos por su impecable precisión rematadora, previo manejo genial de balón, defensores y ángulos de tiro. A su lado, el famoso grupo de la muerte parece efectivamente integrado por simples mortales enfrentados a superhéroes de película. De seguir así, a ver quién detiene a esta Holanda que empieza por un Van der Sar en lo mejor de la madurez, luce una zaga bien coordinada y altamente expeditiva –¿en qué estaría pensando el Barça cuando dejó ir a Van Bronckhorst, que en la misma jugada evita goles en su arco y los convierte en el contrario?–, se beneficia del coraje de De Jong, el manejo de Sneijder, la omnipresencia de Van der Vaart, el colmillo de Van Nistelroy y la ventaja de un conjunto cuyos integrantes funcionan todos en la misma frecuencia. Un verdadero equipazo, en lo individual y en lo colectivo. Pero además una auténtica máquina de guerra, lejos de la tibieza competitiva que tantas veces lastró al gran futbol holandés.

La gran ilusión lusa. Algo parecido había sucedido históricamente con Portugal. Ni siquiera el inmenso equipo de Eusebio –aquel Benfica reforzado que revolucionó la World Cup 66– puso escapar al viejo estigma lusitano de flaquear a última hora. De jugar bonito para terminar sirviendo de pasto a los mejores. O de integrar, con jugadores notables, seleccionados más bien mediocres. Hoy, con un Cristiano Ronaldo en plenitud, no son ésas precisamente las sensaciones que transmite. Portugal empezó superando totalmente a los turcos –tres balones en los palos, dos goles de exquisita manufactura–, siendo que no es Turquía bocado blando para ninguno, como demostró su merecida victoria y calificación lograda ayer ante los Checos, que presentaron esta vez un equipo bastante desgastado y conservador, en contraste con la sazón futbolística que lucen los pupilos de Felipe Scolari –quien, como Van Basten, está también de despedida, pues el Chelsea acaba de hacer pública su contratación. Portugal no es sólo Cristiano Ronaldo. Tiene una defensa firme y elástica, magistralmente dirigida por Pepe, un Deco con la ilusión recobrada, un Nuno Gomes, invisible en los últimos años pero dueño hoy día de un sentido colectivo en el área y sus cercanías. Y cuenta además con estupendos secundarios para complementar una máquina perfectamente aceitada. Con la gracia adicional de ofrecer el juego visualmente más atractivo del torneo. La derrota de ayer ante los suizos supo más a cortesía amable con el anfitrión que se despedía que a otra cosa. Y no dude usted que otros líderes de grupo procedan de similar manera con sus terceros adversarios.

Suspiros de España. Lo dijo Torres, luego del inclemente 4–1 a los rusos. “El juego que mejor nos va es éste de esperar atrás y armar jugadas rápidas a la contra. Si lo mantenemos con la misma precisión de hoy, a ver quién nos detiene”. En ese partido Villa hizo el primer hat–trick del torneo, asistido casi siempre por el propio Niño, capaz de funcionar como rematador pero también como pivote dentro y fuera del área. Dice Luis Aragonés –otro DT en trance de decir adiós, una receta que por lo visto da resultado– que su defensa apenas se va encontrando, pero hasta ahora lo ha hecho bien. Y contra Suecia y un arbitraje infame el contragolpe siguió rindiendo, aunque fuese a última hora para confirmar la viveza de Villa y flagelar el torpe conformismo escandinavo. Por más que no hayan lucido igual contra suecos que contra rusos, con Villa y Torres juntos arriba, bien respaldados por el empuje de Iniesta, Xavi o Fábregas, Senna en medio y Ramos y Capdevilla sobre los laterales habrá que contar también con España. Sobre todo si evitan caer en una de sus rachas depresivas.

El Caballo Negro croata. No tiene el brillo de la época de Suker, pero no se bate a Alemania así como así y Croacia lo hizo. Y lo menos que se dijo fue que los teutones se salvaron de caer por goleada. Esa tarde, en Klagenfurt, ofrecieron los croatas su mejor cara como equipo. Una roca atrás para ahorrarle trabajo al arquero Pletikosa, rápidos en el armado y versátiles para atacar, con un Olic cuyo impresionante fuelle está al servicio de una técnica de primera clase y una espléndida concepción del juego asociado. Falta comprobar si su nivel es ése del 2-1 sobre Alemania o el juego amarrado y gris que emplearon el día del debut, luego del temprano tiro penal que sellaría su apurada victoria sobre Austria.

El Tri, en sus trece. Resulta que Belice no es Perú, y por tanto México se las vio negras para meterle un 2-0 de lágrima en el debut mundialista de ambos. Pésima presentación de los Verdes y nuevo examen reprobado por Chucho Ramírez, que tampoco es que tenga mucho de donde escoger. Pero su falta de respuestas tácticas al primitivo planteamiento del humilde vecino centroamericano fue de pena ajena. Y otro tanto la precariedad técnica de los nuestros, no por conocida menos lamentable.

 

 
 
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