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Lunes, 2 de junio de 2008
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2008, año de la computación.
50 años en México
 

Obituario tardío para Donald Michie

RaÚl Monroy*

 

Donald Michie, pionero de la Inteligencia Artificial (IA), murió el año pasado en un trágico accidente automovilístico. Poseedor de un talento multidisciplinario, en los 40 Michie contribuyó al éxito de los Aliados ayudando a descifrar transmisiones alemanas durante la preparación del “día D”; en los 50 publicó resultados de su investigación en genética, considerados como piedra angular para la reproducción in vitro, y en los 60 emprendió la nada fácil tarea de construir una máquina inteligente, pasión que mantuvo hasta el día de su muerte.

Donald Michie nació en Rangún, entonces Birmania, el 11 de noviembre de 1923. A los 18 años fue reclutado por Bletchley Park, la instalación militar británica que durante la Segunda Guerra Mundial se encargaba de descifrar códigos secretos alemanes. Fue ahí donde cuatro años más tarde, en 1944, Michie inventó una técnica para descifrar la máquina criptográfica Lorenz, usada por los alemanes para cifrar sus mensajes. La máquina Lorenz es una colección de ruedas de cifrado, usadas para realizar un número fijo de corrimientos en las letras del alfabeto. Michie decodificó la rueda secundaria de Lorenz y simplificó el funcionamiento de Colossus, una máquina analítica electromecánica desarrollada en Bletchley por Turing1 y otros. Estas aportaciones permitieron, primero, descifrar en horas textos que previamente requerían días y, segundo, el desarrollo de la siguiente generación de Colossus, Colossus II, máquina que podía ser operada por personal militar no calificado en computación.

Tras finalizar la guerra, Michie retomó sus estudios en Oxford, abandonados en 1943 por la guerra, pero cambió dramáticamente de tema: del estudio de las culturas grecorromanas antiguas a ciencias. En 1949 obtuvo el grado de maestro en fisiología y anatomía humana, y en 1953 el de doctor en genética de mamíferos. Parte de sus resultados fueron publicados en la revista Nature. Junto con su segunda esposa, Anne McLaren, inventó técnicas fundamentales de la fertilización contemporánea in vitro. También en la década de los 50 escribió, junto con otros, uno de los primeros libros de biología molecular. Sin embargo, a partir de 1958 toda la atención de Michie se concentró en lo que resultó su última y gran pasión: responder si una computadora podría programarse para aprender a través de experiencias.

Michie y Turing se conocieron en Bletchley Park, forjando una gran amistad. En sus discusiones en Bletchley, Turing y Michie vislumbraron las bases de la IA. Compartían una conjetura: juntos, hombre y computadora, son capaces de obtener más logros que individualmente; para ello se requiere antes habilitar de la capacidad de aprendizaje a las computadoras. Así, en 1948, 10 años antes de que se instalara en México la primera computadora, de que se diseñara el primer chip funcional del tamaño de un clip, de que el satélite Sputnik se desintegrara en el espacio y de que el satélite Atlas estallara en su plataforma de lanzamiento, Donald Michie mataba el tiempo en Bletchley Park diseñando en lápiz y papel programas de ajedrez, los cuales debían contender con aquellos en los que trabajaba Turing. Todo aquello ocurrió antes de que la computadora llegara al mundo.

Turing murió en 1954, tras haber sido despojado por una corte judicial. Entonces Michie quedó sólo, al menos en el Reino Unido, con la tarea de crear una máquina inteligente. En 1958, ya en Edimburgo, retado por un colega quien consideraba imposible que una máquina pudiese aprender, construyó un artefacto capaz de jugar gato sin que contara con una estrategia predefinida. El artefacto –llamado Menace– consistía de un ensamble de cajas de cerillos y cuentas de vidrio. Esto lo llevó a Stanford, por una invitación de la oficina naval de Estados Unidos en esa ciudad, donde desarrolló un programa basado en el funcionamiento de Menace en una máquina IBM. Este incidente también marcó el inicio de los años gloriosos de Michie, si bien difíciles por el escepticismo de la comunidad científica en tan joven disciplina. Michie obtuvo financiamiento para el desarrollo de la IA en el Reino Unido, lo cual detuvo la fuga de cerebros de ese país a EUA. En 1966 fue nombrado director fundador del departamento “Percepción e Inteligencia de Máquinas” en la Universidad de Edimburgo, recibiendo el nombramiento de profesor un año más tarde.

En 1973, Michie mostró al mundo su logro más grandioso: Frederick o Freddy, un robot, el primero en su momento capaz de usar visión computacional para armar objetos complejos de un montón de partes. Freddy, ahora en el museo nacional de Escocia, en Edimburgo, conmocionó a la comunidad por su capacidad para identificar y seleccionar los componentes de un objeto más grande. En ese entonces Michie predijo correctamente que sólo 10 años separaban el momento en que un robot colaborara en una línea de producción. Desafortunadamente, un receso en la economía del Reino Unido, junto con la ceguera que de pronto impera en los actores que guían la política científica, provocaron un debacle en el desarrollo de la IA en ese país y la ruina académica de Michie, al ser aislado de fondos y permisos para hacer investigación en robótica.

Las contribuciones de Michie a la IA son cuantiosas. Basta decir que es considerado el creador de una de las áreas más prolíficas y atractivas de esa disciplina: el aprendizaje computacional, el cual busca que las máquinas mejoren su desempeño con base en su experiencia. Michie, igualmente, recibió muchos galardones, incluyendo el premio a la excelencia en investigación, por parte de IJCAI, el congreso más importante de IA. Más que contribuciones y premios, Michie era, hasta el 6 de julio del 2007, la historia misma de la IA, caminando, sobre sus poco más de 200 huesos. Justo el 28 de junio de ese año, Michie dio su última charla pública, Mecanización del pensamiento: aventuras precoces en Edimburgo. Ahí, Michie hizo remembranzas celebrando la creación de su laboratorio, desde las etapas en que funcionara clandestinamente hasta ser reconocido como una unidad organizacional de la universidad.

Donald Michie, junto con Anne McLaren, ex esposa, compañera en la cotidianidad de la vida y en la pasión por la ciencia, perdió la vida en un trágico accidente automovilístico el 7 de julio de 2007. Viajaba de regreso a casa, luego de la reunión de historia en computación de Edimburgo. Quienes asistimos a su última charla nunca olvidaremos el enorme esfuerzo de este gran científico por hacer nacer y crecer una ciencia en su país y en el mundo.

 

 

1 Alan Turing es considerado el científico en computación más importante de todos los tiempos. La Association for Computing Machinery, la primera sociedad en computación, entrega anualmente un premio a la investigación con su nombre; dicho premio es considerado el equivalente al premio Nobel, el cual fue instituido antes que se desarrollara la ciencia de la computación.

 

*ITESM–CEM

 
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