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Jueves, 29 de mayo de 2008
La Jornada de Oriente Puebla Suplementos
 
 
ESTÉTICA Y SALUD
 

Ejercicio y salud


Algunas de las buenas consecuencias del ejercicio regular, practicado correctamente, son la gran mejora del tono (tensión) muscular, mejor postura, una función cardiaca y pulmonar más eficaz y un mejor aspecto y sensación. Otro beneficio importante es el de recreación. La distracción como forma de relajación es excelente para el manejo del estrés.
Rafael H. Pagán Santini

 

Muchos de nosotros sabemos que el ejercicio es bueno, aun cuando no tengamos ni idea de cuáles o cuántos beneficios concretos se pueden derivar del mismo. Algunas de las buenas consecuencias del ejercicio regular, practicado correctamente, son la gran mejora del tono (tensión) muscular, mejor postura, una función cardiaca y pulmonar más eficaz y un mejor aspecto y sensación. Otro beneficio importante es el de recreación. La distracción como forma de relajación es excelente para el manejo del estrés.

La capacidad para el trabajo físico y la competencia deportiva empieza a declinar aproximadamente a la edad de 30 años, tanto en hombres como en mujeres. La tasa de declinación es lenta, pero es menos de la mitad en aquellas personas que continúan entrenándose durante su vida adulta y en edad avanzada. Algunos cambios son inevitables, como lo es la capacidad máxima de latidos cardiacos relacionados con la edad; otros cambios pueden ser más lentos o prevenibles, como lo es la pérdida de la masa muscular.

Los músculos esqueléticos sufren cambios que corresponden a la cantidad de trabajo que suelen desarrollar normalmente. Durante la inactividad prolongada, el músculo se contrae en masa, se va atrofiando por falta de uso. Por otra parte, el ejercicio puede ocasionar un aumento del tamaño muscular, hipertrofiándolo y dándole más fuerza. A diferencia de la hipertrofia que sufre el lado izquierdo del corazón debido a la alta presión sanguínea, el músculo esquelético aumenta su fuerza al ejercitarse, creando cambios en su estructura.

Las personas mayores son capaces de mejorar tanto su capacidad aeróbica como su capacidad muscular con un entrenamiento de ejercicio regular apropiado que tome en cuenta un mejoramiento gradual y despacio. El entrenamiento de resistencia, denominado a veces entrenamiento aeróbico aumenta la capacidad del músculo para realizar un ejercicio moderado durante un largo periodo de tiempo. Las actividades aeróbicas, como caminar, correr, montar en bicicleta, nadar u otros movimientos principalmente isotónicos (que mantienen el mismo grado de tensión, pero con menor longitud muscular), aumenta el número de vasos sanguíneos en el músculo sin incrementar significativamente su tamaño. La mayor perfusión sanguínea proporciona una mejor liberación de oxígeno y de glucosa a las fibras musculares durante el ejercicio.

La habilidad del músculo esquelético para extraer y usar oxígeno disminuye con la edad en personas sedentarias. Esta disminución es debida a la reducción del número de capilares dentro del músculo esquelético y en la capacidad de redirigir el flujo sanguíneo en los músculos, lo que compromete la entrega de oxígeno al músculo que está trabajando durante el ejercicio. La pérdida de la masa muscular junto con la acumulación de grasa, colectivamente disminuye la cantidad de tejido muscular metabolitamente activo que consume oxígeno para producir energía para realizar ejercicio.

La hipertrofia muscular puede incrementarse por el entrenamiento de fuerza, que consiste en contraer los músculos contra una gran resistencia. Los ejercicios isométricos (que mantienen la misma longitud muscular, pero a mayor tensión) y el levantamiento de pesas son actividades frecuentes en el entrenamiento de fuerza. La hipertrofia consiste en que el músculo aumenta el número de míofilamentos dentro de la célula muscular y así en cada fibra muscular. Aunque no aumenta el número de fibras musculares, el aumento del número de míofilamentos incrementa considerablemente la masa muscular.

Un buen programa de entrenamiento deben diseñarse no tan sólo para mejorar la condición física sino también para prevenir lesiones. El entrenamiento puede cambiar tanto las propiedades contráctiles del músculo (fortaleza y velocidad de contracción) como la habilidad del sistema nervioso para controlar la función muscular (coordinación). En las primeras ocho semanas de entrenamiento la fortaleza muscular ganada se debe más a la mejora en la coordinación, producto de la habilidad del sistema nervioso para controlar el músculo, que de del aumento del tamaño de este. El entrenamiento de resistencia no sólo mejora la capacidad muscular sino también previene las caídas al aumentar la coordinación y el balance corporal.

La ausencia de actividades físicas añade años al cuerpo. La acumulación de grasa corporal, el anquilosamiento de las articulaciones y la perdida de la capacidad de movilidad hace que el cuerpo se atrofie. Sin embargo, un ejercicio regular y con entrenamiento, aunque sea de poca intensidad, oxigena el cuerpo y lo mantiene vigoroso. La capacidad de utilizar el oxígeno que se respira genera una sensación de bienestar que estimula a continuar con el ejercicio. Los ejercicios de relajación acompañados de un buen dormir se unen al ejercicio físico como medida de auto control del estrés. 

 

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