En el conflictivo municipio de Izúcar de Matamoros quien realmente está controlado al ayuntamiento de ese lugar es un ex jefe policiaco y actual regidor de Hacienda, Ignacio Espinosa, quien además encabeza al grupo político que esta fuertemente ligado al presunto narcoalcalde Rubén Gil Campos. Esta facción en la actualidad tiene más poder que el presidente municipal suplente, Arturo Herrera, a quien muchos ven como una simple figura decorativa.
Arturo Herrera aunque es cuñado de Rubén Gil Campos y se le consideraba cercana al alcalde encarcelado por supuestamente distribuir cocaína en Nueva York, en realidad no ha podido controlar al gobierno municipal y lo que es peor, mucha gente que se lo encuentra en la calle ignora que él es el alcalde. Esto se debe a que es un hombre gris y que no sabe como manejar el cargo que le dieron.
Esa debilidad la están aprovechando tres personajes del ayuntamiento y que están fuertemente ligados con Rubén Gil, ellos son Ignacio Espinosa; Francisco López, quien es el director de Gobernación y José Antonio Meza, quien es funcionario de la Comuna y también es conocido con el mote de “El escopeto”.
Esta situación tiene preocupada a mucha gente en Izúcar de Matamoros, incluidos a sectores del Partido Revolucionario Institucional y no solamente a quienes militan en la oposición, ya que ese grupo tiene fama de no ser conciliadores y si de ser violentos.
Además, los integrantes de dicho grupo presumen seguir teniendo comunicación telefónica con el presunto narcoalcalde Rubén Gil Campos.
De uno de ellos, se rumora, que no puede entrar a Estados Unidos luego de que fue fichado por las autoridades de ese país como un destacado “pollero”.
Ignacio Espinosa, quien es mejor conocido como Nacho Espinosa, desde mucho antes de que Rubén Gil Campos incursionara en la política mostró su cercanía con el empresario que se dedicaba a hacer mudanzas para el Ejército de Estados Unidos.
En esta columna en una ocasión se narró como siendo director de Seguridad Pública en el trienio pasado, Nacho Espinosa organizó una onerosa fiesta por el bautizó de sus hijas. En el convivio se lució regalando una lujosa camioneta a su esposa, obsequiando recuerdos de plata a los invitados, con la presencia de varios grupos musicales, mucha comida y bebidas alcohólicas.
La fiesta se comentó en ese entonces, habría costado una cifra de dinero que tal vez rebasaba lo que el jefe policíaco ganaba en un año como director de Seguridad Pública.
Lo que más llamó la atención, es que el padrino principal fue Rubén Gil Campos, quien en lugar de repartir bolo de la manera tradicional, que es lanzar monedas para que las recojan los niños invitados al bautizo, alquiló un cañón de aire que lanza confeti, pero en lugar de tener ese material la maquina aventaba dólares enrollados.
Cuando Rubén Gil ya estaba en campaña como candidato del Partido Revolucionario Institucional, no solamente convirtió a Nacho Espinosa en integrante de su planilla, sino que se vio a la Policía Municipal vigilar actos de proselitismo del entonces aspirante a alcalde.
Un día un reportero, de un diario local, por tomar fotos a los agentes policíacos que custodiaban una reunión de Rubén Gil Campos con empresarios de la región, sufrió amenazas de los guaruras de Rubén Gil, el candidato lo obligó a borrar de su cámara digital algunas de las imágenes recabadas y después un grupo de desconocidos lo golpeó.
En el Ministerio Público se hizo dormir el sueño de los justos, o mejor dicho de los injustos, la denuncia que presentó el periodista agraviado. Esa situación era ya una clara muestra del contubernio de Gil con quién controlaba en Izúcar a los cuerpos policíacos y los órganos de procuración de justicia.
Todo parece indicar que el compadrazgo que inició en esa fiesta de primera comunión de las hijas del ex director de Seguridad Pública, le ha servido a Nacho Espinosa para encumbrarse como quien controla el poder real en el ayuntamiento de Izúcar de Matamoros.
Las preguntas que se deben hacer muchos vecinos matamorenses ¿Hasta dónde llegaba la amistad de Rubén Gil Campos e Ignacio Espinosa?, ¿el regidor de Hacienda tenía que ver algo con los negocios del presidente municipal encarcelado?, ¿es verdad que todavía recibe órdenes, vía telefónica, del alcalde preso en una cárcel de Nueva York?
Son preguntas válidas que deberían ser objeto de atención de la Secretaría de Gobernación, antes de que haya otra desagradable sorpresa en el conflictivo municipio de Izúcar de Matamoros.