Se trata de una investigación realizada por Celia Salazar Exaire, Margarita Piña Loredo, Enrique Gómez Osorio y Jesús Joel Peña Espinosa, trabajadores del INAH, quienes se dieron a la tarea de escribir la historia del Fuerte de Loreto.
Además, de mostrar la tradición del culto lauretano en Puebla, el cual fue tan importante que se intentó hacer una réplica de la Santa Casa en lo que ahora se conoce como Fuerte de Loreto.
Durante la presentación del libro–catálogo realizada la tarde del pasado martes, el delegado del INAH, Víctor Hugo Valencia, destacó la importancia que tiene que los investigadores se incluyan en el trabajo de las exposiciones, y reiteró que el Fuerte de Loreto será promocionado como un sitio emblemático para los festejos de los centenarios del inicio de la Independencia y la Revolución.
En su turno, el secretario de Cultura, Alejandro Eliseo Montiel Bonilla, habló de la importancia de preservar y difundir el patrimonio cultural e histórico, material e inmaterial; pues sin esta labor en la que se suman los esfuerzos de otras instituciones culturales y educativas dedicadas al cuidado y la puesta en valor del legado cultural, los monumentos históricos, los objetos y documentos que ellos resguardan, perderían su fuerza como elementos de identidad de una nación rica en historia y cultura.
Consideró que el libro–catálogo formará parte de los documentos que conforman la historia del inmueble, y será también fuente confiable de consulta para distintos investigadores, pero sobre todo será guía para los visitantes que experimenten la combinación de continentes y contenidos.
Por su parte, los investigadores del INAH asientan en la introducción de la obra que si bien Los Fuertes de Loreto y Guadalupe son automáticamente asociados a la intervención francesa, éste episodio es apenas un “pedacito importante”, pero hay más.
Sobre la exposición que estuvo abierta durante ocho meses en el Fuerte de Loreto, comentan: “Las piezas mostradas en la exposición son testimonios culturales de los diversos momentos históricos que ha vivido la ciudad. Se ha conjuntado la tradición religiosa con la cívica. Se presentan los objetos religiosos para que los visitantes tomen conciencia de su valor sacro como un ejercicio de interpretación histórica, que explica la percepción de la obra como objeto cultural con sentido estético y patrimonial”.
El recuento presentado en el libro–catálogo inicia con que la historia de la capilla de Loreto en Puebla, se remonta al año 1655 cuando el ayuntamiento autorizó su construcción dando respuesta a la petición de José de la Cruz Sarmiento, indígena y vecino de la ciudad de Puebla, quien fue sorprendido por una gran tempestad al cruzar el cerro en su camino hacia Manzanilla, se encomendó a la virgen de Loreto, y en medio de estas circunstancias cayó un rayo que lo dejó inconsciente, accidente del cual salió ileso. De ahí que solicitó permiso para construir una ermita en honor a la virgen, autorización que le fue concedida tres años más tarde.
Buena parte de la investigación está dedicada al culto a la virgen de Loreto: “Testigos han dejado narraciones de lo que fue esta capilla de Loreto en sus tiempos de esplendor. Sus primeros años fue muy sencilla con techo de vigas, pero ya imitando las medidas de la casa de Italia. Después se hicieron alteraciones hasta conseguir un templo moderadamente lujoso”.
Veytia escribió en 1778: “... está... circundando de un claustro cerrado que rodea todo el santuario... colocada la santa imagen de bulto, de vara y media de alto, vertía ricas telas de oro y plata, sobre una peana de este metal, y del mismo son blandones, atriles y ornatos del altar, y la barandilla que cierra el pequeño presbiterio cuyo testero está cubierto de un buen retablo dorado al gusto moderno que se hizo el año de 1776... en su centro está la santa imagen en un hermoso nicho de cristales que la resguardan por la frente y la espalda, de suerte que por el claustro se ve también como en un camarín... todo el claustro que rodea el santuario, está adornado de pinturas que representan diversos milagros de nuestra señora, y debajo de ellos penden cuadritos de los milagros que por medio de esta santa imagen se ha dignado de hacer en esta ciudad...”
Una muestra de la importancia devocional de este recinto fueron los múltiples milagros que la virgen de Loreto hizo a sus fieles. Retomado por Carrión, fray Juan de Villa Sánchez en su “informe al ayuntamiento” narra el siguiente hecho: “María Vega en viaje al santuario de Loreto montó una mula mansa al parecer, y cuando llegó a la capilla, al tratar de desmontarse se le atoró el pie en el estribo de la silla; la bestia espantada echó a correr desenfrenada, dando coces tan fuertes que al sacudir a la doncella, la dejó casi desnuda tirándola de su lomo, al caer se le atoró la trenza y perdió una oreja. A pesar de quedar sumamente lastimada, bañada en sangre y sin señales de vida, por invocación a la virgen de Loreto sobrevivió al accidente”.
Debido a su localización, la capilla construida en el siglo XVII, empezó a ser utilizada como sitio estratégico desde 1789 para proteger a la ciudad y como prisión para los militares que infringían la ley en esa época, a pesar de ello continuó sirviendo para los oficios religiosos.
Es por ello, que en el siglo XIX se construye un nuevo templo para la virgen de Loreto (en 11 Norte y 24 Poniente), sitio donde se mantiene el culto. De hecho, las familias Sánchez Romero y Sánchez Flores, habitantes de San Miguel Canoa, se encargan de celebrar el 8 de septiembre y el 10 de diciembre la fiesta. Como autoridades de la mayordomía, viajan hasta la ciudad de Puebla, con los enseres necesarios para la fiesta, la música y la comida. Adornan la iglesia con flores y le llevan Las mañanitas con mariachi. Tomando en cuenta que el culto a la virgen ha disminuido en la capital, los fieles de Canoa tienen en sus manos la permanencia de la tradición.