Búsquedas en el diario

Proporcionado por
       
 
Jueves, 8 de mayo de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

A la China. Una autopsia al dragón

 
Yassir Zárate Méndez

Un dragón chino recorre el mundo, y nadie puede detenerlo. Más allá de la coyuntura que significan los Juegos Olímpicos de Beijing, China viene pisando fuerte el acelerador desde hace años. Los Juegos sólo son el bonus track de un disco que ya empieza a sonar rayado, pero al que deberemos acostumbrarnos en las próximas décadas. La marea amarilla apenas ha comenzado, y amenaza con inundar el mundo. Una infinidad de productos viene con la leyenda Made in China. Desde computadoras hasta chácharas; desde autos hasta perfumes piratas. Nada escapa a su voraz industria y a su comercio en continua expansión.

Si un adjetivo le viene bien a este milenario país es el de paradójico. Para empezar, su régimen político es oficialmente comunista, pero su economía funciona según las reglas del libre mercado. Aunque es el país maquilador más grande del mundo, poco a poco ha desarrollado su propia tecnología, con industrias fundadas y manejadas por capital chino; por ejemplo, produce y utiliza un tercio de la producción mundial de acero, la materia prima para contar con una industria pesada, indispensable para echar a andar una economía sólida y competente. Su despegue económico ha implicado el desarrollo frenético de sus ciudades principales, como Shangai, Beijing, Macao y Guangzhou; pero al mismo tiempo ha puesto las condiciones para aumentar la pobreza y la desigualdad social.

A principios de esta década, casi la quinta parte de la población sobrevivía con un dólar al día, algo así como diez pesos diarios de aquel entonces. Y aunque a últimas fechas se ha nivelado el ingreso (ahora “sólo” uno de cada diez chinos vive con un dólar o menos al día) en China ha ocurrido un fenómeno similar al de otros países: cada día los ricos se vuelven más ricos, y los pobres se hacen más pobres. Paradojas del desarrollo en el Tercer Mundo. Porque esa es otra de las contradicciones del sistema comunista chino: el permiso para gozar de la propiedad privada, uno de los sacrosantos mandamientos de las economías capitalistas. Allá se puede comprar casi de todo, desde autos de lujo hasta yates, residencias y perros de pedigrí que cuestan más de 100 mil dólares. País de nuevos ricos, al fin y al cabo. Pero sobre todo se pueden acumular las ganancias, e invertirlas en prácticamente lo que sea.

China está pasando de ser un país netamente rural a uno marcadamente urbano. Para dentro de siete años se espera que la mitad de la población viva en ciudades, algo que nunca ha ocurrido en la historia de este país. Tan solo Beijing tiene más de 17 millones de habitantes. Y Shangai 21 millones, con un crecimiento anual de 12 por ciento, convirtiéndose en la ciudad emblemática de lo que está ocurriendo en aquel país. En diez años el ingreso per cápita de los habitantes de Shangai pasó de mil a 7 mil dólares al año. Un crecimiento de 700 por ciento. Como ninguna otra ciudad del mundo. Un efecto de este crecimiento brutal se ve reflejado en su espectacular skyline: en la ciudad hay más rascacielos que en Nueva York, y cada año se agregan más edificios y más pisos. En la ciudad se concentran varios de los edificios más altos del mundo, como la portentosa Pearl Tower, una auténtica joya de la arquitectura moderna. “Esas torres espejadas y ejecutivos de trajes caros conviven con antiguos y precarios mercados tradicionales, donde la gente come apilada en improvisadas mesas callejeras”, destaca la BBC de Londres.

Otro contraste marcado que se advierte desde el exterior, y que se relaciona con el sistema político que domina al país, es el del respeto a los derechos humanos, situación que tomó mayor atención cuando Beijing fue declarada sede de los Juegos Olímpicos de este 2008.

 

Juegos Olímpicos y Derechos Humanos

Fue en julio de 2001 cuando el Comité Olímpico Internacional decidió otorgar la sede a Beijing. Para lograr la candidatura, las autoridades chinas prometieron preparar una olimpiada “verde”, “tecnológica” y “popular”. También se comprometieron a meterle 20 mil millones de dólares al asunto. Una baratija, si se toman  en cuenta los ingresos de país. En su momento, el vicepresidente del Comité Olímpico Internacional, Kevan Gosper, dijo que la mayoría de los miembros veían los Juegos de Beijing como un acontecimiento histórico y un catalizador “para una reforma más rápida de China”. Pero nada de eso ocurrió.

De acuerdo con informes de Amnistía Internacional (AI), en China se ejecuta a un promedio diario de 22 personas por haber cometido distintos delitos. Según Philippe Hensmans, director de la rama francófona de AI, aunque la situación en el Tíbet merece la atención de la opinión pública occidental, el problema de los derechos humanos en China es mucho más amplio. “Cuando le fue concedida a China la organización de los Juegos Olímpicos, pedimos a las autoridades chinas que aprovecharan para preocuparse por los derechos humanos. Concretamente, les pedimos que abolieran la pena de muerte, cesaran las detenciones administrativas, los procesos injustos, las detenciones ilegales, la persecución de los militantes de los derechos humanos y la censura en Internet. Pero tenemos que reconocer con amargura que ha habido muy pocos progresos en esos temas”.

A todo esto se agrega el incendio mediático provocado por la situación en el Tíbet. Uno de los detalles más anodinos y hasta superfluos de todos los Juegos Olímpicos es el recorrido de la antorcha. Pero los gravísimos incidentes ocurridos en la tierra del dalai lama han hecho del recorrido un auténtico viacrucis para los millones de chinos.

 
 
Copyright 1999-2008 Sierra Nevada Comunicaciones - All rights reserved
Bajo licencia de Demos Desarrollo de Medios SA de CV