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Viernes, 9 de mayo de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

En acto solemne, un poblano fue nombrado héroe de la paz y la democracia por el Congreso Nacional de Guatemala

 
Jorge Andrade Roca

En la liberación de un pueblo la unidad es esencial y la organización elemento indispensable

Manuel Andrade Roca

 

A mi amado hermano

Manuel Lisandro Andrade Roca

y a su lucha por el pueblo

de Guatemala

 

El pasado 5 de mayo, en el Salón del Pueblo, se llevó a cabo un acto solemne de entrega de la Orden del Soberano Congreso Nacional Post Mortem a los héroes de la democracia y la paz de Guatemala. Entre otros cinco mártires de la historia de ese país, se encuentra el nombre de Manuel Andrade Roca

Hace 29 años, un 14 de febrero de 1979, ya entrada la noche, recibimos la noticia del asesinato de Manolo. La conmoción que provocó su muerte significó un parte aguas en mi vida. Más aún, su trayectoria, me dejó una profunda huella, la cual permanecerá imborrable. Un hombre cabal, honesto e intachable. Manolo fue un ser totalmente congruente con sus ideas, palabras y acciones. No acumuló riquezas materiales, no ambicionó poderes.

De padre poblano y madre guatemalteca y aunque nacido en la ciudad de Puebla, México; sus vínculos con Guatemala no se circunscribieron solamente a una de las ramas de su ascendencia familiar; sino además, su profunda identificación con las causas de lucha del pueblo guatemalteco, lo llevó con determinación y coraje a dedicar las acciones más importantes de su existencia a favor de dichas causas, por encima de cualquier riesgo o amenaza, al punto de llegar hasta las últimas consecuencias... entregar su propia vida. Desde muy joven mostró una aguda sensibilidad contra las injusticias, siendo estudiante de secundaria se involucró en acciones contra las arbitrariedades de los gobiernos posteriores al de la contrarrevolución de 1954. Fue uno de los miembros fundadores más comprometidos de una organización que marcó, en su momento, la historia de Guatemala y la de los movimientos estudiantiles, me refiero al Frente Unido del Estudiantado Guatemalteco Organizado (FUEGO). Ya como estudiante de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), luchó desde las trincheras de la Asociación de Estudiantes El Derecho y la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU). Sus convicciones incorruptibles y su lucha frontal y decidida contra los gobiernos dictatoriales fueron suficientes, para que en 1968 las fuerzas represivas del gobierno lo secuestraran y torturaran; debido a circunstancias aparentemente fortuitas logra salvar la vida. A consecuencia de estos hechos, tuvo que experimentar el exilio contradictoriamente en su país natal, México. Un año después retorna a Guatemala y se incorpora nuevamente a las actividades opositoras al régimen de aquel momento. Ya en su vida profesional y política, ejerce principalmente el derecho laboral, dentro de estas actividades funda la Escuela de Orientación Sindical de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de San Carlos de Guatemala, en ella orienta y defiende a organizaciones de obreros y ligas campesinas del abuso desmedido y la explotación de que eran sujetos. En esa misma facultad de la universidad citada, funge como docente universitario. Manolo tuvo la opción de desarrollarse profesionalmente en México bajo otras perspectivas; sin embargo, la congruencia con sus convicciones lo hizo elegir el cause de otro destino. Finalmente, antes que truncaran su vida y su importante labor, en el periodo del rector Saúl Osorio Paz, participa en la conducción de la USAC ocupando el cargo de Asesor Específico de Secretaría General, en aquella etapa dicha universidad se caracterizó por defender su tradición de crítica e independiente. 

Unos meses antes de su asesinato, cuando me enteré que estaba amenazado de muerte, lo busqué para convencerlo que saliera del país, recuerdo aquella plática... fue una tarde, en su domicilio, se bañaba y a través de la cortina, entre el vapor del agua, fue determinante, no estaba dispuesto a renunciar a su lucha, 10 años antes había experimentado y sufrido el exilio, ya no otra vez, prefería en todo caso, a no ser por su asma y sus severas limitaciones visuales, incorporarse a la guerrilla.

Sin embargo, ¿qué puede interesar mi sentir respecto a Manolo el cual llevo dentro y es de índole absolutamente privado? Cabrá preguntar entonces ¿qué puede significar su asesinato y su lucha en un país como Guatemala? Cayó acribillado por las balas del fascismo, por las balas del poder abusivo y desmedido, por las balas de la intolerancia. Su sangre derramada quedó entre la banqueta y el asfalto; pero no olvidemos que en el asfalto hay rendijas, así es que su sangre penetró hasta la tierra, la tierra de Guatemala, sangre y tierra se fusionaron una vez más para escribir la amarga historia de ese país.

¿Cuál es la pregunta que puedo hacerme después de tanto tiempo? no es mi sentir, tampoco es su muerte. Quisiera que alguien respondiera si valió la pena que entregara su vida a una lucha que... para él, en su momento, sus altos ideales, su razón de ser, por encima de muchas cosas, inclusive de renunciar a una paternidad, entre otras... significó más que su vida. Por tanto y más, lo admiro, lo respeto y lo amo...

Después de 29 años, ¡Un acto solemne en el Congreso de la República!...

Desde que salí de Guatemala, no sé más... pero quisiera saber, ¿quién puede responderme?, si después de dos décadas más nueve años, la vida de Manolo contribuyó a algún cambió positivo en aquel país. Díganme si ya no hay pobreza, ni injusticia, si no hay más explotación de los seres y de la naturaleza. Díganme si en la práctica cotidiana, no en los papeles con firmas vanas, ni en los mensajes de los medios virtuales, ni en los discursos o en los actos carentes de sustancia, sino en la realidad, viva e inmediata, no hay más discriminación, racismo, inequidad y represión. Si de algo sirvió la vida de mi hermano, entonces sí, que hagan homenajes; empero, si por el contrario en Guatemala todavía no hay paz ni democracia, por favor no utilicen el nombre de Manolo, sería un insulto a su memoria y a la causa de su lucha: la libertad, la justicia y los derechos de los seres humanos; más aún, un insulto directo a las mujeres y hombres de esa tierra–sangre, a las mujeres y hombres con rostro y corazón, al verdadero pueblo de Guatemala.

Un asunto todavía pendiente por resolver, ¡Pido que se investigue hasta lograr esclarecer el infame asesinato de mi hermano, que se juzgue y castigue a cada uno de los involucrados en su cruel muerte!

Quiero manifestar que no estuve presente en dicho acto, como es de esperarse, se supone la presencia de los familiares de los héroes, de los mártires de Guatemala; pero sería imposible, no existe espacio arquitectónico que pueda albergar a tanta gente...

Para asistir, primero hubiera querido que alguien diera cuenta a mis interrogantes y demandas. De cualquier manera, doy gracias por recordarse de mi hermano.

 

 
 
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