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Martes, 6 de mayo de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 DEL BAÚL  

Curiosidades del 5 de mayo, de la Guerra de Reforma y de la segunda intervención francesa

 
Aldo Bonanni

El texto que es presentado a continuación, como todos los de este espacio, no pretende “descubrir el hilo negro” ni dar una catédra. Mucho menos se busca quitarle a nadie su lugar en la historia. No hay la más mínima intención de desprestigiar a prócer alguno ni de restar o magnificarle méritos a nadie. El único propósito es el que siempre ha tenido esta columna: sacar a la luz algunos hechos del pasado que la gente común, no especializada, desconoce.

Debe parecer extraño que comience esta revista a los hechos del 5 de mayo de 1862 y a algunos otros que tuvieron lugar entre 1859 y 1871 con una aclaración de esta naturaleza, pero por desgracia tales acontecimientos son constantemente manoseados por gente que, ya sea por ignorancia o por intereses que nada tienen que ver con una seria investigación del pasado, busca reducirlos a la simplona visión maniqueísta que siempre nos quiere contar la historia como un “cuentito” de “buenos” y “malos”. Decir la verdad sobre algunos personajes de aquella época, tanto liberales como conservadores, puede, entonces, herir algunas susceptibilidades. De ahí la aclaración.

Vayamos a los datos:

*Los conservadores consumaron, aunque sea sólo por unos años, su intención de entregar la nación al extranjero, y los liberales, especialmente gracias al patriotismo de sus hombres de acción, terminaron por revertir esa situación. No obstante, también entre los juaristas había quienes buscaban vender al país al mejor postor. Así, mientras los conservadores habían firmado en París (26 de septiembre de 1859) el tratado Mon–Almonte, con el cual se buscaba el reconocimiento diplomático y el apoyo de España mediante una serie de indemnizaciones nada honrosas para México, los liberales, casi al mismo tiempo (14 de diciembre de 1859), consiguieron signar con Estados Unidos el tratado McLane–Ocampo, por el cual le otorgaban a los vecinos del norte tres rutas de tránsito libre (incluso de tropas) por el territorio nacional, incluida la cesión prácticamente absoluta del istmo de Tehuantepec. Sobre este pacto, la Weekly Gazzette, de Ohio, comentó en la época: “Este extraordinario tratado... coloca a México bajo el pupilaje de Estados Unidos y nos proporciona los beneficios de la conquista y la anexión sin el costo, los riesgos y los perjuicios políticos que resultarían de anexarnos a siete millones de individuos de una raza afeminada, sin dignidad y miserablemente ignorante”. Lo que los yanquis le darían a cambio de esto al gobierno juarista era, por supuesto, el reconocimiento, además de 2 millones de dólares (la mitad de lo ofrecido, por cierto). El Senado estadounidense, para fortuna de México, rechazó el tratado.

*Muchos parecen incluso gozar con la difusión de la leyenda que le endilga a Puebla la etiqueta de entreguista al extranjero. Ese mito fue, precisamente, una de las causas de la derrota francesa en 1862, pues entre las mentiras con las que personajes como Dubois de Saligny le llenaron la cabeza al general Lorencez –el gran derrotado del 5 de mayo– estaban que esperara “de la Puebla antijuarista” 10 mil hombres comandados por el general Leonardo Márquez y que las bellas poblanas recibieran a las tropas de Luis Napoleón con una lluvia de rosas. Tras la humillación que Zaragoza y sus hombres le infringieran a los franceses, Lorencez contempló los proyectiles disparados desde los Fuertes de Loreto y Guadalupe y señaló: “Estas son las flores del ministro”.

*Fernando del Paso, en Memorias del imperio, advierte con certeza que “la verdadera Batalla de Puebla, la gran batalla, la heroica, trágica, grandiosa Batalla de Puebla, no duró un día, sino muchos más”, pues luego de la derrota sufrida en 1862 los franceses se replegaron, pero sólo para volver meses después y, ahora sí, conquistar la plaza (el 17 de mayo de 1863), no sin antes sitiarla durante 62 días y tener que tomarla calle por calle, casa por casa, cuarto por cuarto. El asedio a la urbe, concluido por falta de provisiones y no por derrota militar alguna, fue otra de las más grandes gestas del periodo que nos ocupa.

*La extraordinaria relación entre la Guerra de Secesión en Estados Unidos y la de Intervención en México estuvo a punto de cambiar la historia de ambos países y del mundo, pues incluso cuando ya se vislumbraba el final del conflicto estadounidense estuvieron cerca de consumarse sendas alianzas militares entre yanquis y liberales, por un lado, y confederados y conservadores por el otro. El apoyo de los sureños fue rechazado por Aquiles Bazaine, último comandante francés en México, por temer que desembocara en una guerra de Francia con Estados Unidos.

*Jesús González Ortega, el general que sustituyó a Zaragoza (muerto por tifo el 8 de septiembre de 1862) como comandante del Ejército de Oriente, y quien tuvo que rendir Puebla por lo antes referido, terminó en desgracia política cuando intentó convertirse –amparándose en su cargo de presidente de la Suprema Corte– en sucesor de Juárez al terminar éste su periodo presidencial en 1865. Tal intentona oportunista fue frenada cuando el militar fue detenido en Estados Unidos, hecho que el abogado de Guelatao aprovechó para expedir un decreto por el cual se ordenaba aprehender a todos los oficiales mexicanos que hubiesen permanecido en el extranjero por más de cuatro meses sin permiso del gobierno. González Ortega, que al final de la Guerra de Intervención insistió en oponerse al jefe del Ejecutivo, fue “perdonado” en 1868 y se retiró de la vida pública. Murió en 1881.

*Además de la victoria del 5 de mayo y del heroísmo del sitio de la plaza, debería recordarse con justicia la liberación de la misma, el 2 de abril de 1867. El problema es que el héroe de esa gesta (y que igual lo fue en el 5 de mayo y en el sitio) fue Porfirio Díaz, cuya posterior dictadura opacó, ante los ojos oficialistas, todos sus méritos militares.

*Cuando Bismarck le dio el “tiro de gracia” al imperio de Napoléon III, al vencer los prusianos a los franceses en la guerra de 1870–1871, el ya citado Aquiles Bazaine fue cuestionado por su débil defensa de Sedán ante los alemanes con estas palabras: “¿Por qué no hicisteis lo que los mexicanos en Puebla?”

 
 
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