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Lunes, 2 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 TIANGUIS 

Los diputados locales cumplen sus sueños

 

“¿Quién dice que no hay afectación del calentamiento global o de la primavera?” / Fotomontaje: Alejandro Ancona

Eso del calentamiento global como que está afectando a la clase política de Tlaxcala, afirma el Jicoténcal a los primos que se encuentran reunidos, degustando el desayuno, después de haber bajado toda la mercancía de los camiones de frutas.

Mientras apura un trago de atole, el Tránsito le replica: No es el calentamiento global lo que influye entre nuestros políticos ¡Es la entrada de la primavera! El calor, el agua y la floración provocan cambios en los niveles de progesterona y testosterona de todos los animales, incluido el ser humano.

¡Qué cambio, ni qué las arañas! Lo que ocurre es que la clase política se ha vuelto más sensible. Los hombres de esta generación están retomando experiencias de la nueva generación y adoptan comportamientos metrosexuales, dice la Sábila que está como para chuparse los dedos. Ella, la única, viste cual si estuviera en las playas de Acuitlapilco: Pelo agarrado con un listón verde, blusa de color rojo transparente, pantalón tipo pescador de color blanco que deja ver unos interiores negros, y botas.

Es una forma muy original de combinar las garras compradas en las ofertas de temporada. Su estilo es algo así como invierno–primavera.

Es más, agrega ella, la mujer que trastoca la vida del Jicoténcal y que sin embargo jamás de los jamases le ha dado el sí, pues quiere mantenerse como una de las compañeras reporteras ¡Virgencita! Ella dice que la clase política no sufre el impacto del calentamiento global, ni de la primavera, sino de la calentura y para muestra ¡vean!, grita la Sábila señalando hacia el pasillo que da a los puestos de las carnitas y chicharrón.

Todos dirigimos las miradas a un hombre chaparro, panzón, prieto. Al pegarle el sol en la cabeza para bermejo retinto. Destaca por su vestimenta. Camisa color morado, pantalón color crema y zapatos negros. ¡Parece caja fuerte!

¿Cómo está mi coordinador?, le saluda el Tránsito y le suelta a boca de jarro: ¿Es natural el color de su pelo?

El susodicho coordinador lo queda viendo y estalla. ¡La pendeja de mi mujer no supo hacer la mezcla! ¡Mira cómo me dejó! Lo que pasa es que tengo la cabeza llena de canas y quería un color que me hiciera ver más joven.

¿El sueldo de coordinador de asesores, no le alcanza para ir a un salón de belleza?, le suelta la flor más bella del tianguis sabatino.

El coordinador se pone morado y exclama: Tenía toda la intención de pagarles el desayuno ¡Muertos de hambre! Pero con ese trato mejor me voy a volar con los gavilanes.

El Tránsito trata de amainar la tempestad y le comenta: El color castaño va muy bien con su piel morena.

El coordinador pavoneándose con su camisa morada, mueve la cabeza y le confirma: ¡Verdad que me asienta este color!

No acaba de desaparecer el figurín del Peseta, cuando el Margarito expresa: ¡Miren ese par de tórtolos! Para que vean que la primavera sí tiene efectos entre la clase política. Fíjense en la galanura del presidente municipal y su pareja.

¿Va con su esposa, su mujer, su pareja, su novia, su amante o quién?, inquiere como metralleta la Sábila.

Quién sabe, pero desde que el Alex se hizo médico se volvió un galán y ahora más pues tiene a todos los trabajadores del municipio apergollados, asegura el primo Margarito.

Pos dicen las malas lenguas que el galancete sólo es galán cuando tiene poder sobre la gente, comenta la Sábila, mientras desfila por el corredor dejando ver su belleza y sobre todo presumiendo que su estilo ha impuesto moda entre los funcionarios públicos.

No te creo, le reclama el Tránsito, ése es un joven político con mucho futuro, sobre todo porque reclama el abolengo de sus apellidos.

Pos será el sereno, dice la Sábila, pero Erica quien es una mujer guapa que trabajaba en la burocracia municipal de Apizaco, me asegura que se le acercó el edil y le soltó los perros, como la Erica no quiso nada con él, el ciudadano dizque hizo una reingeniería y una de las primeras en salir con sus tiliches por delante fue la Erica.

El Jicoténcal se queda pensando y hasta sus dos neuronas llega un recuerdo que expresa en voz alta: los enemigos del presidente –a quien apodan El Soberbio– aseguran que le tienen guardado un asuntito que sucedió cuando el médico puso un consultorio en un pueblo cercano de Apizaco y hasta ahí llegó una chamaca muy bonita a quien le cantó derecho, pero después no quiso responderle como hombre.

La Sábila explota: Ya ven, cuál calentamiento global. Cuál primavera. Los grillos han sido, son y serán unos calientes.

El Jicoténcal trata de apaciguarla, pero no consigue más que sea catalogado de la misma calaña: ¡Tu eres igual que ellos! Y para confirmar, le señala hacia una pareja: Mira esos dos, qué tiene que ver su calentura con la reforma de Estado de Tlaxcala.

El pobre hombre se queda sin habla, pues no conoce a los señalados. Pero el Margarito entra al quite y le explica que como los diputados pasan mucho tiempo trabajando juntos van creando amistad y puede que hasta se enamoren. Eso es lo que ocurre a los jóvenes solteros, le explica a la Sábila.

¿Estás seguro de que ese diputado y esa diputada son solteros?, le replica la mujercita. El Margarito vuelve a explicarle que el trabajo de los diputados es muy sacrificado, tienen que levantarse temprano, hacer ejercicio para ser ejemplo de deporte y salud entre sus seguidores, desayunar, recorrer sus distritos repartiendo los 30 mil pesos que les dan mensualmente para gestión social, trasladarse a su oficina, atender a las comisiones y encima de eso acarrearse a los lugares donde se hacen los foros de la reforma de Estado. ¿Cómo quieres que no se desaten los demonios del placer y la concupiscencia?

¿O sea que sus miradas y apachurrones son con cargo al erario público?, pregunta la Sábila y agrega: lo que pasa es que son unos calenturientos que aprovechan el tiempo que pasan juntos para sus amoríos y no para atender los problemas de los tlaxcaltecas. Por eso es que los diputados, lo mismo que los abogados, son como los plátanos, ¡no hay uno derecho!

Tratándole de quitar presión al asunto, el Tránsito pregunta: ¿Ya oyeron el cidi del diputado cantante?

¡Ah chingá! A quién de los legisladores le dio por la cantada.

Pos ya ven que con aquello de que no encuentran cómo comprobar las 30 mil lanas, a un diputado se le ocurrió que con ese dinerito podía pagar un estudio y cumplir el sueño de su vida: ¡Ser cantante de tangos!

¿Y quién es el grillo cantor?, interroga la Sábila.

El Margarito da los siguientes detalles: es diputado local del PAN, se declara amigo de los perros. En todos los eventos es el primero que se va sobre las copas de vino. Es algo así como nuestro Pancho cachondo local.

¿Quién dice que no hay afectación del calentamiento global o de la primavera? Si eso hace que los diputados por primera vez hagan algo en su vida. Aunque eso no tenga nada que ver con su tarea legislativa. Lo importante es que empleen el dinero público para cumplir con sus sueños personales, como el metro Flores, El Soberbio, los amorosos o el cantante de tangos.

 
 
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