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Lunes, 2 de junio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 MAESTROS 

Baluarte de la educación laica

 
Gustavo Santin

Gracia. Reconfortante es el saber que pronto concluyes con tu semestre escolar y que has encontrado mentores a los que aprecias por su conocimiento, integridad y don de gentes, hechos que resaltan cuando a través de las charlas que sostenemos podemos coincidir en el aprecio que guardamos por quienes vivos o muertos, han incidido en nuestro proceso de formación. Las pláticas, cuando se dan en este sentido coinciden en resaltar figuras como la  del finado Guillermo Floris Margadant, con quien tomase un curso de  Historia del Derecho Mexicano en la Universidad Autónoma de Tlaxcala y a quien tu conocieses por ser también profesor de algunos de tus maestros y quien al morir fuese decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o de José de Jesús López Monroy quien nos recibiese en su casa, de grato sabor campirano ubicada en el delicioso barrio de Coyoacan y  de quien recibiéramos enseñanzas en un salón de clase lo mismo que cuando compartíamos con él el pan y la sal.

Pero a más de los que contamos y de los que ahora hemos recordado Gracia, debo confesarte que he tenido la fortuna de estar cerca de otros preceptores de calidad excepcional entre los que recuerdo con cariño a Jose Luis Ceseña, Director de la Facultad de Economía de la UNAM, a Solón Zabre, revolucionario de cepa y paréceme exiliado español y extraordinario historiador, a Theotonio Dos Santos, Vania Banbirra, Ruy Mauro Marini, de quienes fuera de sus países de origen, transmitieron con agradecimiento sus conocimientos sobre la Teoría de la Dependencia a estudiantes de la Facultad de Economía de la UNAM, a Fausto Burgueño de quien a mas de recibir conocimientos compartí críticas, a José Luis Velázquez Báez, maestro de Técnicas de la enseñanza en el Instituto Normal del Estado de Puebla (INE), a Juan Antonio Badillo Torre, docente en el capítulo Puebla del Instituto Nacional de Administración Pública y a Olaya Velázquez Báez, directora de la Normal Primaria del Benemérito Instituto Normal del Estado.

Gracia quiero comentarte que lo mismo que al resto de los aludidos, a Olaya la recuerdan muchos de quienes a lo largo de 56 años se formaron con ella y/o compartieron espacios de trabajo. No has tenido el gusto por departir con ella como sí lo has hecho con su hermano el maestro Velázquez, pero si hubieras tenido la oportunidad podrías testimoniar que bajo esa apariencia frágil adquirida por el paso de los años se esconde una gran mujer encumbrada, en lo que quiso hacer –ser maestra–, por méritos propios. Reconocida y homenajeada en vida velada bohemia de por medio por quienes a través del arte quisieron resaltar sus cualidades, disfruté en este evento lo mismo que lo hubieses hecho tú de poder hacerlo, de la conducción y del canto de Silvia Tanúz y Andrés García, de la presencia al piano de Juan Antonio Badillo, de la declamación de Xicotencalt Arroyo Parra, de la extraordinaria memoria de Gilberto Castellaños Tenorio que bien le valieran el título de cronista de la institución y de la guitarra española blandida por Jorge Altieri quien de esta manera recordara su tránsito por el Conservatorio del Estado a más de la conducción del Coro Normalista y de las canciones mexicanas entonadas por la “auténtica” Rondalla Normalista triunfadora  en un concurso nacional acaecido en la etapa en la que Olaya ejercía la dirección y la docencia en la licenciatura en la Normal Primaria del nombrado por el Congreso del estado, Benemérito Instituto.

Lo mejor de la velada estuvo a cargo Gracia, a pesar de los talentos presentes, de la propia Olaya. Nos recordó lo que ahora hace falta en las aulas y que requiere la nación con urgencia: que la educación a más de amor y pasión requiere de compromiso. Que el Instituto Normal del Estado “es un baluarte de la educación laica”. Que nuestro pueblo sigue urgido de educación “que es el único medio para el progreso y la paz duradera”. Que la gratitud a pesar de la grandeza sigue siendo una virtud que debe ser imitada. Que como ella señala, quienes nos dedicamos a la educación debemos, tomando sus palabras dar las “Gracias a todos los niños, niñas, jóvenes y adultos que fueron mis alumnos porque de ellos aprendí que la educación no es sólo enseñar, sino que consiste en fortalecer el carácter, la voluntad y el intelecto, comprender el mundo y el momento que se vive para servir a la sociedad; que la educación es modelar con paciencia día a día, semana tras semana, un ser humano capaz de cumplir eficientemente la función que le corresponde en la vida”. Que necesitamos con urgencia maestros comprometidos con su causa, no burócratas de la educación.

Encontrarla, saludarla después de muchos años y recibir como antaño una palabra de aliento Gracia vale la pena. Ojalá que el Instituto Normal del Estado recobre algún día, el nivel que tuvo cuando nos enseñaron quienes fueron verdaderos guías y maestros.

 
 
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