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Martes, 6 de mayo de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Política
 
 

 SUBEYBAJA  

¿Vamos hacia el surgimiento de “nacionalismos” regionales o hacia un destino paulatino de las fronteras?

 
 Ramón Beltrán López

Hace poco más de medio siglo, en plena Guerra Fría, la ideología de la izquierda incluía una muy apetitosa propuesta: la desaparición de las fronteras, el fin de los nacionalismos (entre otras cosas) y la concreción final de la era en la cual todos los seres humanos podríamos transitar sin necesidad de pasaportes, visas ni permisos, por todo el orbe.

Era aquella la época de los hippies, de la guerra de Vietnam, del “haz el amor y no la guerra”, cuando los Beatles hacían soñar a los jóvenes con un mundo, no solamente mejor, sino posible.

Ahora aquellos hippies –los que sobreviven, claro– están por jubilarse o ya se jubilaron (porque aunque usted no lo crea hay países, sobre todo en Europa, donde todo aquel ciudadano que cumpla una cierta edad, tiene derecho a recibir una pensión del Estado), muchos pasaron a la etapa de baby–boomers, y algunos, inclusive, son ahora prósperos empresarios. O políticos en el poder que confiesan haber fumado mota... y se muestran arrepentidos.

Y aquellos ideales que se veían remotos, son ahora asunto cotidiano en ciertas partes del orbe, aunque no como parte de una ideología, sino por otras circunstancias. Los europeos pueden viajar por toda la UE sin pasaporte, sin visa, sin revisiones aduaneras, sin restricción alguna. Para ellos el ideal se ha convertido en realidad cotidiana. Los que antaño se combatían, ahora cooperan entre sí.

Aquello que hace cicno décadas se antojaba subversivo resulta ahora práctica cotidiana... para algunos. Enormes extensiones, muchos países, han firmado tratados de libre comercio que permiten el tránsito de mercaderías sin aranceles, ni limitaciones. Sí, pero únicamente para las mercaderías; los seres humanos no están incluidos en ellos. Los seres humanos pueden trabajar para las grandes empresas transnacionales, pero únicamente en sus países de origen.

Y resulta que la distribución de la riqueza mundial es ahora tanto o más injusta que en el pasado, a pesar de la globalización. En los países ahora denominados eufemísticamente “en desarrollo” no existen suficientes  oportunidades de trabajo, y por supuesto tampoco hay oportunidades para  educarse. Están encerrados en un círculo vicioso de ignorancia, miseria, falta de oportunidades y, por supuesto, corrupción.

La única escapatoria que encuentran es la emigración, la huída hacia mejores horizontes, a buscar mejores condiciones sociales. Pero aunque sus países, sus gobiernos, hayan firmado tratados de libre comercio, tratados globalizadores en términos de derechos humanos, otros de sanidad, o de seguridad internacional, estos no incluyen aquel viejo anhelo de que desaparecieran las barreras migratorias. Aquella unión del proletariado internacional, o la supuesta división internacional del trabajo  han quedado, hasta la fecha, como una simple utopía.

En términos meramente aritméticos la Unión Europea es la región que recibe actualmente la mayor inmigración en relación a su población. Dos millones de personas migran hacia ella anualmente, oscilando entre un 25 y un 50 por ciento la proporción que carece de documentos. Ahora, empujada por Sarkozy y Berlusconi, la propuesta de que los ilegales puedan ser detenidos en campos de concentración hasta por 18 meses es una amenaza tan siniestra como concreta. Para ellos esta amenaza a los derechos humanos constituye  un “disuasivo” importante.

El gobierno español, mientras tanto,  reconoce su dificultad para modificar y aplicar cambios legislativos tan drásticos, máxime que no les es posible olvidar que sus ciudadanos han sido acogidos cordial, fraternalmente, en varios países americanos, como México.

Un dilema similar enfrenta el gobierno norteamericano, tradicionalmente tolerante con los inmigrantes, pues no solamente su origen es multiétnico sino que su misma  legislación permite a los residentes extranjeros, nacionalizados estadounidenses, ocupar altos cargos en la administración pública. 

Y es en este punto donde se presentan variosdilemas:

La migración no es un hecho aislado, en el cual el indocumentado pueda ser visto solamente como el individuo que busca únicamente mejores condiciones de vida, sino que simultáneamente es considerado como una mercadería por las organizaciones internacionales que trafican con personas, y este negocio ilícito es actualmente más lucrativo incluso que el tráfico de drogas o  de armas. Es parte de un comercio ilícito, la trata de personas.

Por otra parte, los países que expulsan población solicitan que el derecho al trabajo sea considerado como uno más de los derechos humanos, mientras que aquellos que se ven obligados a recibir a los migrantes ponen su derecho a la seguridad nacional como una prioridad principal. Para algunos países, como España, resulta preocupante que en solamente 20 años la proporción de su población que proviene del  extranjero haya pasado del 1 al 10 por ciento;de estos un 30 por ciento proviene de ibero América y una proporción semejante es de origen europeo.  

A manera de comparación, podría mencionarse que la población de origen extranjero residente en nuestro país ha pasado de un 0.4 por ciento, (200 mil) en 1950,  a un 0.5 por ciento (500 mil) en el año 2000.

En el caso de Estados Unidos, la población nacida en el extranjero creció 57 por ciento entre 1990 y el año 2000 pasando de menos de 20 millones a 31.1 millones;  de los cuales 11.1 millones nacieron en nuestro país y en Centroamérica. En ese periodo la población total del país del norte aumentó solamente en un 13 por ciento. 

Estas cifras nos muestran el panorama de los efectos de la emigración hacia  dos países desarrollados en las dos últimas décadas, España y los EU, e ilustran las razones que mueven a sus gobiernos a considerar esto como un problema serio, independientemente de los otros aspectos mencionados anteriormente, y de otras razones de orden subjetivo que mueven a grupos derechistas y ultra derechistas que sienten amenazado su estatus, supremacía, pureza de raza, poder político, etcétera, y que en ocasiones influyen fuertemente en las decisiones oficiales, ya sea por la presión de los grupos de cabildeo, o bien por lo estrecho de los márgenes finales de las votaciones, por lo cual, y en aras de alcanzar resultados electorales favorables, llevan a algunos partidos a adoptar posturas que van en contra de su ideario o de las actitudes o determinaciones  tomadas previamente.

Así, mientras la desigual distribución de la riqueza y de las oportunidades crece en dirección a los países desarrollados, las corrientes de migración se hacen más intensas y abundantes, en el mismo sentido. De no haber un esfuerzo internacional concertado, serio, por apoyar el avance real de los países “en desarrollo”, presionando a sus gobiernos mediante los mecanismos suscritos en esos tratados tan en boga en este mundo “globalizado”, para obligarlos inclusive  a lograr niveles  más altos de bienestar para sus ciudadanos, pronto será una realidad ese viejo ideal mencionado al principio y podríamos llegar a ver como las barreras fronterizas son arrasadas por la fuerza de las migraciones, a pesar de todos los esfuerzos en contrario.

Porque como bien mencionaba el periodista aquel: más cornadas da el hambre.

 
 
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