De una palabra griega que significa “medicamento”, “pócima” “remedio” o incluso “veneno”, la farmacia es concebida actualmente como un establecimiento donde se venden medicinas. Su historia es particularmente interesante pues para cualquiera es inconcebible su inexistencia.
No solamente las requerimos en condiciones de enfermedad, sino también para muchos otros fines (a diferencia de las “boticas” en las que solamente se expenden productos para la salud sin ofrecer elementos de perfumería, belleza y aseo).
Seguramente para el hombre primitivo, la necesidad de encontrar alivio para las enfermedades estaba involucrada en aspectos mágicos y religiosos; sin embargo, a la mano tenía una “farmacia” de un inmenso tamaño: la naturaleza. No es difícil imaginar que paralelamente a los hechizos, conjuros, evocaciones y plegarias, hubiese sido utilizado algún elemento encontrado en la naturaleza.
Por solamente plantear un ejemplo, si una planta es perenne (es decir que crece durante todo el año) ¿no podría poseer cualidades que se transmitieran a un individuo que la consumiese? ¿No podría ser un designio divino que se le pudiese hallar en cualquier época? Dentro de la desesperación ante la enfermedad es casi seguro que se condicionó un binomio representado por el miedo y la fe, que a la larga se traduciría en un fenómeno que persiste hasta nuestros días y que está representado por la magia y la religión.
La lectura de cartas, la creencia en los horóscopos, el crédito a la numerología, el rito repetitivo, son ejemplos claros de que no hemos perdido mucho de nuestros antecedentes primitivos, independientemente de los años y las épocas. Se invoca a dios y a los santos buscando la curación. Pero secundariamente no es raro que la generalidad de los individuos busque en la farmacia una alternativa de solución a un problema de salud menor. Se le solicita un consejo al despachador y éste ofrece una alternativa, independientemente de que tenga conocimientos firmes sobre medicina. ¿Por qué se evade la consulta de un médico? ¿Es tanto el descrédito en el que hemos caído los profesionales de la salud? Pero también suceden otra serie de fenómenos curiosos. Los consejos de personas quienes “en base a su experiencia” recomiendan medicamentos y la inconcebible reacción de individuos que siguen estas recomendaciones que por empíricas son extremadamente peligrosas.
Otro aspecto que me parece considerablemente molesto es que, a mí, médico, me hagan “sugerencias” de tomar algún medicamento o consumir alguna planta, si es que llego a manifestar algún problema de salud, como si estuviese implícito que yo, profesionista de la salud, me tenga que incluir en el inconmensurable grupo de individuos que caen en la automedicación. Tan grave es que el médico se auto recete independientemente de que posea conocimientos médicos, como lo suele hacer un gran grupo poblacional. Aquí es donde el papel de la farmacia adquiere trascendencia.
La gran mayoría de los medicamentos ostentan la leyenda: “Su venta requiere receta médica”. Pero sinceramente ¿en realidad se solicita? Es increíble cómo se pueden adquirir medicamentos en una forma indiscriminada. Hay cosas en la actualidad que en lo personal, no concibo. Por ejemplo, nuestros vecinos del norte pueden adquirir armas de fuego en una forma extraordinariamente fácil; sin embargo, la regulación sanitaria hace prácticamente imposible la adquisición de medicamentos sin receta médica.
En nuestro país, la venta de armas está muy restringida, pero cualquiera puede comprar medicinas sin haber visitado a un médico. Ahora bien, el mercado negro de armas hace que en México, cualquiera pueda tenerlas. Las escalofriantes matanzas entre policías, elementos del Ejército y narcotraficantes evidencian un fenómeno de alcances alarmantes y consecuencias funestas.
Ahora bien ¿qué tan peligroso es el poder adquirir medicamentos sin receta? ¿Cuál es el alcance de la automedicación? Muchas preguntas pueden surgir alrededor de este tema; sin embargo, es indudable que nuestra ignorancia es similar a las tinieblas que envolvían el conocimiento de las enfermedades que tenía hombre de la prehistoria.
Lo peor es que, la forma en la que nos enfrentamos al problema es también equivalente. Se sigue creyendo en la magia, la superchería, la brujería y la religión como elementos determinantes en la curación.